La abdicación del rey Juan Carlos I plantea la cuestión de la III República

La noticia, realmente trascendente, ha sido anunciada por el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, a las 10:30 horas de esta mañana durante una declaración televisiva extraordinaria y de forma tan repentina como poco justificada.

De hecho el jefe del Ejecutivo explicó simplemente que el Rey le acababa de comunicar esta misma mañana su decisión de abdicar la Corona de España, solicitando del Gobierno y de las Cortes Generales instruir las medidas sucesorias necesarias “conforme a las previsiones constitucionales”, lo que en el caso concreto de abdicación exige la aprobación de una ley orgánica. Y, sin aducir razón específica al respecto, subrayó que los motivos para esa decisión serían comunicados “personalmente” por el Monarca a todos los españoles de forma inmediata.

Pero el caso es que en la explicación regia, que se produjo en efecto mediante una declaración emitida a las 12:00 horas, los motivos de tan importante decisión brillan por su ausencia. Y el caso choca en especial al producirse en medio de una legislatura marcada por una tremenda crisis económica -con consecuencias de desesperación social bien conocidas-, en la que sigue siendo necesario abordar grandes reformas estructurales e institucionales para salvaguardar la estabilidad del sistema político.

Situación a la que hay que añadir un entorno de corrupción pública y de deterioro inédito de la política nacional, con la sociedad española alarmada por las amenazas de secesionismo en Cataluña y el País Vasco… Y, desde luego, en la que no parece cosa baladí el importante y creciente rechazo a la propia Institución Monárquica mostrado por la sociedad ante la sucesión de hechos y comportamientos poco edificantes de Su Majestad y de otros miembros de la Familia Real…

No es el momento de adelantar acontecimientos, ni de especular sobre la acogida que tendrá en las Cortes Generales la tramitación de la ley orgánica necesaria para que el Príncipe Felipe tome el relevo en la titularidad de la Corona. Pero está claro que la situación política y las condiciones del debate parlamentario hoy son muy distintas de las que existían en la Transición, como también lo son los sentimientos y las aspiraciones políticas de las nuevas generaciones.

Es de suponer que la abdicación del Rey era conocida al menos por el presidente del Gobierno y el jefe de la oposición socialista, que no pasan precisamente por su mejor momento; y que, en consecuencia, algo se habrá consensuado en relación con las posiciones políticas y parlamentarias sobre el caso, que ni más ni menos es el de la transmisión de la Jefatura del Estado y de la Corona a Don Felipe. Pero, ¿eso es todo…?

Mucho nos tememos que habrá complicaciones. Para empezar, no hace falta ser adivino para predecir que muy pronto se reclamará un referéndum sobre República o Monarquía, dentro y fuera del Parlamento.

La abdicación del Rey está pendiente de una ley que lo regule


El Gobierno aprobará de urgencia una ley orgánica para desarrollar el artículo 57.5 de la Constitución, que trata sobre “las abdicaciones y renuncias” de la Corona

La norma regulará todo el proceso y, además, puede fijar el estatuto del rey, que no existe.

El rey abdica. Pero aún no puede. Está pendiente de una ley que lo regule desde que la Constitución se aprobó en 1978. El artículo 57.5 establece: “Las abdicaciones y renuncias y cualquier duda de hecho o de derecho que ocurra en el orden de sucesión a la Corona se resolverán por una ley orgánica”.

Según algunos expertos, “la Constitución no hay que tocarla, sólo hay que desarrollar esa ley orgánica que se anunció en su día y que ha quedado por hacer. No existe, y hay que ir a un procedimiento legislativo. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, lo hará rápido porque tiene mayoría absoluta. Lo que se podría exigir es que el único procedimiento legítimo en estos momentos es un referéndum consultivo sobre el modelo de Estado, y que la ciudadanía decida si prefiere monarquía o república”.

