Camboya: Pol Pot y el “comunismo talibán” de los Jemeres Rojos

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Saloth Sar, alias Pol Pot, y sus “Jemeres Rojos” realizaron en Camboya, y por extensión en el sudeste asiático, la misma función desestabilizadora de “enemigo útil” que los talibán desempeñaron en Afganistán. Más allá de sus brutales atrocidades, exageradas o no en años recientes para desviar la atención sobre las causas profundas de su ascenso al poder, lo cierto es que el polpotismo y la ideología talibán no sólo se asemejan en su metodología, sino también en el hecho de haber sido herramientas bajo el control del mundialismo.

Pol Pot es al Socialismo lo que Bin Laden o el “ISIS” al Islam, o lo que “Svoboda” y “Pravy Sektor” al Nacionalismo – una distorsión grotesca, encubiertamente al servicio de los enemigos de esas tres cosmovisiones.

A continuación, presentamos dos textos que aportan informativos datos a la relación entre “occidente” (cínico cómplice) y la “Kampuchea Democrática” (hemos resaltado en negrita lo que nos pareció más interesante). El primer artículo está extraído de una página cubana y el segundo, del blog Europa Soberana.

TM

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El año cero de Pol Pot

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por Jorge Wejebe Cobo

Era abril de 1975 y miles de residentes de Phnom Phem, la capital de Camboya, recibían como liberadores a los guerrilleros Khmers Rojos que derrotaron al gobierno pro norteamericano del General Lon Nol. Entre los participantes del jubileo se encontraba una princesa camboyana. Semanas después su familia fue asesinada por el nuevo régimen y ella misma tuvo que descarnarse las manos con las rocas para aparentar años de trabajo duro en el campo, mancharse el rostro con plantas tóxicas, aprender a caminar dando tumbos y encorvada, vestir de harapos y olvidarse de su cultura cuando hablaba.

De esa forma escondió su identidad y pasó como una joven campesina para salvarse de uno de los genocidios y violaciones masivos de los derechos humanos más colosales de la historia moderna y del cual los Estados Unidos sacaron grandes dividendos durante la Guerra Fría.

El principal líder de los guerrilleros Khmers Rojos se hacia llamar Pol Pot, de 50 años de edad, quien estudio budismo en su adolescencia. Según investigadores, una de sus hermanas fue aceptada como integrante del cuerpo de baile de palacio real del reinado de Camboya y terminó como concubina de la corte y sufrió continuos desprecios como objeto sexual de los poderosos. Pol Pot, que vivía en el mismo recinto que ella, era testigo diario de la amargura de la muchacha, lo que le creó un odio visceral contra todo lo que representaba la monarquía.

En su juventud se afilio a los movimientos independentistas y comunistas de Indochina contra el colonialismo francés, aunque desde su inicio rechazó las ideas de Ho Chi Minh de unidad de todos los revolucionarios de la región y por el contrario estimuló el odio a Viet Nam y a sus habitantes y espoleó un nacionalismo a ultranza y pretensiones de adueñarse de regiones fronterizas del sur de ese país.

Los años de la intervención y guerra de EEUU en Indochina entre 1961 y 1975, en la que Pol Pot participó al frente de su movimiento guerrillero, pusieron esas contradicciones en un segundo plano y en el exterior los países progresistas y movimientos de izquierdas en el mundo, desconocían en toda su magnitud los planes que realmente pasaban por la cabeza del nuevo líder y sus máximos colaboradores para cuando conquistaran el poder.

Camboya accedió a su independencia total de Francia en 1953, como una monarquía al frente de la cual se encontraba el Príncipe Norondom Sihanouk, descendientes de una casa imperial que desde el siglo XIX había estado bajo el protectorado francés. El excéntrico mandatario cantaba en las recepciones, dirigía obras cinematográficas y musicales, dominaba varios idiomas, entre ellas el castellano y era admirador ferviente de las mujeres, de ahí que se explique sus siete casamientos.

