Qasem Soleimani, mártir del mundo multipolar, y la nueva geografía de la gran guerra de los continentes

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Qasem Soleimani, mártir del mundo multipolar, y la nueva geografía de la gran guerra de los continentes

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El asesinato del general Soleimani en el contexto del Apocalipsis

Por Alexander Dugin

El asesinato del general Qasem Soleimani, comandante de las fuerzas especiales Al-Quds del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, el 3 de enero de 2020 por misiles estadounidenses fue un momento distintivo que marcó un estado de cosas completamente nuevo en la alineación de fuerzas en el Medio Oriente.

En la medida en que Oriente Medio es un espejo de los cambios globales de la geopolítica mundial, este acontecimiento tiene una dimensión aún mayor que afecta al orden mundial en su conjunto. No es una coincidencia que muchos observadores interpretaran la muerte del general Soleimani, un héroe de la lucha contra daesh en Siria e Irak, como el comienzo de una Tercera Guerra Mundial o en lo más mínimo de una guerra de los Estados Unidos contra Irán. El ataque con misiles iraníes contra dos bases militares norteamericanas en Irak el 8 de enero de 2020, parece confirmar este análisis: La muerte de Soleimani es el punto de partida de la “batalla final”. Así es precisamente como se ha percibido este evento en el mundo chiita, donde las expectativas del fin del mundo y la venida del Mahdi, el Salvador prometido al final de los tiempos, son tan fuertes que afectan no sólo a su visión religiosa del mundo, sino también al análisis de los acontecimientos políticos e internacionales cotidianos. Los chiitas ven el fin del mundo como una “batalla final” entre los partidarios del Mahdi y sus oponentes, las fuerzas de Dajjal. Se cree que los partidarios del Mahdi son musulmanes (tanto chiitas como suníes, pero con la excepción de corrientes como la wahabí y la salafí, que se reconocen como extremistas, “herejes” y “takfiri”), mientras que Dajjal, el anticristo islámico, se asocia constantemente con Occidente, en primer lugar con los Estados Unidos de América. La mayoría de las profecías dicen que la batalla final tendrá lugar en el Oriente Medio y que el propio Mahdi aparecerá en Damasco.

La figura del Mahdi también se puede encontrar entre los sunníes, pero si los chiitas creen que tal es la aparición del “Imán oculto” que permanece vivo pero “oculto” hasta el día de hoy, entonces los sunníes interpretan que el Mahdi es el líder del mundo islámico que aparece en los últimos tiempos para librar una batalla decisiva contra Dajjal, en la que la mayoría de los sunníes ven la civilización materialista y atea del Occidente moderno y, por consiguiente, la hegemonía estadounidense como la vanguardia más agresiva de Occidente.

Esta región también está directamente implicada en otros relatos apocalípticos específicos de otras religiones. Los religiosos israelíes (Haredim), por ejemplo, esperan la venida del Mesías en Israel, con el cual se reconstruirá el Templo de Jerusalén, el Tercer Templo. La aparición de este último se ve obstaculizada por la mezquita de al-Aqsa situada en Jerusalén en el lugar donde se encontraba el Segundo Templo. Sectas judías extremistas, como la “Fiel del Monte del Templo”, han intentado repetidamente construir un túnel bajo el Monte Santo para hacer estallar al-Aqsa. Esto da naturalmente una dimensión especial al conflicto árabe-israelí. Es revelador que el general asesinado Soleimani dirigiera la división del Cuerpo de Guardias Revolucionarios Islámicos llamado “Al-Quds”, que significa “Jerusalén” y cuyo objetivo principal es impedir que los israelíes empiecen a construir el Tercer Templo, y liberar la Tierra Santa de los sionistas. Esto, a su vez, según las creencias de los musulmanes, debería tener lugar justo en la víspera del fin de los tiempos.

En los Estados Unidos, una enorme influencia es ejercida por sectas evangélicas extremas que, en el espíritu del “sionismo cristiano”, interpretan los acontecimientos en la política de Oriente Medio como un preludio a la “Segunda Venida de Cristo”, donde los “enemigos de Cristo” son considerados como los “ejércitos del Rey Gog” del “país del Norte”, que los evangelistas tradicionalmente asocian con Rusia. De hecho, Rusia está operando activamente en Siria y está fortaleciendo su influencia en toda la región.

Si juntamos todo esto, entonces el cuadro que tenemos a mano es extremadamente ominoso: El asesinato de Soleimani cae en este contexto de expectativas apocalípticas y está siendo interpretado por muchos como el punto de partida del Armagedón, o al menos como un análogo al asesinato del Archiduque Fernando en Sarajevo que desencadenó el comienzo de la Primera Guerra Mundial.

Por lo tanto, el asesinato del general Soleimani y los ataques de represalia de Irán contra las bases estadounidenses son eventos altamente radicales cargados de significados fundamentales y llenos de consecuencias difíciles de predecir.

Multipolaridad vs. Unipolaridad

Dada la magnitud de la importancia de los acontecimientos que ya han tenido lugar a principios de 2020, es importante comenzar su análisis teniendo en cuenta el contexto general más amplio. Este contexto está definido por la transición del sistema mundial desde el mundo unipolar que tomó forma a finales del siglo XX bajo el dominio inequívoco de Occidente (en concreto, de los Estados Unidos) a uno multipolar, cuyos contornos se han hecho cada vez más claros en relación con el retorno de la Rusia de Putin a la historia como fuerza soberana e independiente y con el agravamiento de las relaciones chino-estadounidenses hasta el punto de la guerra comercial.

En su campaña preelectoral, el propio Presidente Trump prometió a los votantes que rechazaría las intervenciones y que restringiría las políticas del neoimperialismo y el globalismo, un punto que lo convirtió en un potencial partidario de la transición pacífica a la multipolaridad. Pero con su decisión de asesinar a Soleimani, Trump negó completamente esta posibilidad y confirmó una vez más el lugar de EEUU en el campo de las fuerzas que lucharán desesperadamente por preservar el mundo unipolar. En estas acciones, a espaldas de Trump se han asomado aquellos neoconservadores y sionistas cristianos americanos que lideran los acontecimientos hacia la batalla final. Pero esta batalla -tanto si comienza ahora o algo más tarde- ya se estará desarrollando en nuevas condiciones: Los éxitos de Rusia en la política internacional, el impresionante auge de la economía china, así como el acercamiento gradual entre Moscú y Pekín han hecho realidad el mundo multipolar, presentando así a todos los demás países y civilizaciones -incluidos los grandes como la India, así como los líderes regionales como Irán, Turquía, Pakistán, los países del mundo árabe, así como América Latina y África- la posibilidad de elegir su lugar en esta construcción antagónica: Ya sea parándose (permaneciendo) como satélites de Occidente (es decir jurando lealtad a la agonizante unipolaridad), o parándose del lado del mundo multipolar y buscando su futuro en este contexto.