Fuentes del Gobierno han señalado sin embargo que la norma que se prepara se limitará a regular el proceso de abdicación por el que Don Juan Carlos quiere dejar el trono a su hijo, el Príncipe Felipe. El presidente Mariano Rajoy reunirá mañana martes de forma extraordinaria el Consejo de Ministros para iniciar los trámites y confía en que en un “plazo muy breve” las Cortes puedan proceder a la proclamación del Príncipe de Asturias como Rey.

El PSOE respalda a Felipe de Borbón como futuro rey y Juventudes Socialistas exige un referéndum

El PSOE ha manifestado su “respeto” al futuro jefe del Estado, Felipe de Borbón. En una declaración institucional que ha leído Alfredo Pérez Rubalcaba, la ejecutiva federal socialista expresa que “hoy se abre un nuevo tiempo” en el que el príncipe de Asturias “representa el respeto a la Constitución y la estabilidad institucional”.

La dirección socialista señala que es “la hora de dirigir la mirada a la Constitución” con el objetivo de establecer las “pautas” que rijan “la sucesión en la Jefatura de Estado” y desea al príncipe Felipe “el mayor acierto en la responsabilidad que ahora asume”.

“La exhaustiva y permanente formación que ha recibido y su dedicación continuada a las obligaciones que como príncipe de Asturias le han correspondido son las mejores condiciones para que el reinado que ahora va a iniciar constituya un nuevo periodo de éxito en nuestra convivencia colectiva”, expresa esa declaración en términos similares a los que ha utilizado Mariano Rajoy en su anuncio de la abdicación del monarca.

El PSOE “quiere, también, en este momento reiterar su compromiso con la Constitución y sus previsiones y, a través de ellas, augura el mejor futuro para nuestro país en los años que ahora iniciamos”, añade.

No obstante, no todo el PSOE está de acuerdo con los pasos que ha indicado Alfredo Pérez Rubalcaba. Juventudes Socialistas y la corriente ideológica del partido Izquierda Socialista han exigido la convocatoria de un referéndum tras el anuncio de la marcha del rey.

Dentro del propio PSOE han empezado los desmarques. El candidato de Izquierda Socialista a la secretaría general del PSOE, José Antonio Pérez Tapias, ha anunciado su posicionamiento a favor de un proceso consituyente que incluya un referéndum sobre si continuar con un sistema monárquico u optar por uno republicano.

Tuiteros se pronuncian en rechazo a la monarquía

El pueblo español protesta en las redes sociales contra la continuidad de la monarquía y exige la realización de un referéndum consultivo sobre un nuevo modelo de gobierno. Con etiquetas como #APorLaTerceraRepública expresan su descontento.

A propósito de la abdicación del rey Juan Carlos I de Borbón a favor de su hijo Felipe, el pueblo español exige un referéndum para la constitución de una república democrática y la abolición de la monarquía.

Usuarios de las redes sociales han usado las etiquetas #ReferéndumYA, #APorLaTerceraRepública, #MonarquíaNoHayDemocraciaReal y #FelipeNoSerásRey para exigir que les consulten sobre un nuevo modelo de gobierno.

Análisis: ¿Una abdicación precipitada para apuntalar la Monarquía?

Mariano Rajoy ha anunciado el propósito del Rey Juan Carlos de abdicar y transmitir la jefatura del Estado a su hijo, el Príncipe de Asturias, de conformidad con lo previsto en el artículo 57, 1º y 2º de la Constitución.

Todo ciudadano medianamente informado sabía que esto ocurriría en cualquier momento. Posiblemente, todo estaba preparado para hace poco más de un año. El pasado 22 de marzo de 2013, publicábamos una información que era reveladora de esas intenciones (La web de RTVE tiene todo preparado para anunciar la abdicación del Rey). Pero los acontecimientos, especialmente el desarrollo del caso de corrupción que afectaba a su hija Cristina y a Urdangarín, obligaron a posponer la abdicación. Pero lo que vino después fue un calvario para la institución.

