Ceresole: Inteligencia y Geopolítica

Extracto de “Caudillo, Ejército y Pueblo – La Venezuela del Comandante Chávez”, de Norberto Ceresole.

Fuente: http://www.analitica.com/bitblio/ceresole/caudillo.asp

Inteligencia y geopolítica. Carta abierta a mis amigos constituyentes

En este momento no existen en Venezuela ni las ideas ni las instituciones con capacidad para medir los impactos estratégicos que producirá el desarrollo progresivo del proceso venezolano en el mundo. No existe la capacidad para relacionar los cambios internos con los conflictos externos. De lo que se trata, por lo tanto, es de elaborar una Inteligencia Estratégica que pueda ser utilizada por el Presidente de la República para la valoración de los impactos externos que originará una determinada resolución de esos problemas internos de Venezuela, en estas circunstancias revolucionarias. Es deseable que ese trabajo se desarrolle bajo la conducción de las Fuerzas Armadas pero con participación creciente de instituciones civiles de nivel universitario.

Contra lo que muchos analistas académicos sostienen, la naturaleza actual del sistema internacional posibilita maniobras y contramaniobras, alianzas y contra-alianzas mucho más intensas y profundas que las que se podían hacer en otras épocas. Será necesario encontrar sus puntos de fractura, para incidir sobre ellos y así lograr que esta Venezuela en proceso revolucionario se «filtre» por las grietas del sistema internacional y logre adecuados niveles de seguridad o de supervivencia.

En la base del proceso orientado a lograr un alto grado de protección para los cambios que se realizarán en Venezuela está el trabajo para «internacionalizar» -en todo el espacio hispanoamericano- la figura carismática de Hugo Chávez. Ello obedece a un principio esencial de la Estrategia: la respuesta más eficaz a las agresiones externas será el incremento del propio poder (la única respuesta al poder es el poder). A partir de la sucesiva ampliación de ese liderazgo originalmente venezolano, las agresiones provenientes de otras áreas del mundo podrán ser amortiguadas con mayor eficacia y, paralelamente, las necesidades de Venezuela — en Europa y los EUA, sobre todo — podrán ser resueltas con mucha mayor «liquidez». Se trata, en definitiva, de incrementar el poder de Venezuela en el mundo, que hoy es, en un sentido estricto, in-significante.

Para todo ello será necesario disponer de Inteligencia Estratégica.

Cada país hace Inteligencia según como se percibe a sí mismo en relación con los demás. La actividad de Inteligencia es un instrumento preciso y complejo que mide el concepto que cada país tiene de sí mismo. Es su miseria o es su grandeza.

La dependencia y subsidiaridad de un país pueden ser medidos por su incapacidad de producir Inteligencia, en especial, Inteligencia Estratégica. Los enredos a que es sometido un Estado periférico se originan en que, en una coyuntura específica, alguien (agente externo) seleccionó para ese Estado un tipo específico de información. Esa información así seleccionada — para un Estado subalterno — no sólo no refleja la verdad de los sucesos (en su dimensión «objetiva») sino que además perjudica sustancialmente (aún más) la posición en el mundo de ese Estado subalterno. Es así como la subsidiariedad de un Estado (su dependencia respecto de otros) puede definirse a partir de la incapacidad de ese Estado para producir su propia Inteligencia Estratégica.

La Inteligencia es el reflejo de la capacidad cultural de que dispone una comunidad. Es, o debería ser, la expresión más refinada de su «filosofía nacional». La Inteligencia es causa y efecto de un pensamiento nacional. La Inteligencia es el prólogo del conocimiento, y la calidad de ambos definirá con toda precisión qué es cada país y quién es quién dentro de cada país. La Inteligencia tiene por función máxima generar poder a través de la preparación adecuada del conocimiento exacto que se necesita en el aquí y ahora nacional e internacional.

La Inteligencia debe ser el sistema superior de conocimiento que se estructure a nivel de Estado. La Inteligencia es el máximo grado de complejidad que puede alcanzar la institucionalización de un pensamiento científico interdisciplinario con vocación nacional, es decir, orientado a su diferenciación, orientado a fundamentar su identidad. Debe ser un pensamiento complejo no sólo para entender a un mundo complejo. Debe ser sobre todo un pensamiento concebido para diferenciar y complejizar (toda diferenciación es una complejización) al espacio nacional.