El suicidio de Donald Trump 

Una situación fundamentalmente nueva se ha desarrollado alrededor de los trágicos acontecimientos en Irak del 3 de enero de 2020: El general Soleimani, asesinado por los estadounidenses, era una parte orgánica del mundo multipolar y representaba en este equilibrio de fuerzas no sólo a la Guardia Revolucionaria Islámica o incluso a Irán en su conjunto, sino a todos los partidarios de la multipolaridad. En su lugar podría haber estado un soldado ruso acusado sin fundamento por los EEUU de participar en la reunificación con Crimea o en el conflicto de Donbass, un general turco probándose a sí mismo en la lucha contra los terroristas kurdos, o un banquero chino causando un daño sustancial al sistema financiero estadounidense. Soleimani fue una figura simbólica de la multipolaridad, asesinado por los defensores de la unipolaridad más allá de todas las normas del derecho internacional.

Al decidir liquidar a Soleimani, Trump actuó desde la posición de un poder puramente unipolar -“así lo he decidido, así será”- sin prestar atención a las consecuencias, el riesgo de guerra o las protestas de todos los demás bandos. Al igual que los anteriores presidentes estadounidenses, Trump actuó de acuerdo con la siguiente lógica: Sólo los Estados Unidos pueden, por sí solos, etiquetar a los “malos” o a los “buenos” y actuar hacia los “malos” como les parezca. Teóricamente, Putin, Xi Jinping o Erdogan podrían ser llamados “malos”, y entonces la única pregunta sería si son capaces de defenderse con los medios de defensa disponibles, incluso contra golpes de estado (como ya lo ha hecho Erdogan) o “revoluciones de color” (que Irán está constantemente confrontando y que, con la ayuda de la “quinta columna” de liberales, Occidente está constantemente tratando de incitar en Rusia). El mismo Trump criticó de manera convincente y dura tales políticas por parte de las administraciones anteriores, tanto republicanas como demócratas, pero al decidir asesinar a Soleimani, ha demostrado que no se diferencia de ellas.

Este es un momento muy importante en la transición de la unipolaridad a la multipolaridad. Trump representaba la esperanza de que esta transición se realizara pacíficamente, en cuyo caso los Estados Unidos no serían su enemigo, sino un participante de pleno derecho, una posición que teóricamente le permitiría fortalecer significativamente su posición como fuerza líder en el contexto de la multipolaridad y asegurar su lugar privilegiado en el club multipolar en su conjunto. Estas esperanzas se derrumbaron el 3 de enero de 2020, después de lo cual Trump se convirtió en un presidente estadounidense ordinario como todos los demás – no peor, pero tampoco mejor. Confirmó el estatus de EEUU como un dragón imperialista agonizante, loco, malicioso y todavía peligroso, pero sin posibilidad de evitar la “batalla final”. Después de esto, Trump ha tachado tanto su propio futuro como el futuro de los EEUU como un polo en el mundo multipolar. Al hacerlo, ha firmado la sentencia de muerte de Estados Unidos para el futuro.

Para el mundo multipolar que crece en fuerza, los EEUU ya no son un sujeto del proceso, sino un objeto, al igual que Trump, al asesinar a Soleimani, trató no sólo a Teherán sino también a Bagdad, Ankara, Moscú y Pekín como “objetos” que representan meros obstáculos para el fortalecimiento de la hegemonía estadounidense. Esto significa guerra, ya que el choque de la unipolaridad y la multipolaridad es una batalla por el estatus de ser un sujeto. Hoy no puede haber dos sujetos de este tipo; o bien puede haber uno solo, como Trump ha intentado insistir de nuevo, o más de dos, que es la base de las estrategias de Rusia, China, Irán, Turquía y todos los demás que aceptan la multipolaridad.

El éxito de las potencias multipolares y el nuevo equilibrio de fuerzas: El fin de Estados Unidos

Este análisis del equilibrio global de fuerzas agudiza dramáticamente toda la estructura de la política mundial, porque lleva la situación de vuelta a la política en el espíritu de George W. Bush, Obama o Hillary Clinton. Trump, que se burla tan sarcásticamente de Hillary, ha aparecido hoy con su atuendo en el papel de sangrienta bruja globalista. Pero los acontecimientos de los últimos años -el fortalecimiento de las posiciones de Rusia en Oriente Medio y sus éxitos especialmente llamativos en el acercamiento de Siria, Rusia y China y la convergencia del proyecto de integración One Belt One Road con la estrategia euroasiática de Putin, e incluso los pasos previos de Trump para evitar el enfrentamiento directo que permitió el fortalecimiento de las fuerzas multipolares en el Mediterráneo (donde el papel más importante lo ha jugado el acercamiento de posiciones entre Putin y Erdogan)- ya han cambiado irreversiblemente el equilibrio de fuerzas. En primer lugar, esto es lo que ocurre en el territorio estrechamente adyacente al reino del Armagedón como unánimemente, aunque con signos diferentes, reconocido por todo tipo de apocalipsis políticos.

El desarrollo de los acontecimientos inevitablemente después del asesinato del general Soleimani verá la confrontación entre, por un lado, los EEUU y Occidente junto con sus representantes regionales como Israel, Arabia Saudita y algunos de los Estados del Golfo, y por otro lado las potencias multipolares de Rusia, China, Irán, Turquía y otras, llevadas a un nuevo nivel. Los Estados Unidos están utilizando la política de sanciones y guerra comercial contra sus oponentes de tal manera que un porcentaje cada vez mayor de la humanidad está terminando bajo las sanciones estadounidenses, y no sólo en Asia, sino también en Europa, donde las empresas europeas (principalmente las alemanas) han sido sancionadas por participar en el proyecto Nord Stream. Esto es una manifestación de la arrogancia de la hegemonía estadounidense, que trata a sus “partidarios” como lacayos y los maneja con castigos físicos. Los Estados Unidos no tienen amigos, sólo tienen esclavos y enemigos. En este estado, la “superpotencia solitaria” se dirige hacia la confrontación, esta vez prácticamente con todo el resto del mundo. En cualquier oportunidad, los “esclavos” de hoy en día buscarán, sin duda, evadir el inevitable cálculo de su colaboracionismo unipolar.