Recordemos que los pactos de la transición establecieron que el sistema político español sería una monarquía constitucional. Hasta ahora, dichos pactos se han respetado, pero en la actualidad la crisis económica ha terminado generando una crisis política, una de cuyos frentes abiertos es precisamente el futuro de la institución monárquica. Por primera vez, incluso los monárquicos eran conscientes de que la persistencia de Juan Carlos en seguir en el trono, podía aumentar el desprestigio de la institución e incluso generar el fin de la monarquía. Tales sectores, incluida una parte de la Casa Real, opinaban que solamente la sucesión y los fastos que generará pueden suscitar un nuevo impulso de popularidad y un baño de masas para la institución que deje atrás la erosión que está sufriendo en estos últimos cuatro años.

La crisis de la monarquía es una parte de la crisis política que vive España. La monarquía se encuentra en estos momentos más que amortizada y parecería razonable que antes que se desencadene la “tormenta catalana” (que alcanzará su máxima virulencia en el último trimestre de 2014), se produjera la sucesión monárquica sin más tensiones. Había señales: los acuerdos entre los dos partidos mayoritarios del Régimen (PP-PSOE) para una reforma constitucional consensuada, los rumores de pactos con los catalanistas, los viajes reales a las monarquías del Golfo para cerrar negocios, etc.

Después del accidente del Rey en Botsuana hace poco más de dos años, que motivó una inédita petición de perdón de Don Juan Carlos y con los avatares del proceso judicial penal que se sigue contra su yerno, Iñaki Urdangarin, imputado por varios delitos y en el que podría ser procesada por blanqueo de capitales y delito fiscal su hija menor, la infanta Doña Cristina, Don Felipe ha venido adquiriendo un protagonismo en el que se ha sostenido la Corona.

No obstante, la situación del Rey, en términos políticos y sociales, y pese a su esfuerzo y al de su entorno, no ha remontado como lo demostrarían los sucesivos barómetros de Centro de Investigaciones Sociológicas. Desde 2011, la institución es suspendida por los ciudadanos. Entonces alcanzó una calificación del 4,89. La nota bajó en 2013 hasta el 3,68 y apenas repuntó (sólo a un 3,72) en 2014. Hay que recordar que hasta el año 2004, la monarquía era la institución mejor valorada por los españoles en todas las encuestas oficiales. Por ejemplo, hasta 1995 estaba en una nota de 7,5 que fue bajando progresivamente.

En un artículo de 2012 titulado DISSOLUTA EST MONARCHIA Antonio García Trevijano ya anunciaba con clarividencia los acontecimientos que se avecinaban:

(…) El  error Juan Carlos, del que son responsables los sectores que acataron la orden sucesoria de Franco y  los que aceptaron después la Monarquía de los Partidos, tenía que causar, en virtud del efecto Montesquieu, la ruina de la Corona al concurrir con cualquier error personal del Rey. En virtud del efecto Montesquieu  si una causa particular arruina un Estado, había una causa general que lo haría perecer por una sola causa personal. Este  factor individual tiene tal trascendencia  que por  sí solo disuelve la causa ontológica de la Monarquía. Lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir. Son las tres palabras aparecidas en el festín del rey  Baltasar, Mane, Tecel, Fares, que el profeta Daniel interpretó como división y partición del reino.  La causa franquista de la Monarquía  determinaría su ruina por un vicio personal de Juan Carlos. Ese día ha llegado. Ayer, día 18 de abril de 2012,  Juan Carlos proclamó ante el mundo que la causa de su Monarquía se había disuelto.

(…) ¿En qué se equivocó Juan Carlos?  ¿En no comunicar su salida  de España?  Eso lo ha hecho centenares  de veces sin importarle un comino. ¿En dejarse ver públicamente con la cazadora de elefantes  que ocasionó su caída?  Eso jamás le ha importado.  Y sin el accidente habría pasado desapercibido.