En lo político trató de impulsar algún desarrollo de su país y mantenerlo neutral dentro del contexto de las luchas de liberación de Viet Nam contra los franceses primero y los norteamericanos después.

Pero para 1970 la neutralidad de Camboya era un estorbo para los Estados Unidos en su guerra contra Viet Nam y para que evitar ese país se utilizara como base del ejército vietnamita, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) organizó un golpe de estado contra el príncipe Norodom Sihanouk, de visita en China (en realidad en Rusia, N. d. TM), realizado por el General y alto funcionario Lon Nol, incondicional de la política estadounidense.

Sin embargo, no le fue fácil al nuevo mandatario convertirse en dictador frente a la repulsa popular. En una provincia del interior los campesinos capturaron a su hermano, Lon Nil, lo asesinaron y le arrancaron el hígado para ser preparado en un restaurante chino. Después de ser derrotado por los Kmers Rojos, Lon Nol se exilia en Estados Unidos donde muere el 17 de noviembre de 1985 a los 72 años de edad.

Con el control del país por los norteamericanos, sus bombarderos B-52, arrojaron tres veces más explosivos sobre el sur de Camboya que durante todos los lanzados contra Japón durante la II Guerra Mundial. En su intento de destruir las fuerzas vietnamitas mataron a centenares de miles de camboyanos pero paradójicamente los ataques fortalecieron Pol Pot quien tuvo el apoyo de amplios sectores campesinos la mayoría iletrada e ignorante de cualquier posición ideológica los cuales integraron sus fuerzas y lo consideraban un semi dios.

La muerte como solución

La primera solución para los que Pol Pot consideró sus enemigos fue la muerte administrada por igual y sin contemplaciones para funcionarios y militares del antiguo régimen, a integrantes de la realeza y a todos los que tuvieran enseñanza superior o parecieran intelectuales, juntos con su familia.

Fueron exterminados aldeas enteras sin distinción de mujeres, ni niños de las etnias de origen vietnamitas y otros miles fueron ejecutados dentro de las propias filas de los partidarios del régimen por acusaciones de tener simpatías con Viet Nam, EEUU, la URSS o cualquier otro país del mundo.

Se eliminaron los conglomerados urbanos y se declaró a los habitantes de la ciudad como enemigos del Estado y fueron enviados a campos de concentración donde eran obligados a trabajar, sin alimentación hasta morir. Los bancos fueron destruidos hasta los cimientos al igual que buena parte de las ciudades. Se prohibió la moneda, el comercio, el mercado, las escuelas, la literatura, toda forma de arte, cultura, y las religiones. Y el país se lleno de centros de torturas y ejecuciones, instaladas en escuelas.

Cerca de dos millones de camboyanos perecieron, la cuarta parte de la población. La mayoría decapitados, o se les machacaba o abría el cráneo con garrotes o con machetes entre 1975- 79.

La política oficial exponía que solo la vida en el campo, lejos del envilecimiento de las ciudades y la comodidad de la vida moderna de inspiración occidental era posible en la nueva Camboya y cambiaron su nombre por el de Kampuchea, en referencia a su denominación original y designó el inicio de su gobierno como año cero.

Todas estas ideas Pol Pot las sustentó en un extremo nacionalismo y supuestamente en la doctrina del líder chino Mao Tse Tung, estimulado por el apoyo que recibía de la dirección china de la época que veía con agrado, los ataques y el asesinato de campesinos vietnamitas en el sur de Viet Nam por las fuerzas de Pol Pot porque Beijjing consideró que Viet Nam se había aliado a la URSS, con la que tenía profundas contradicciones de todo tipo, para extender la influencia soviética a toda Indochina.

Sin embargo en la obra teórica del líder chino sobre la estrategia y táctica en la conducción de un movimiento revolucionario de base campesina y el papel del Partido Comunista en el triunfo de la Revolución en ese país, no se recogen ideas que se asemeje o justifique un genocidio de tales proporciones como el ocurrido en Camboya, al margen de los graves errores y desviaciones que ocurrieron en China durante esos años.