Washington no ha aprendido ninguna lección de la voluntad del pueblo estadounidense que eligió a Trump. El pueblo no votó por la continuación de las políticas de Bush/Obama, sino en contra de ellas, por su rechazo radical. Las élites estadounidenses (y, más ampliamente, las globalistas) no han tomado esto en cuenta, y en cambio lo han tachado todo de maquinaciones de “hackers y bloggers rusos”. Y ahora, con Trump de nuevo tendiendo parcialmente su mano hacia la agresiva élite globalista que ha perdido todo sentido de la racionalidad, a la “mayoría silenciosa” estadounidense sólo le queda una opción: Apartarse totalmente del gobierno de EEUU. Si incluso Trump terminó convirtiéndose en un juguete en manos de los globalistas, entonces esto significa que los métodos legales de la lucha política se han agotado. En la perspectiva a medio plazo, el asesinato del general Soleimani se sentirá en el comienzo de una guerra civil en toda regla en los propios Estados Unidos. Si nadie expresa la voluntad de la sociedad, entonces la sociedad misma entrará en un modo especial de sabotaje pasivo. Esto es lo que debería esperarse en los Estados Unidos. Si no es Trump, entonces el pueblo estadounidense, plenamente en el espíritu de sus tradiciones culturales y políticas, elegirá la multipolaridad, y esto no será con el Estado, sino contra el Estado “secuestrado” por la élite globalista a la que ni siquiera la primera persona en la Casa Blanca está dispuesta a oponerse. El asesinato de Soleimani significa el fin de EEUU.

El bloque Unipolar está en profunda crisis 

Los socios europeos de EEUU apenas están preparados para un enfrentamiento brusco con el club multipolar. Ni Merkel, que ha recibido otra bofetada por el Nord Stream, ni Macron, asediado por los chalecos amarillos y que ahora entiende de una forma u otra que habrá que enfrentarse al populismo (de ahí su “posición especial” respecto a Rusia y a los proyectos de creación de un ejército europeo), ni Boris Johnson, que acaba de conseguir sacar a Gran Bretaña del pantano asfixiante de la UE liberal (y es poco probable que cambie tan rápidamente su soberanía duramente ganada, aunque relativa, por una nueva esclavitud para los locos estadounidenses que han perdido todo sentido del realismo), están ardiendo en deseos de saltar al fuego de una Tercera Guerra Mundial avivada por Washington y de ser incinerados allí sin dejar rastro. La OTAN se está desmoronando ante nuestros ojos en torno a Turquía, que ya no apoya a los Estados Unidos en prácticamente nada en Oriente Medio o el Mediterráneo Oriental (que los turcos llaman la “Patria Azul”, Mavi Vatan), es decir, su propia área de control soberano. También es incondicional y completamente irracional -o, se podría decir, desesperado e incluso provocador- el apoyo de Washington a Israel para socavar las relaciones con el mundo árabe y, más ampliamente, con el mundo islámico. Al mismo tiempo, Trump está reduciendo la alianza de EEUU con Arabia Saudí a un acuerdo financiero, que no es una base esperanzadora para ninguna alianza en toda regla, para la cual EEUU es completamente incapaz genéticamente.

Así, los Estados Unidos están entrando en una Tercera Guerra Mundial entre una unipolaridad agonizante y una multipolaridad cada vez más fuerte en condiciones que son mucho peores incluso en comparación con aquellas de la administración anterior. En estas circunstancias, Trump todavía tiene que ser reelegido, mientras que aquellos que lo empujaron a matar a Soleimani todavía tratarán de derribarlo por hacerlo. Después del asesinato de Soleimani, tanto la guerra como la paz sólo socavan la posición de Trump. El asesinato de Soleimani fue una decisión fatal que lo destruirá. Las posiciones de los populistas de derecha europeos que apoyaron este gesto suicida de Trump también se han debilitado sustancialmente. El punto es que ni siquiera han elegido el lado de Estados Unidos, sino que han tomado una posición para morir por la unipolaridad – y esto puede arruinar a cualquiera.

Las nuevas perspectivas del mundo multipolar

Con este telón de fondo, los países que han sido objeto de sanciones, en primer lugar Rusia, China y el propio Irán, ya han aprendido a vivir en estas condiciones y han respondido con el desarrollo de sus propias armas estratégicas (Rusia), su estructura económica (China, incluso más allá de su propio territorio en el contexto del enorme espacio del proyecto One Belt One Road), su energía independiente (Irán) y su geopolítica regional independiente (Turquía). Ahora sólo queda redistribuir entre los miembros del club multipolar las mejores bazas, y la multipolaridad se convertirá en un oponente genuinamente serio y relativamente invulnerable. Cuanto más fuerte sea este adversario, más posibilidades habrá de evitar una Tercera Guerra Mundial en su fase caliente y de esperar el colapso de la unipolaridad, que vendrá inevitablemente por sí sola.

Una serie de consecuencias del asesinato del general Soleimani ya están claras. Irán ha declarado al Pentágono como una organización terrorista junto con daesh, y esto significa que lo mismo que le ocurrió al general Soleimani podría ocurrirle a cualquier soldado estadounidense. Como no hubo respuesta al ataque con misiles contra las bases estadounidenses en Irak, Irán confiará plenamente en su eficacia en el combate y comenzará a desarrollar armas con renovado vigor, confiando principalmente en Rusia. Es importante que en estas circunstancias Irán ya haya declarado su retirada del tratado sobre su desarrollo de armas nucleares – después de todo, no tiene nada que perder. Otro Estado islámico, Pakistán, ya tiene armas nucleares. También las tiene otro oponente regional de Irán: Israel. Teherán ya no tiene ningún motivo para seguir tratando con aquellos a los que oficialmente considera “terroristas”.

También es importante la posición de Irak, donde los chiitas constituyen la mayoría. Para todo el mundo chiita, el general Qasem Soleimani fue un héroe indiscutible. De ahí la exigencia del parlamento iraquí de la retirada inmediata de todas las tropas estadounidenses del territorio iraquí. Por supuesto, una decisión parlamentaria democrática no es en absoluto suficiente para los cínicos asesinos estadounidenses – estarán donde lo consideren necesario y donde tengan algo de lo que beneficiarse. Pero esto significa el comienzo de una movilización anti-estadounidense general de la población iraquí – no sólo de los chiitas, sino también de los suníes, que son radicalmente anti-estadounidenses (de ahí que muchos suníes que apoyaban a Saddam Hussein se unieran a daesh, creyendo que estaban luchando contra los estadounidenses con los que los chiitas habían llegado a un acuerdo). Ahora todos, tanto los chiitas iraquíes como los sunníes iraquíes, están exigiendo la retirada de las tropas estadounidenses, ya que ahora prácticamente toda la población de Irak, excluyendo a algunos de los kurdos a los que, a su vez, Estados Unidos ha traicionado recientemente de todas formas de manera cínica, están preparados para comenzar una lucha armada contra los ocupantes. Esto ya es mucho, pero Irak también podría confiar para su guerra anti-estadounidense en Rusia y parcialmente en China, que en conjunto representan las columnas de la multipolaridad, así como Irán y Turquía.