Llegamos por fin a la oración fatídica. “No volverá a ocurrir”.  Eso sólo lo puede decir un empleado que engaña repetidamente a su jefe, un criado sorprendido en flagrante acto de hurto  o, con mayor frecuencia,  un niño que incumple de modo habitual las promesas de buena conducta a sus padres, tutores o maestros. El quid de la cuestión está en que un Rey no puede pronunciar esas lacayunas palabras sin dejar de ser soberano. Un Rey no puede hacer esa promesa más que a su superior jerárquico o a su banquero. Además, si dice que no volverá a ocurrir está confesando que ha ocurrido por culpa suya.  Esto le  obliga a detallar lo  que no va a ocurrir, lo que  va a obedecer. Y un Rey que hace este tipo de promesa, que se declara dispuesto a obedecer lo que le mande el partido del gobierno, o cualquier otro partido estatal, ya no es  el Rey de una Monarquía de Partidos, sino el de una Monarquía de los Partidos.

Un Rey que se humilla ante el pueblo, por orden o consejo de un cargo estatal,  sólo puede hacerlo para mantener sus extraordinarios privilegios materiales,  a conciencia de haber perdido para siempre toda la dimensión espiritual o patriótica de su función.  Un Rey que pide perdón pierde hasta la condición de reyezuelo de quita y pon. La relación del Rey con los gobernados es de orden sentimental. Si el sentimiento mítico de la Corona se esfuma, aunque solo sea un momento,  nada ni nadie podrá ya restituirlo. Un Rey humillado es un Rey muerto en vida.

Con la disolución de la Monarquía, en la humillación pública de Don Juan Carlos, desaparece  el carácter sustantivo de la Institución.  Sin substancia propia, sin fundamento subjetivo, sin carácter autónomo, el Rey que se auto-humilla deja de representar la Majestad, e incluso la Auctoritas moral. En las Monarquías de Partidos, el monarca no tiene Potestas constitucional. Un Rey humillado es un despojo de la Realeza. Si no es querido ni temido, un Rey no puede ser respetado. Ese es el secreto de las relaciones míticas.  En una  hora de desvergüenza, la conducta de un Rey que se humilla  levanta para siempre las faldas de la Realeza, convierte en bufonada la  reverencia cortesana y arrastra  la pordiosería  palaciega a la antecámara de las finanzas.

La inutilidad de un Rey humillado es percibida enseguida por los círculos dirigentes de la sociedad estatal, pero tarda un poco más en ser advertida por los gobernados. Y antes de que el desprestigio del Rey se extiendan  a todas las capas sociales, surgen los intentos de conseguir su abdicación. Por un lado, el Rey teme que si abdica verá reducida enseguida las fuentes de su riqueza y de su influencia. Y si retrasa demasiado su abdicación el partido del Príncipe se desorienta y comprende que el Rey ya no tiene nada propio que transmitir con la abdicación.

Las razones que el año pasado parecían aconsejar la abdicación del Rey, lejos de haberse diluido se han transformado en perentorias debido, por una parte, a la esterilidad de los esfuerzos de la Zarzuela por mejorar la visibilidad y popularidad del Jefe del Estado, y, por otra, a la fortísima crisis del sistema político y al deterioro social por el que atraviesa España, que se ha agudizado con los resultados de las elecciones europeas del pasado 25 de mayo.

La permanencia de Don Juan Carlos en la Jefatura del Estado ha venido sustentándose en el consenso del Partido Popular y del PSOE, pero los comicios europeos han dejado tocado el bipartidismo (la suma de ambos partidos no alcanzó el 49% de los votos) y sumido a los socialistas en una crisis que se ha cobrado ya la pieza del secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, que cederá su cargo el 20 de julio en un Congreso extraordinario del partido en el que se prevé que sean elegidos dirigentes de generaciones sin vinculación vital y afectiva a la transición y mucho más inclinados a las tradicionales tesis republicanas. El 7 de abril del pasado año, en un macrosondeo de El País, el Rey perdía 32 puntos de aceptación respecto de otro anterior de las mismas características. Los menores de 34 años otorgaban al Jefe del Estado un nota muy negativa (-41), mientras que el mayor respaldo al monarca se registraba entre los mayores de 55 años.