La forma de producir inteligencia en Venezuela deberá ser distinta y hasta contradictoria respecto de países que ocupan otras posiciones jerárquicas en el (des)orden internacional. La forma de producir Inteligencia deberá reflejar con extrema exactitud la naturaleza de la Idea que hoy anima a este país. La producción de Inteligencia Estratégica deberá expresar una voluntad nacional con un contenido muy diferente. Estará orientada a producir conocimiento destinado a modificar la posición in-significante que ocupa Venezuela en el mundo, luego de décadas de manipulaciones «democráticas» y de «penetraciones» institucionales.

Pero como en Venezuela no se elabora Inteligencia Estratégica, el gobierno actual no percibe la verdadera naturaleza de la agresión. En esta Europa gobernada por esta extraña confluencia entre la «izquierda del centro» y el «centro de la izquierda» (o «tercera vía») se está desarrollando una hostilidad creciente hacia la nueva singladura histórica emprendida por la Nación Venezolana. Esa hostilidad es como una borrasca que asoma en el horizonte, por el momento estética y cultural: aún no ha trascendido al plano de lo estrictamente político.

Esta percepción europea sobre la Venezuela de hoy no es en absoluto accidental. Todo lo contrario, ella está en el núcleo de la «nueva cultura» que informa a este cosmopolitismo desordenado y anárquico llamado «nuevo orden mundial». Es decir que no está basada sólo en la ignorancia de lo que en realidad está pasando en estos momentos en Venezuela. Es una «concepción del mundo» -la actual- y refleja el resultado de una extraordinaria acumulación de prejuicios negativos, que se trafican en el mercado bajo la forma de «conocimiento académico»: una de las nuevas ciencias despóticas que es ya la razón de ser de este nuevo orden.

Dentro de esta «nueva cultura» debe ser analizado.

El «caso» Vargas Llosa

El Presidente se equivoca totalmente al pretender singularizar esta situación. No estamos ante un ataque personal sino institucional. Dentro de la ridícula dicotomía actualmente vigente, es una reacción natural del «mundo post-histórico» ante perturbaciones en principio incomprensibles que ocurren en el «otro mundo», en el de los Estados que aún viven en el nivel de la «proto-historia». Y esas perturbaciones son especialmente desagradables porque parecen indicar la presencia de situaciones que habían sido definidas por la dogmática neoliberal como «políticamente incorrectas»: la historia parece que no discurre siempre por el mismo camino, ni siquiera podemos estar seguros de que haya un cierre o final de la misma, lo que dejaría al «mundo central» literalmente desprotegido: ni post-historia salvacionista ni proto-historia condenatoria (según nos aseguraban hasta hace muy poco los teólogos del nuevo orden, los que ponían el «cielo» en el primer mundo y el «infierno» en el tercero).

A comienzos del año 1992, pocas horas después de producirse el golpe de Estado militar, se inicia en Argelia una carnicería que dura hasta el día de hoy. Los detalles de ese proceso, terroríficos y escalofriantes, los obviaremos en este informe. El ejército argelino, «laico y democrático», educado a «la francesa», había desalojado del poder, y por la fuerza, al partido popular que había triunfado amplia y democráticamente en las anteriores elecciones de 1991, el Frente Islámico de Salvación.

Todos los intelectuales europeos «progresistas» apoyaron, desde un primer momento, ESE golpe militar. Sin mencionar ni al gas ni al petróleo, se señaló en cambio los enormes peligros que significaría un país del Mediterráneo occidental en manos del «fundamentalismo islámico». Los militares eran, en cambio, el brazo armado del pequeño sector secularizado de la sociedad argelina. Y, por lo tanto, una proyección de la cultura europea. Carecía por lo tanto de toda importancia la opinión política de la inmensa mayoría de la población argelina no secularizada: en un sentido estricto esa mayoría pertenecía a la proto-historia (eran los habitantes de un infierno muy particular). Fue así como uno de los principales países del Magreb, principal proveedor de gas y petróleo de Francia y España, a poco más de una hora de vuelo desde París, comenzaba su Vía Crucis militarista, bendecida por el progresismo secular europeo.