En esta situación, la posición de Rusia es clave: Por un lado, Rusia no está involucrada en contradicciones regionales entre Estados, etnias y corrientes religiosas, lo que hace que su posición sea objetiva y su aspiración a la paz y a la restauración de la soberanía de Irak sea sincera y congruente; por otro lado, Rusia posee un nivel significativo de armamento para apoyar la guerra de los iraquíes por la libertad y la independencia (como ha hecho en Siria, donde Rusia ha demostrado toda su efectividad, o como está sucediendo ahora en Libia). Irak se está convirtiendo en la principal plataforma de la política mundial, y una vez más nos encontramos ante una civilización antiquísima, en el corazón de Oriente Medio, en esa tierra que, según la geografía bíblica, fue en su día “el paraíso terrenal” y que hoy se ha convertido en lo contrario.

Ahora bien, lo más importante en estas circunstancias es aprovechar lo que, desde un punto de vista global, debería considerarse el “error fatal” de Trump. El asesinato del general Soleimani no mejora las posiciones de Estados Unidos, sino que descarta un escenario pacífico de transición hacia la multipolaridad y priva a Trump de cualquier posibilidad de una reforma exitosa y a largo plazo de la política estadounidense. La situación de Israel, que ha sido rehén de un odio total a todos los pueblos de su entorno, se está volviendo extremadamente problemática.

Cuando la existencia de Israel no depende de un complejo equilibrio de fuerzas, sino de un solo campo que está perdiendo rápidamente su dominio, entonces su situación se vuelve extremadamente arriesgada. Israel, como proyecto demasiado apresurado y pseudo-mesiánico creado por los nacionalistas pro-occidentales que resolvieron no esperar al Mesías sino reemplazar su llegada con su propio voluntarismo, es probable que caiga víctima de la muerte del orden mundial unipolar – y por esto tiene que “agradecer” a Trump así como a la extrema derecha israelí que lo haya empujado hacia tales pasos suicidas.

Rusia está perseverando y ganando

¿Qué hay de Rusia? Rusia no tenía prisa por ponerse inequívocamente del lado de Irán, mientras que en el propio Irán parte de la élite prefería negociar con Estados Unidos y evitar el acercamiento a Moscú. En ambas potencias, Rusia e Irán, la “sexta columna” ha actuado en tándem tratando por todos los medios de romper el eje Moscú-Teherán e impedir una estrecha alianza ruso-chiíta que, a pesar de todo, ha tomado forma en Siria, donde los iraníes (bajo el general Soleimani) y los rusos han luchado codo con codo contra los extremistas que jugaban objetivamente a favor del mundo unipolar. Tales intentos seguramente continuarán, y los globalistas tratarán de usar la “quinta columna” en Irán en una estrategia de “revolución de colores” para derrocar a los conservadores y hundir a Irán en el caos de la guerra civil. Occidente también está ciertamente preparado para lanzar el mismo escenario en Rusia, y esto se está volviendo cada vez más relevante a medida que nos acercamos al final del mandato final de Putin, quien representa la principal promesa a la política soberana y multipolar de Rusia.

El mundo unipolar está condenado, pero sería tonto esperar que se rinda sin luchar. Además, el asesinato del general Soleimani descarta un escenario pacífico para el futuro, ya que ya no se puede esperar que Trump y Washington acepten voluntariamente este cambio en el orden mundial y, por lo tanto, que acepten reconocer la subjetividad de cualquier poder que no sea el de Estados Unidos.

Lo único que le queda a las potencias del mundo multipolar -Rusia, China, Irán, Turquía, Irak y todos los demás- es obligar a todos aquellos que se oponen desesperadamente a la multipolaridad, a que acepten la multipolaridad. Después de todo, esto no es forzar a nadie a aceptar la dominación rusa o china. Así es como la multipolaridad difiere de la unipolaridad. El mundo multipolar deja a cada uno el derecho de construir la sociedad que quiera con los valores que elija. Aquí no hay criterios universales; nadie le debe nada a nadie excepto el respeto de su derecho a fortalecer su propia identidad, a construir su propia civilización (le guste o no a alguien) y a vivir en su propio futuro (no en el de otra persona). El apremio hacia la multipolaridad sacrifica sólo el mundo unipolar, la hegemonía estadounidense y la ideología liberal totalitaria junto con su sistema capitalista como universales. Occidente puede seguir siendo liberal y capitalista tanto tiempo como quiera, pero las fronteras de esta ideología y sistema económico, tan tóxicas para otras culturas, deben ser estrictamente definidas. Para eso es la lucha en curso, la lucha en nombre de la cual el mártir del mundo multipolar, el héroe de la Resistencia, el gran general iraní Qasem Soleimani, dio su vida.

Alexander Dugin

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Iglesia Ortodoxa siria denuncia efecto criminal de bloqueo y sanciones

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La Iglesia Ortodoxa siria denuncia efecto criminal del bloqueo y las sanciones sobre el pueblo sirio

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Damasco, SANA

El Patriarca de Antioquía y Todo Oriente de la Iglesia Siríaco- ortodoxa organizó una recepción para jefes y representantes de las misiones diplomáticas acreditadas en Damasco.

La recepción con motivo del Año Nuevo se efectuó en la sede del Patriarcado en la Catedral Ortodoxa de San Jorge de Capadocia, en Damasco.

Su Santidad el Patriarca Mar Ignacio Aphrem II, Presidente Supremo de la Iglesia Ortodoxa en el mundo, señaló en un discurso que “el injusto e ilegal bloqueo y las medidas económicas coercitivas unilaterales impuestas por Occidente afectan la vida cotidiana del pueblo sirio”.

Esperó que los diplomáticos transmitan las voces de los sirios y su sufrimiento para contribuir al levantamiento de esas medidas coercitivas sobre Siria lo antes posible.

Su Santidad agradeció a los jefes y representantes de las misiones diplomáticas que permanecieron en el país durante los años de crisis y por apoyar a Siria y su pueblo.

“Las victorias logradas sobre el terrorismo se deben a la unidad del pueblo sirio, el heroísmo y firmeza de su ejército y la cooperación de los amigos, especialmente Rusia e Irán”, indicó.

Mekdad: Siria marcha con confianza hacia la victoria final

Por su parte, el Viceministro de Exteriores y Expatriados, Faisal al-Mekdad, señaló que las fiestas de Navidad y Año Nuevo fueron celebradas por los sirios en todas sus regiones lo cual muestra al mundo la armonía y unidad entre los sirios.