Los pésimos resultados del PSOE (23%), muy próximos al desplome, y los muy malos del PP (sólo el 26% de los sufragios), con la emergencia de fuerzas políticas de claro signo republicano (IU, Podemos y, en menor medida, UPyD), proyectan un legislativo en la próxima legislatura que podría fragilizar aún más de lo que está la Corona y a su titular.

Este escenario de inmediato futuro hubiera alcanzado al monarca en una dinámica de progresiva debilidad -en este cuadro no hay que olvidar la apuesta independentista de Cataluña en donde Esquerra Republicana superó en la europeas a CiU convirtiéndose en la primera fuerza política de la comunidad- que comprometía a Don Juan Carlos pero también a la institución. La abdicación se configura así como un movimiento institucional histórico para reforzar la Monarquía parlamentaria e iniciar una nueva etapa política con la Jefatura del Estado en la persona de Don Felipe de Borbón.

Es una operación que se contemplaba desde hace tiempo y que los poderes financieros conocían. Así, las posibilidades republicanas solo serán acariciadas por una parte minoritaria del espectro político, mientras las dos grandes fuerzas políticas, los poderes financieros nacionales e internacionales, las burguesías vasca y catalanas. etc. apoyarán el recambio sin fisuras.

La operación pareció acelerarse en los últimos meses, cuando tras el fallecimiento de Adolfo Suárez, se publicó el libro de Pilar Urbano, lanzando un torpedo a la línea de flotación de Juan Carlos… desde las propias filas monárquicas. Así lo escribía nuestro colaborador Ernesto Milá en un artículo publicado en Elespiadigital.com titulado La monarquía juancarlista entra en su última fase :

Fue en este contexto en el que se inició la “operación abdicación” apoyada especialmente por Leticia Ortiz y por la reina Sofía, voluntariamente alejada en Londres. La parte más amable de la operación era preparar a Don Felipe para asumir la corona. Eso implicaba pasearlo por todo tipo de eventos por el territorio nacional, convertirlo en una figura conocida, habitual en los telediarios y familiarizarlo –al menos en teoría– con los problemas de los españoles. En el momento de escribir estas líneas, la pareja Felipe-Leticia prosiguen esa actividad a ritmo acelerado que incluyen desde reuniones con empresarios, visitas a Cataluña, hasta un cuidado extremo en cuestiones de imagen (operaciones de mandíbula de Leticia).

Pero todo esto no ha bastado: la operación fallaba precisamente por el eslabón más débil: Juan Carlos I, fiel a la tradición de su padre, no parece dispuesto a abdicar. En ese contexto, la publicación del libro de Pilar Urbano, El precio del trono, lanzado pocas horas después del fallecimiento de Adolfo Suárez, puede ser considerado como otra fase de la operación. Cabe recordar que la Urbano, miembro del Opus Dei, es también autora de varios libros de pura intoxicación (Mohamed Atta, sobre los atentados del 11-S, Con la venia, yo indagué el 23-F, Yo entré en el CESID…) diestros en el arte de sembrar pistas falsas, desviar las sospechas hacia callejones sin salida, crear confusión y sembrar pistas falsas.

Desde siempre habían corrido rumores sobre la implicación de Juan Carlos I en los episodios del 23-F. Si existió tal implicación, debió reducirse al comentario que realizó la reina Sofía al general Armada (“Alfonso, sólo tú puede salvarnos…”) y poco más. De la misma forma que la transición, contrariamente a lo que se suele difundir, no fue diseñada ni por Adolfo Suárez, ni mucho menos por el monarca, sino por las fuerzas económicas nacionales e internacionales que precisaban la integración de España en Europa y en el marco de la OTAN, el 23-F, en tanto que culminación de la transición, debió tener como autores intelectuales a los mismos promotores de la transición.