El 9 de febrero de 1992 el señor Mario Vargas Llosa publicó en «El País» de Madrid un artículo de opinión titulado «¿Dios o la espada?» (era la época en que el escritor peruano estaba gestionando su nacionalidad española, que finalmente vino de la mano del propio Felipe González). Allí no sólo se solidarizaba con los militares argelinos laico-golpistas, sino que ensayaba una justificación completa de esa operación:

    La democracia es imposible sin un avanzado proceso de secularización que. disocie el poder político del religioso. En los países mayoritaria o totalmente musulmanes, la secularización no existe. Y al amparo de una religión dogmática y omnipresente en todas las manifestaciones de la vida, es inevitable que prosperen las dictaduras, expresión natural de aquella manera de pensar y creer.

Ante la opción de una eventual «dictadura antisecular», que aún, por supuesto, no se había realizado, los intelectuales post-históricos no vacilan: proponen una dictadura secular «prêt-à-porter», apoyada en el racionalismo europeo, contra una población que había sido espacio colonial exprimido por ese racionalismo «humanista».

Pero los embates del españolizado Vargas, miembro prominente de la secta Moon, principal abanderada del capitalismo salvaje, no terminan en la estigmatización del Islam. El catolicismo es asimismo uno de los grandes responsables de que haya dictadores en el mundo no islámico. Si no fuera por la Reforma protestante el cristianismo sería tanto o más opresivo que el Islam:

»El cristianismo no fue menos dogmático y omnipresente que el Islam y, sin reforma protestante y lo que ello trajo consigo -justamente un irreversible proceso de secularización en Occidente-, todavía estaría tal vez quemando herejes, censurando libros impropios y proveyendo una cobertura moral y filosófica para el absolutismo de los príncipes» (Vargas Llosa, op.cit, «El País», 9-2-92).

Como vemos su visión del mundo es en un todo coherente con la fundamentación histórica de los orígenes del capitalismo, en tanto sistema «fin de historia». No sólo rescata el «progreso» de la «Reforma», es decir, de la legalización de la usura; asimismo señala, dentro de la más pura tradición historiográfica del judaísmo (los socios mayoritarios de los «reformistas» o evangélicos), la perversión intrínseca del catolicismo romano.

Sin percibir que el gobierno de Chávez parece ser más evangélico que católico, arremete contra el proceso venezolano, quien al día de hoy no dispone de

Una respuesta geopolítica a las agresiones exteriores

Hacia el final del Congreso de Panamá el Libertador Simón Bolívar se encontraba en la cumbre de su poder. Era Presidente de la Gran Colombia, Dictador del Perú y Presidente de Bolivia, lo que significaba que ejercía el poder directo en seis de las hoy inviables repúblicas de la actual «América Meridional». Pero además, el general Guerrero, en México, le había ofrecido el cargo de «generalísimo de los ejércitos americanos» y la entonces República de Centroamérica, luego fracturada en cinco miniestados, ordenaba colocar su retrato en todas las oficinas públicas. Después de la batalla de Carabobo la República Dominicana se incorpora a la Gran Colombia, mientras la isla de Cuba le envía representantes para buscar ayuda. En el lejano sur, la Legislatura de la Provincia de Córdoba, hoy territorio de la moribunda Argentina (segundo Estado de la República Federativa del Brasil gracias al Mercosur), resolvía «.levantar tropas para. proteger a los pueblos oprimidos, poniéndose de acuerdo con el Libertador Bolívar, por medio de un enviado encargado de promover una negociación al efecto». En medio de las sangrientas guerras civiles argentinas, la idea de una Confederación Americana se abría paso con la energía liberadora de una fuerza magnética.

En ese momento mágico de nuestra historia, donde todo hubiese sido posible, las alarmas se encendieron en Londres. El plan original, el que elaborara Pitt junto con Miranda años antes, no era ese. Las grandes logias masónicas inglesas, esos lobbies positivistas pararreligiosos del capitalismo británico, aspiraban a la destrucción de esa vasta, compleja y extraordinaria arquitectura geopolítica que representaban las provincias americanas españolas. Su objetivo era producir republiquetas -más o menos como las actuales- cada una de ellas centrípetamente ligadas al mercado inglés y sin ninguna relación entre sí. Esto era básico y fundamental. La idea de la Confederación de la América Meridional, el gran diseño geopolítico del Libertador en esa etapa -necesariamente final- de su vida, producía una profunda inquietud en Londres, en especial en la élite de la burguesía, la Masonería de Rito Escocés, quien era la que había impulsado y seguiría impulsando, al ritmo exacto de los acontecimientos europeos, y buscando siempre su «equilibrio», la «independencia latinoamericana».