“Siria marcha con confianza hacia la victoria final y valoramos el apoyo de los pueblos amigos que nos apoyaron en la lucha contra el terrorismo”, dijo Mekdad y  aclaró que nuevos logros se alcanzarán por el ejército en las próximas semanas y meses.

Según el vicecanciller, Siria está avanzando hacia la reconstrucción a pesar de todas las dificultades debidas a las inhumanas medidas coercitivas impuestas por Estados Unidos y algunos países europeos para dañar al pueblo sirio y romper su determinación.

“Fracasaron en el campo militar y en fracasarán en otros también, y las medidas coercitivas unilaterales son una prueba de la brutalidad y Barbie de EE.UU”, aseguró.

Embajadores de Rusia e Irán: deseamos que el 2020 sea año de paz y  estabilidad para el pueblo sirio.

El Embajador ruso en Damasco, Alexander Yifimov, ratificó el continuo apoyo de su país al pueblo sirio en su lucha contra el terrorismo, y deseó que este año traiga paz, estabilidad, prosperidad y desarrollo al pueblo sirio.

De igual manera, el embajador de Irán, Jawad Turkabadi, expresó la esperanza de que los días venideros en Siria estén llenos de victorias y de que el 2020 sea el año del fin de esa crisis.

A la recepción asistieron varios embajadores y funcionarios de varios países en Damasco, y numerosos obispos y clérigos ortodoxos.

A.Sh/F.M/A.H

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Asesinado el general Soleimani en ataque de EEUU

El general Qassem Suleimani (foto), comandante de la fuerza Al-Quds de los Guardianes de ‎la Revolución iraníes, fue asesinado por Estados Unidos en el aeropuerto de Bagdad (Irak), el 3 ‎de enero de 2020. El general Suleimani estaba considerado como el mejor soldado de fuerzas ‎especiales del mundo. ‎

Abu Mehdi al-Muhandis, número 2 de las Unidades de Movilización Popular (Hachd al-Chaabi), ‎fue eliminado en la misma operación. Las unidades Hachd al-Chaabi constituyen un ejército de ‎unos 80 000 iraquíes fieles a Irán. ‎

Ambos asesinatos tienen lugar después del ataque de manifestantes proiraníes registrado en la ‎embajada de Estados Unidos en Bagdad. La operación contra el general Suleimani fue ordenada ‎por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, como represalia por el ataque contra la embajada de ‎su país, incidente donde no hubo víctimas estadounidenses. ‎

Los dirigentes de todos los países de la región están llamando a la desescalada. El Guía de la ‎Revolucíon iraní, el ayatola Alí Khamenei, llama a la venganza. En Irak, las diferentes milicias ‎chiitas, tanto las nacionales como las proiraníes, están movilizando sus efectivos. ‎

El precio del barril de petróleo registró de inmediato un alza de 3%. ‎

La fuerza iraní Al-Quds (cuyo nombre significa Jerusalén, tanto en árabe como en farsi) ‎nunca opera en suelo irani sino únicamente en el exterior, principalmente en Irak, Líbano, Siria, ‎Palestina y Yemen. El asesinato del general Qassem Suleimani obliga la República Islámica a ‎clarificar su estrategia militar y a redefinir su objetivo prioritario entre 3 opciones muy diferentes: ‎defender el país, asumir la defensa de las comunidades chiitas en el mundo o luchar contra el ‎imperialismo. ‎

En Estados Unidos, las fuerzas contrarias al presidente Donald Trump tendrán ahora la posibilidad ‎de asesinarlo, atribuyendo la responsabilidad al mundo chiita. ‎

Aunque no deja pasar las oportunidades de eliminar a los traidores iraníes en el exterior, ‎Irán considera contraproducente la realización de operaciones contra dirigentes extranjeros. ‎

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General Soleimani, el vencedor del Daesh

http://spanish.almanar.com.lb/387895

El general Qassem Soleimani, jefe de la Fuerza Al Quds del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI), jugó un papel innegable en la derrota final del Daesh en Iraq y luego en Siria.

Nacido en 1956 en Kerman, Qassem Soleimani se unió al CGRI después de la victoria de la Revolución Islámica desde su creación en 1979. Durante la Defensa Sagrada del pueblo iraní (guerra Irán-Iraq desde 1980 hasta 1988), Qassem Soleimani se convirtió en un alto comandante del CGRI y comandó tropas durante las principales operaciones.

Después de que terminó la guerra Irán-Iraq, el general Soleimani estuvo en una misión durante varios años en el este del país en áreas cercanas a la frontera con Afganistán hasta que fue nombrado en 1997 comandante de la Fuerza Al Quds del CGRI por el comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas iraníes, el Ayatolá Jamenei.

En este puesto, el general Soleimani ha contribuido a los esfuerzos para fortalecer las filas del eje de la Resistencia frente al belicismo y al expansionismo israelí. En 2010, Qassem Soleimani subió de rango por un decreto del Líder de la Revolución Islámica y se convirtió en un general importante.

El mayor general Qassem Soleimani se hizo famoso después de los eventos relacionados con el surgimiento de organizaciones terroristas takfiris, como el Daesh, en Siria (2011) e Iraq (2014), donde el comandante de la Fuerza Al Quds recibió la orden de apoyar a las fuerzas sirias e iraquíes para que se organizaran mejor para la lucha contra el terrorismo.

El general Qassem Soleimani y los asesores de la Fuerza Al Quds realizaron esta misión a petición oficial de los gobiernos sirio e iraquí, y él desempeñó un papel de liderazgo en el combate para que las fuerzas militares de Siria e Iraq impidieran la caída de Damasco y Bagdad ante los ataques de organizaciones terroristas que contaban con el apoyo general de EEUU, el régimen israelí y sus aliados europeos y regionales, que buscaban desmembrar Siria e Iraq.

La visita oficial del comandante de la Fuerza Al Quds a Moscú y sus consultas con las altas autoridades políticas y militares rusas tuvieron un efecto innegable en la decisión tomada el 30 de septiembre de 2015 por el presidente Vladmir Putin de desplegar las fuerzas rusas en Siria en apoyo del Ejército sirio, para responder a la solicitud oficial del presidente sirio, Bashar al Assad, de ayuda militar.

Analistas independientes coinciden en que uno de los principales objetivos del plan para desmembrar Siria era cortar la comunicación entre la República Islámica de Irán y Siria y el Hezbolá libanés. Sin embargo, la derrota de Daesh en Iraq y Siria, con el papel innegable de la Fuerza Al Quds, impidió la realización de este complot.