Hizo falta que muriera Adolfo Suárez para que el libro se pudiera publicar. Los funerales de Estado del antiguo presidente de UCD revitalizaron el recuerdo de la transición y de sus misterios y “alguien” aprovechó para lanzar una nueva andanada sobre Juan Carlos y sobre su trayectoria pasada. La andanada, no partía de sectores antimonárquicos, sino más bien, se ambientes conservadores en absoluto hostiles a la monarquía: el Opus Dei, el editor Lara, el entorno de la Reina…

Ahora bien, todo lo anterior no explica el “momento” en que se precipita la abdicación. Podría haberse demorado unas semanas y que hubiera dado tiempo a presentar la correspondiente Ley Orgánica en las Cortes que normalizara el proceso de sucesión monárquica, incluso haber cerrado pactos (ya lo señalaba Felipe González) para encarrilar el proceso independentista de Cataluña, o esperar a una mejora de los indicadores sociales y económicos con una planificada campaña mediática, que evitara la sensación de “patata caliente” que el padre deja al hijo, con un país descoyuntado y un Régimen que viene desmoronándose desde hace al menos cuatro años…

Pero no ha sido así. Con la Reina llegando de la reunión del Club Bilderberg en Dinamarca (imaginamos que con las “instrucciones precisas para el futuro” imaginado por los oligarcas reunidos en el cónclave), con el Príncipe a punto de salir a un viaje oficial al extranjero, con un país descoyuntado y un lunes por la mañana, Juan Carlos I de España decidía largarse del trono, no tan abruptamente como su abuelo… pero dando la misma sensación. ¿Qué ha pasado en las últimas horas? Pronto lo iremos descubriendo.

Lo que si podemos asegurar es que se abren dos escenarios muy distintos:

A) El más probable es que el Régimen haya maniobrado un nuevo consenso para sobrevivir, un nuevo consenso a espaldas de los españoles. Así se salvaría la Monarquía, el “encaje de Cataluña” ofreciendo a los separatistas su sueño dorado (la vinculación a España única y exclusivamente en la Corona, es decir, la Confederación de facto), se salvaría la casta política y la oligarquía económica, y la maquinita podría funcionar para un nuevo período histórico. Todo a costa de una menor cohesión nacional, un déficit democrático sangrante y una situación lastimosa para las ansias populares de cambiar el rumbo de destrucción del Estado Social.  
B) Pero puede ser que todo se haya improvisado por hechos que en este momento se nos escapan. Entonces es necesario acelerar porque puede que dentro de unos meses, en unas nuevas elecciones, quede evidente la mayoría republicana en el tejido social de España, puede que intervengan factores de venganzas personales, de desesperación ante situaciones insalvables, incluso elementos que desconocemos… Entonces se ha hecho necesario huir hacia delante. Pero esa huida trae la oportunidad de que todo se ponga en cuestión. Un debate en las Cortes sobre la cuestión sucesoria pondrá sobre la mesa la forma del Estado y la República. Entonces, más temprano que tarde, se extenderá la exigencia de ir a Cortes Constituyentes, de las que ya es casi imposible que sobreviva la Monarquía.

El futuro queda abierto y los españoles tendrán que decidir su destino como comunidad. Ninguno de los dos escenarios es fácil. La Historia se abre ante nuestros ojos.

Breve y somero análisis expresado por la Comunicación No Verbal Científica (CNVC) y sinergológico de la comparecencia del Rey

La CNVC puede confirmar o por el contrario deslegitimar las palabras de un discurso. A pesar de estar todo muy medido, en la ocasión que nos ocupa, quedan patentes algunos gestos que indican el estado de ánimo y la veracidad o no de los sentimientos que expresan las palabras del Rey

Estatua: Como consecuencia de tensiones, ciertos músculos ya no se relajan. Luego, la tensión no se corresponde con su discurso tranquilo, meditado.