Es así que se produce la caída y la muerte del Libertador, apenas alcanzado el momento de su máximo esplendor y poder. Para realizar esta operación Londres recurre de inmediato a la segunda línea de sus cuadros, los grandes traidores de la Patria Americana, los «próceres» de su fractura y minimización; en definitiva, los representantes ilustrados de los grandes puertos centrífugos del continente: Valparaíso, El Callao, Guayaquil, Cartagena, La Guaira, Puerto Cabello, Montevideo y Buenos Aires. Es esa oligarquía exportadora la que termina por definir a su favor -que es el de la «civilización»- las guerras civiles; es ella, aquí y allá, la que traza fronteras irracionales, fronteras contra natura (las mismas que aún hoy nos agobian), y son ellos, nuestros «padres» oficiales de la patria pequeña y miserable, los que lumpenizan hasta el salvajismo a cada uno de sus pueblos. Cada una de esas oligarquías se fortalece, independientemente de las otras, pero cada día, todas y cada una de ellas, privilegiando su dependencia con Londres.

Así estamos hoy. Las viejas logias de Londres con poder decreciente ante los vigorosos lobbies norteamericanos, en especial los de Costa Este… Republiquetas enteras agonizan porque su inviabilidad es manifiesta. Como es el caso de la Argentina, que fue el banco de pruebas del experimento más extremo de neoliberalismo en toda la América Meridional. Todas las falsas «integraciones» también están en crisis. Tal vez haya llegado el momento de ensayar la única integración posible: la bolivariana. Ella implica poner en marcha pueblos y ejércitos (y no meras cuestiones «económicas»), y pensar, en definitiva, en un gobierno para toda la América Meridional. Es necesario revalorizar viejos conceptos, como el de la «Gran Colombia» y el de la Argentina Andino-Pacífica. Será de la confluencia de ambos de donde saldrá nuestro espacio geopolítico liberado: nuestra única posibilidad de supervivencia.

Las cuestiones geopolíticas son proyecciones esenciales de la política interior venezolana, ya que ellas son elementos básicos y determinantes de la viabilidad de la Nueva Venezuela. La oportunidad es única: los pueblos están pauperizados y engañados, y por lo tanto políticamente vacantes; y los ejércitos castrados, destruidos y humillados, ergo, angustiosamente necesitados de liderazgos. Es el aspecto estratrégico de la revolución lo que nunca se debe perder de vista. Si el proceso venezolano no alcanza una proyección continental en un «tempo» histórico razonable, morirá por asfixia, a causa de las presiones, realizadas por un mundo hostil falsamente globalizado, que en algún momento se convertirán en insoportables. El Universal, 20 de agosto de 1999: http://politica.eud.com.

https://i2.wp.com/www.elrevolucionario.org/IMG/jpg/chavez_y_ceresole.jpg

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Una respuesta a Ceresole: Inteligencia y Geopolítica

  1. Rodolfo Plata dijo:

    ISLAMISMO Y JUDAÍSMO SON AFLUENTES DE LA MISMA LETRINA QUE IMPONE POR LA FUERZA LO QUE NO ACEPTA LA RAZÓN. Y para derrotarlos solo es necesario actualizar el cristianismo de tal modo que se pueda vivir y practicar, no en y desde lo religioso y lo sagrado, sino en y desde el humanismo secular laico, la pluralidad y el sincretismo. Enmarcándolo en la doctrina y la teoría de la trascendencia humana, conceptualizada por la sabiduría védica, instruida por Buda e ilustrada por Cristo; la cual concuerda con los planteamientos de la filosofía clásica y moderna, y las conclusiones comparables de la ciencia: (psicología, psicoterapia, logoterápia, desarrollo humano, etc.). Sincretismo religioso expresado por Raimon Panikkar fruto de sus frecuentes viajes a la India: «Me marché cristiano, me descubrí hindú y regresé budista, sin haber dejado de ser cristiano». http://www.scribd.com/doc/42618497/Imperativos-Que-Justifican-y-Exigen-Urgentemente-Un-Nuevo-Enfoque-Del-Cristianismo

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