Pero para el mundo y hasta el presente prevalece la versión de que lo ocurrido en Kampuchea fue consecuencia de un intento fallido de un régimen inspirados en las ideas comunistas, lo que se facilita por los relativos pocos estudios académicos marxistas sobre las verdaderas causas y esencia del régimen de Pol Pot.

Verdadera intervención humanitaria

La mayoría de comunidad internacional guardó silencio alrededor del holocausto en Kampuchea, mientras que en el contexto de la Guerra Fría se jugaba un complejo ajedrez, sobre un tablero ensangrentado por millones de víctimas en el país. Estados Unidos y China coincidían en sus esfuerzos de aislar a Vietnam y que fuera atacada por los kampucheanos y de paso Washington atizó las discrepancias entre la URSS y China en Indochina de donde acababa de salir derrotada.

En la época la administración del Presidente norteramericano Jimmy Carter llevó adelante como principal aspecto de su política exterior la defensa de los derechos humanos pero no incluyó activamente en esa agenda a Kampuchea.

Pero Viet Nam se preparaba para resolver de raíz la grave situación en su vecino país. El General Nguyen Giap jefe del ejército vietnamita, hoy con 100 años, es el único estratega militar en el mundo vencedor de dos imperios en 20 años, el francés en 1954 para liberar su país del colonialismo y al norteamericano en 1975 y que además dirigió una verdadera intervención humanitaria y la única en el siglo XX para liberar un pueblo del terrorismo de estado.

A sus 67 años en 1978 parecía que tendría tiempo para escribir tranquilamente sus memorias, pero la vida le aguardaba otra prueba, regresar nuevamente al campo de batalla e iniciar la liberación de Kampuchea del régimen de Pol Pot, quien había proclamado públicamente como enemigo a la República Democrática de Viet Nam contra la cual incrementó sus ataques en toda la línea fronteriza común.

Las divisiones del General Nguyen Giap, alrededor de 100 000 soldados, junto con veinte mil camboyanos enemigos del régimen kampucheano, iniciaron la ofensiva el 25 de diciembre de 1978 y liberaron el país en menos de veinte días y Pol Pot tuvo que huir y una parte de sus fuerzas internarse en las selvas en la frontera con Tailandia, aliada de los EEUU y base segura para los refugiados del depuesto régimen.

Kampuchea liberada se abrió al mundo y centenares de periodistas de todos los confines y filiación política pudieron visitar los campos de concentración, ver pirámides de calaveras, fosas comunes, centros de torturas y de ejecuciones, entrevistarse con sobrevivientes y con los asesinos así como estudiar miles de documentos y fichas de ejecutados.

Parecía que era suficiente para que la administración del Presidente Jimmy Carter tomara real distancia más allá de la retórica, del régimen depuesto, ante las concluyentes pruebas de sus atrocidades, pero la geopolítica pudo más que la doctrina declarada por el Departamento de Estado de defensa de los derechos humanos y el apoyo a Pol Pot continuó.

Viet Nam fue acusada de intervencionismo en la ONU por los EEUU y sus aliados junto con China que además preservaron el asiento del régimen de Pol Pot en la ONU y negaron reconocer a las nuevas autoridades en Kampuchea, que volvió a llamarse Camboya.

Desde 1979, los Estados Unidos y Gran Bretaña impusieron un embargo a la damnificada Camboya y votaron con Pol Pot en los organismos de las Naciones Unidas, Organización Mundial de la Salud incluida, impidiendo así que trabajaran en Camboya. De esa forma se aseguro además, que la ayuda alimentaría de la FAO se dirigiera a los terroristas bajo el pretexto de que su destino eran los refugiados camboyanos en Tailandia.