Existen varias microexpresiones, plasmadas en las cejas, que indican, según posición y minuto del discurso, miedo e ira. Por ejemplo, cuando habla de las generaciones futuras. Luego, sus palabras hacia éstas, no parecen ser sinceras, si tenemos en cuenta su lenguaje no verbal científico. No quiere ser viejo, y no quiere dejar paso. Clara micro expresión en “deseo expresar mi gratitud al Pueblo español”, de total desagrado, ira y/o asco. Micro expresión que relaja totalmente, al asegurar que también expresa su gratitud a los responsables políticos. Junto y al mismo tiempo, de la micro expresión de ira, levanta los pulgares, “yo, yo y yo, ego”, y eleva las manos a la altura del pecho, “aquí mando yo, no estáis a mi altura”.

Hay un no falso, ya que el giro comienza por la derecha. Cuando asegura que expresa su gratitud a la Reina, cuyo apoyo, dice “no me ha faltado nunca”. Falso.

Con sus manos, el monarca, se protege por regla general, durante todo el discurso, juntas o en presa, sobre la mesa. Sin embargo, utiliza manos en “V”, alzándolas hasta el pecho, lo que indica que el monarca se cree superior, a pesar de estas hablando, en ese momento, de su hijo. Las manos supinan en todo momento, lo que quiere decir que, a pesar de lo que exprese verbalmente, no está dispuesto a “mojarse”, a hacer lo que dice. Las manos siempre en supinación, evita el compromiso. Confirma esta actitud, el hecho de que en todo momento es la mano derecha la que protege a la izquierda, luego, controla, no está cómodo. Levanta continuamente el pulgar: Yo, Yo y yo. Ego más primario. Sobre todo cuando habla de la Corona.

Cuando asegura “mi hijo Felipe, que encarna la estabilidad”, hay un eje lateral hacia la derecha, que vuelve a indicar control, pero principalmente, desagrado. Repite el gesto cuando pronuncia: “el Príncipe de Asturias”. No quiere irse, le provoca desagrado profundo.

Su lateral derecho nos dice que, a pesar de lo pausado, seguro y supuestamente equilibrado del discurso, controla en todo momento sin espontaneidad. No confía, no está a gusto con la circunstancia. A pesar de que su espalda y torso se quieren mantener en posición recta, hay momentos, al moverse, en los que adelanta sutilmente el hombro derecho.

Controla en exceso y la situación le produce un profundo desagrado.

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4 respuestas a La abdicación del rey Juan Carlos I plantea la cuestión de la III República

  1. Adversario dijo:

    Ante la renuncia del Jefe del Estado

    http://www.carlismo.es/?p=3954

    Este lunes 2 de junio de 2014 se ha anunciado la «abdicación» del Jefe de Estado constitucional de España, Juan Alfonso, sucesor de Francisco Franco «a título de rey» con el sobrenombre de Juan Carlos. Él mismo lo ha confirmado en mensaje leído ante las cámaras de televisión.

    Tiempo habrá para el sosegado juicio histórico. Hoy toca a la Comunión Tradicionalista, salvaguarda de las leyes tradicionales de las Españas, recordar que Juan Carlos no puede abdicar porque legítimamente nunca ha reinado. Ni heredó ningún derecho de sucesión de nuestra Monarquía, ni lo transmite a su hijo Felipe. Ha ostentado una jefatura, o presidencia, de facto, gracias a una sucesión de contrafueros y golpes de estado. Ha sido la perfecta encarnación del régimen de corrupción y disolución que ha presidido una de las etapas más negras hasta ahora de la historia de España. Ha sido el hombre de los intereses extranjeros, que le han sostenido. Ha sido un destacado enemigo de la Religión y de la Patria.

    El actual depositario de la legitimidad dinástica es el Infante Don Sixto Enrique de Borbón y Borbón Busset, Duque de Aranjuez. Al margen de él no hay monarquía, sino república coronada y colonia sometida al extranjero.
    Secretaría Política de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón

  2. Adversario dijo:

    Los planes del Club Bilderberg y la Abdicación del Rey… entre otras cosas

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