Para destacar el papel de la Fuerza Al Quds en la lucha contra el terrorismo y después de la derrota definitiva de Daesh en Iraq, el Líder de la Revolución Islámica otorgó, el 10 de marzo de 2019, a Soleimani la máxima distinción militar en Irán, la orden de Zulfakar.

En respuesta a una carta del General Qassem Soleimani al Líder de la Revolución Islámica en la que le anunciaba la derrota final de Daesh en Iraq, el Imam Jamenei escribió: “Al destruir el tumor canceroso y mortal que era el Daesh, has prestado un inmenso servicio a los pueblos de la región, a las naciones musulmanas, a todas las naciones y a toda la humanidad.”

El mayor general Qassem Soleimani, alto comandante del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica, fue asesinado el viernes 3 de enero por la mañana en un ataque de helicópteros Apache del Ejército estadounidense en Bagdad.

Source: Press TV (traducido por el sitio de Al Manar en español)

 

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La masonería internacional detrás de Greta Thunberg

Interesante y sintético aporte del muy recomendable canal “¿Qué es real?” sobre Greta, la “activista” de diseño promocionada por las “élites”, uno de los fenómenos mediáticos más representativos de éste 2019.

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Líbano: los entretelones de la ‎crisis bancaria del siglo

Líbano: los entretelones de la ‎crisis bancaria del siglo

https://www.voltairenet.org/article208596.html

El derrumbe del banco central libanés, consecuencia de una gran estafa del Estado, ha ‎hundido el país en una crisis económica y financiera nunca vista. El Líbano está ‎pagando ahora sus 76 años de dependencia política y 8 años de total vacío político. ‎La realidad de su situación es muy diferente de la percepción que de ella tienen ‎los libaneses. ‎

| Damasco (Siria)
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Los “tres presidentes” del Líbano: al centro, el general Michel Aoun, presidente de la República ‎‎(cristiano); a la derecha, el presidente del gobierno interino, Saad Hariri (sunnita); a la ‎izquierda, el presidente del parlamento, Nabih Berri (chiita). El Líbano no es una democracia ‎basada en el equilibrio entre el poder ejecutivo, el poder legislativo y el poder judicial sino un ‎sistema de carácter confesional basado en 17 comunidades religiosas. La extrema complejidad ‎de ese sistema garantiza la supervivencia de señores de la guerra y la preservación de la ‎influencia extranjera sobre el país. Durante la terrible guerra civil libanesa, Michel Aoun fue el ‎principal jefe cristiano, Nabih Berri era el jefe del grupo chiita Amal y Saad Hariri es el sucesor de ‎su padre, Rafic Hariri, quien reinó sobre el Líbano después de la guerra civil, en nombre de ‎Arabia Saudita y de Francia.‎

La Banque du Liban, nombre oficial del banco central libanés, autorizó nuevamente los bancos ‎privados a aceptar extracciones ilimitadas de libras libaneses pero mantiene la prohibición sobre ‎las extracciones de dólares. ‎

A la luz del derecho, este control del cambio es ilegal ya que no ha sido avalado por el ‎parlamento. Varias grandes empresas ya están llevando el asunto ante los tribunales. ‎Las importaciones de productos como el trigo, el petróleo y los medicamentos están paralizadas ‎mientras que numerosos sectores están en recesión. ‎

La deuda pública libanesa se eleva al 154% del PIB. En solo 3 meses, la libra libanesa se desplomó a la mitad de su valor anterior arrastrando en su caída la libra siria, ya afectada durante ‎la guerra por las falsificaciones provenientes de Arabia Saudita y de Qatar. ‎

Las causas de la crisis

A causa de esta crisis financiera, el parlamento libanés adoptó una nueva tasa, que provocó las ‎manifestaciones que han venido paralizando el país desde el 17 de octubre de 2019. Todo parece ‎indicar que esa crisis se origina en una estafa de proporciones colosales orquestada por los ‎dirigentes políticos del país a través del banco central. ‎

En este punto se hace necesario recurrir a la historia del Líbano. ‎

La realidad es que, desde su fundación, durante la Segunda Guerra Mundial, el Líbano no ha sido ‎nunca un Estado independiente. Francia instauró en Líbano un sistema confesional que le permitió ‎a París conservar su influencia después de la descolonización, privando a los libaneses de una vida ‎política propiamente nacional. El intento del secretario de Estado Henry Kissinger de arreglar el ‎problema israelí convirtiendo el Líbano en patria de los árabes palestinos fracasó y condujo a una ‎guerra civil que duró de 1975 a 1989. La paz saudita impuesta por los acuerdos de Taif, en 1989, ‎restauró el régimen confesional y extendió las cuotas de representación de cada comunidad a ‎todos los empleos públicos. La comunidad internacional validó la presencia militar siria ‎en Líbano, desde 1989 hasta 2005, pero los problemas del país no fueron resueltos. ‎

El ex primer ministro Rafic Hariri dirigió el gobierno en dos ocasiones –desde 1992 hasta 1998 y ‎desde el año 2000 hasta 2004–, saqueó el país espoliando a 55 000 familias y utilizó el tesoro ‎nacional como su fortuna personal –al final de su vida, Rafic Hariri se había echado en ‎el bolsillo 16 000 millones de dólares. En virtud de los acuerdos de Taif, Rafic Hariri, como ‎representante de la familia real de Arabia Saudita, estaba bajo la protección de la fuerza de paz ‎siria, desplegada en Líbano para poner fin a la guerra civil. Cuando fue asesinado, se descubrió ‎que Hariri había comprado a las dos personalidades sirias encargadas de supervisar el ‎mantenimiento de la paz en Líbano: el jefe de los servicios de inteligencia Ghazi Kanaan y el ‎vicepresidente sirio Abdel Halim Khaddam. Ghazi Kanaan se suicidó y el vicepresidente Abdel ‎Halim Khaddam huyó a Francia, donde se alió a la Hermandad Musulmana y se dedicó a preparar ‎el derrocamiento del presidente sirio Bachar al-Assad.‎

En 2005, la fuerza de paz siria se retiró bruscamente a pedido de la población, que la veía como ‎un recuerdo de los crímenes que los propios libaneses habían cometido durante la guerra civil y ‎le achacaban erróneamente el asesinato del ex primer ministro Rafic Hariri. De 2006 a 2014, ‎o sea durante el periodo de vacío del poder y la posterior presidencia de Michel Sleimane –‎protegido principalmente por Qatar y en segundo lugar por Francia–, los dirigentes políticos ‎libaneses no establecieron ningún registro contable. Líbano y Arabia Saudita fueron los ‎dos únicos países del mundo que no contaban con un presupuesto oficial. Hoy en día es ‎materialmente imposible determinar qué impuestos se cobraron, qué ayudas internacionales ‎llegaron al Líbano ni cuánto gastó el país. ‎

Durante todo este tiempo, el director del banco central, Riad Salamé, instauró un Esquema Ponzy ‎‎(un sistema piramidal) comparable al de Bernard Madoff, pero en beneficio personal de los ‎dirigentes políticos. Los depósitos en dólares percibían intereses dos veces más elevados que en ‎otros países, pero esos intereses se pagaban con el dinero de los depósitos que hacían los nuevos ‎clientes. Con el visto bueno de Estados Unidos, los bancos privados aceptaron “lavar” el dinero ‎sucio de los cárteles sudamericanos de la droga mientras que un banco estadounidense ‎compraba un tercio del capital de los principales bancos libaneses. Cuando un gran cliente retiró ‎su dinero todo el sistema se tambaleó. Pero los dirigentes políticos tuvieron tiempo de ‎transferir su botín al extranjero antes del derrumbe total. Por ejemplo, en octubre de este año ‎‎2019, el ex primer ministro Fouad Siniora rompió todos los records al sustraer entre 6 000 y ‎‎8 000 millones de dólares indebidamente adquiridos. ‎

Ante la envergadura del desastre, el jefe del gobierno interino, Saad Hariri –legalmente hijo de ‎Rafic Hariri– solicitó a la Unión Europea que adelantara al Líbano la entrega de 1 000 millones de ‎dólares. Después, escribió a Arabia Saudita, China, Egipto, Estados Unidos, Francia, Italia, Rusia ‎y Turquía solicitándoles que aceptaran el papel de garantes de las sumas no pagadas para poder ‎importar productos de primera necesidad, comprometiéndose a devolver ese dinero en cuanto ‎se levante el control del cambio. En respuesta, los principales países comprometidos en el ‎salvataje de la economía libanesa se reunieron el 11 de diciembre en París. En la mañana de ‎ese día analizaron a puertas cerradas el interés político que podía tener para ellos salvar el ‎Líbano o dejarlo hundirse. Durante la tarde recibieron una delegación libanesa y establecieron ‎como condición previa a cualquier ayuda la formación de un nuevo gobierno prooccidental y la ‎imposición de un control eficaz del uso de todo nuevo fondo. ‎

En rechazo a un nuevo tutelaje extranjero sobre el país, peticiones libanesas fueron enviadas a los ‎donantes extranjeros para convencerlos de no entregar fondos al banco central mientras no se ‎haya determinado con precisión el origen de la crisis. ‎

El presidente del gobierno, el sunnita Saad Hariri, se dirigió entonces al Fondo Monetario ‎Internacional (FMI) y al Banco Mundial, pero ambas instituciones pusieron inmediatamente ‎en duda la veracidad del balance presentado por el banco central libanés y la honestidad de su ‎director, Riad Salamé, quien hasta ese momento había sido considerado un banquero ejemplar. ‎

Este recuento histórico muestra que el Hezbollah no es responsable de la crisis, aunque la prensa ‎occidental afirme lo contrario. También es importante señalar que, aunque el Hezbollah cobra el ‎‎zakat (una donación musulmana) a los traficantes de droga del valle de la Bekaa y a la diáspora ‎chiita en Latinoamérica, ese movimiento siempre ha sido contrario a los cultivos destinados a la ‎producción de droga. Cuando llegó al gobierno, el Hezbollah propuso e instauró programas de ‎ayuda social para que los agricultores tuviesen la posibilidad de dedicarse a otros tipos de cultivos. ‎También hay que subrayar que la mayor parte del dinero sucio libanés no proviene de cultivos locales ‎dedicados a la producción de droga sino del lavado de los ingresos de los cárteles sudamericanos y ‎que ese lavado de dinero de la droga proveniente de Sudamérica fue instituido… por ‎Estados Unidos y que quienes se enriquecían con él eran los banqueros libaneses, principalmente ‎cristianos y sunnitas. ‎

Este recordatorio pone de relieve la aparente estabilidad que había vivido el Líbano desde la ‎elección del actual presidente de la República, el cristiano Michel Aoun. Anteriormente –de 2005 ‎a 2016–, el Líbano nunca había logrado cubrir simultáneamente los tres cargos fundamentales ‎del país: la presidencia de la República (reservada a un cristiano), la presidencia del gobierno ‎‎(reservada a un musulmán sunnita) y la presidencia del parlamente unicameral y del Consejo ‎Constitucional (reservada a un musulmán chiita). ‎

Impacto de la crisis

Las medidas de control de cambio, destinadas a detener la fuga de capitales, han provocado el ‎derrumbe de la economía. En los 3 últimos meses, al menos un 10% de las empresas libanesas se ‎han declarado en quiebra y la mayoría de las demás han tenido que reducir sus horarios de trabajo ‎para disminuir sus gastos en salarios sin tener que recurrir a los despidos. Las fundaciones ‎caritativas están entre las instituciones más afectadas, de manera que todo el sector de ayuda a ‎la población más desfavorecida está en crisis. Por su parte, los trabajadores extranjeros, ‎sobre todo los domésticos provenientes de Asia –pagados en libras libaneses– han perdido la ‎mitad del dinero que antes enviaban a sus familias en sus países, miles de ellos ya han abandonado ‎el Líbano. ‎

Todos han notado el alto nivel de coordinación de las manifestaciones iniciadas el 17 de octubre. ‎Los agitadores están permanentemente en contacto telefónico con un misterioso “cuartel ‎general”. Los eslóganes son exactamente los mismos en todo el país y en todas las ‎comunidades, lo cual ofrece a los manifestantes una ilusoria sensación de que han acabado con el ‎sistema confesional. El hecho que la Corriente Patriótica Libre (CPL), haya sido designada como ‎blanco principal del movimiento hace pensar que el movimiento de protesta apunta contra el líder de ese partido, el presidente de la República, Michel Aoun. ‎

Estados Unidos mantiene una posición ambigua. Por un lado, la USAID suspendió la entrega al ‎ejército libanés de una subvención de 115 millones de dólares destinada a la compra de ‎equipamiento militar, pero el secretario de Estado Mike Pompeo finalmente desbloqueó esa suma. ‎El ex embajador de Estados Unidos en Líbano, Jeffrey Feltman, se presentó ante el Congreso ‎para declarar verbalmente lo que había escrito, que todo «americano» tiene la obligación de ‎luchar contra la alianza conformada por Irán, el Hezbollah y la Corriente Patriótica Libre y la ‎Casa Blanca. ‎

Una propuesta para nombrar presidente del gobierno al hombre de negocios Samir Khatib recibió ‎el rechazo del gran muftí. En Líbano, el presidente de la República (cristiano) tiene que contar ‎con el aval del patriarca de los cristianos maronitas, el presidente del gobierno (sunnita) debe ‎obtener el apoyo del gran muftí y el presidente del parlamento (chiita) tiene que contar con el ‎respaldo de los mollahs. Después de obtener el visto de sus respectivas comunidades religiosas, las ‎nominaciones a esos cargos se someten a la confirmación del parlamento unicameral. ‎Por su parte, las falanges maronitas (Kataeb) propusieron al diplomático y magistrado Nawaf ‎Salam como nuevo presidente de la República. En todo caso, el muftí es favorable a una nueva ‎designación del aún presidente del gobierno Saad Hariri, pero a la cabeza de un gobierno de ‎tecnócratas que serían designados por “los tres presidentes”. ‎

Acusada de malversación, alegación que ha desmentido, la Corriente Patriótica Libre, el partido ‎del presidente de la República, ya anunció que no participará en el próximo gobierno, decisión ‎que toma para evitar que le atribuyan –bajo la acusación de tratar de encubrir desvíos de ‎fondos– los problemas que inevitablemente comenzarán a aparecer. ‎

Los enfrentamientos registrados en Beirut el 14 de diciembre ilustran la confusión que caracteriza ‎toda esta agitación. Ese día, al iniciarse la tarde, jóvenes chiitas de los movimientos Hezbollah y ‎Amal agredieron varios grupos vinculados al multimillonario estadounidenses George Soros que ‎habían instalado tiendas de campaña en el centro de la capital. Un poco después, otros jóvenes, ‎miembros de los grupos anteriormente atacados, trataban de invadir la sede del parlamento para ‎proclamar allí «la revolución de color», como ya ha sucedido hace años en Serbia, en Georgia y ‎en otros países. El centenar de personas heridas –incluyendo a varios agentes de las fuerzas del ‎orden– trae a la memoria de los libaneses el angustioso recuerdo de los años de guerra civil. ‎El hecho que la prensa hable tanto de los heridos libaneses, sin decir nada sobre los muertos en ‎Palestina, dice mucho sobre el verdadero nivel de violencia. ‎

¿Cómo salir de la crisis?

Aunque las exigencias de los manifestantes sugieren lo contrario, el hecho es que no hay ‎políticos libaneses limpios. El sistema no lo permite. Como mínimo, todo político libanés ‎ha robado en algún momento, en el mejor de los casos para ayudar a su comunidad, en el peor ‎en aras de su enriquecimiento personal. El Líbano es uno de los pocos países del mundo donde ‎aparecen multimillonarios de un día para otro sin que nadie sepa de dónde vienen sus fortunas. ‎Por consiguiente, no es posible apartar a todos los políticos y la mejor opción es apoyarse en los ‎que robaron para ayudar a su comunidad, estimulándolos a que trabajen para toda la Nación, y ‎meter en la cárcel a los que roban para enriquecerse. ‎

Los problemas del Líbano son directamente imputables a los propios libaneses que han venido ‎aceptando, desde hace 76 años, un sistema constitucional incomprensible y que han preferido ‎luchar por sus comunidades respectivas, en vez de luchar por el país en general. Los libaneses ‎siguen sin haber resuelto el trauma de la guerra civil y siguen viendo a los “señores de la guerra” ‎tradicionales como únicos garantes de la seguridad de su comunidad frente a la eventual agresión ‎de las demás comunidades. ‎

Los problemas del Líbano sólo pueden resolverse con un cambio de Constitución y con la adopción ‎de un sistema verdaderamente democrático, lo cual implicaría que todos los libaneses –dejando ‎de lado las diferencias confesionales– reconocieran a la personalidad más legítima para dirigir ‎el país… sin importar su creencia religiosa. Dado el papel determinante que ya ha sabido ‎desempeñar dirigiendo la resistencia libanesa frente al invasor israelí, ese reconocimiento tendría ‎que ir indudablemente al líder del Hezbollah, Hassan Nasrallah, si los libaneses son capaces de ‎confiar en que no los traicione en beneficio de los iraníes. ‎

Por el momento, es imposible cambiar la Constitución libanesa. Los actuales parlamentarios, que ‎serían masivamente expulsados de la escena política, están demasiado interesados en conservar ‎sus escaños y no se atreverán a realizar ese cambio. Un referéndum tampoco sería la solución ‎ya que la corrupción está profundamente enraizada en la sociedad libanesa, incluyendo a los ‎electores –un 45% de ellos confiesa haber recibido propuestas para comprar su voto. En el ‎Líbano, los partidos políticos también son de carácter confesional y no son portadores de ‎aspiraciones nacionales sino simples defensores de sus comunidades respectivas, en cuyo seno ‎distribuyen prebendas. ‎

La única posibilidad consiste en tratar de avanzar poco a poco, creando una administración fuerte ‎y por consiguiente apartando de inmediato a los personajes más corruptos, como había ‎propuesto el presidente del gobierno, Saad Hariri, antes de que los manifestantes acabaran ‎negándole la posibilidad de intentarlo. Después, habría que apartar a los “señores de la guerra” ‎surgidos de la guerra civil, si no demuestran antes que pueden ser realmente útiles al país. ‎

Thierry Meyssan

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Medio millón de refugiados regresan a Siria en un año

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Medio millón de refugiados regresan a Siria en un año

http://spanish.almanar.com.lb/379062

El número de refugiados sirios que retornaron a su país desde julio del 2018 hasta la fecha ascendió a casi medio millón, informaron el miércoles en esta capital.

De ellos, unos 152 mil regresaon provenientes del Líbano, y más de 328 mil de Jordania, según el comité de coordinación conjunto sirio-ruso.

Por otro lado, la turbulenta situación política en el Líbano hizo que la cifra de refugiados sirios retornados se disparara, y sólo en las últimas 24 horas, se registró el regreso de unos mil 312 refugiados a través de los cuatro cruces fronterizos.

Las autoridades gubernamentales sirias movilizaron a docenas de autobuses para trasladar a los refugiados, en su mayoría niños y mujeres, a sus localidades de origen donde fueron restablecidos los servicios básicos tras liberarlas del terrorismo.

Asimismo, equipos médicos estuvieron movilizados en las fronteras para prestar atención a los enfermos y vacunar a los niños de acuerdo a sus edades.

El mandatario sirio Bashar al Assad reveló en una reciente entrevista con Sputnik y Russia Today, que más de un millón de sirios, entre desplazados internos y externos, retornaron a sus lugares en menos de un año.

Source: PL

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¿Qué ha pasado realmente en Bolivia?

Hoy compartimos unos videos del interesante canal “Amos del Mundo”.

Información esencial para comprender los recientes eventos de Bolivia:

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