Extraña alianza

En el campo de las operaciones secretas se creo un grupo de tareas especiales de la CIA y la Defence Intelligence Agency, inteligencia del Pentágono, que establecieron vínculos directos con los Khmers Rojos y los apoyaron en armamento y entrenamiento para acciones terroristas en territorio vietnamita.

En 1983, el gobierno derechista de Margaret Thatcher envió a los SAS, sus fuerzas especiales, a entrenar a los Khmer Rojos en tecnología de minado, en el país con más minas del mundo con excepción de Afganistán. La intervención de Inglaterra solo fue reconocida en 1991 por el gobierno conservador de John Major ante el Parlamento que exigió explicaciones sobre la partición de los servicios de seguridad ingleses en el apoyo a Pol Pot.

Por su parte China se propuso castigar a Viet Nam, por impedir la continuación de las matanzas en el sufrido país e invadido el territorio vietnamita el 17 de enero de 1979 por la frontera entre ambos países, con más de 100 000 soldados artillería, tanques y aviación. No obstante la invasión fue corta ante la resistencia del ejército de Viet Nam que hicieron retroceder a los atacantes en abril con grandes pérdidas humanas y de material bélico.

Los jefes del Pentágono no vieron realizadas sus esperanzas de que ambos países se involucraran en una conflagración total a fin de lograr la destrucción de Viet Nam por la disuasiva respuesta de las fuerzas vietnamitas, también dirigidas por el General Nguyen Giap.

La guerra secreta contra Viet Nam desde Tailandia y el apoyo a Pol Pot continúo durante la década de 1980, con mayor o menor intensidad durante la Presidencia de Ronald Reagan. Con la desaparición de la URSS y el Campo Socialista, la creciente denuncia de la opinión pública mundial sobre el genocidio y los cambios de la política exterior de China se decidió la suerte de los genocidas que dejaron de ser útiles y se abrió un proceso de pacificación y de reconocimiento internacional del legítimo gobierno camboyano.

Además se crearon tribunales internacionales para juzgar a los criminales, que todavía aplican justicia. Pol Pot falleció en su campamento el 15 de abril de 1998 al parecer de muerte natural cuando se encontraba bajo prisión de sus antiguos colaboradores que habían aceptado entregarlo a la justicia.

En 1994 el Congreso de Estados Unidos aprobó la llamada “Cambodian Genocide Justice Act”, que declaraba que la política de Estados Unidos era “apoyar cualquier intento de llevar ante la justicia a los miembros de los jemeres rojos por los crímenes contra la humanidad cometidos en Camboya entre el 17 de abril de 1975 y el 7 de enero de 1979”.

Pero por supuesto en la declaración no se incluyó ni una palabra de crítica a la etapa en que los oficiales de la CIA en las selvas de Tailandia cambiaban a los analfabetos combatientes de Pol Pot, las armas blancas con que acostumbraban a ejecutar artesanalmente a sus víctimas, por los modernos M-16 para que fueran más eficientes en su tarea de asesinar inocentes.

Han pasado más de treinta años de los acontecimientos y los medios de comunicación controlados por los Estados Unidos han logrado en gran medida ocultar y distorsionar la verdad a más de una generación sobre esa alianza entre los protagonistas de uno de los genocidios más bárbaros de la historia y las administraciones norteamericanas de la época y sus aliados que actualmente se erigen en supuestos paladines de la defensa de los Derechos Humanos utilizados en realidad, como pretextos para diseñar intervenciones militares, operaciones encubiertas y agresiones de todo tipo a escala global. Los ejemplos sobran.

 

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Europa Soberana

El texto siguiente es un extracto sobre Camboya incluído en la tercera parte del extenso ensayo de Europa Soberana titulado “La Ruta de la Seda, el Collar de Perlas y la Competición por el Índico”). Entrada completa aquí:

http://europasoberana.blogspot.de/2013/05/la-ruta-de-la-seda-el-collar-de-perlas_9843.html

https://i1.wp.com/upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/4/41/Angkor_Wat.jpg/800px-Angkor_Wat.jpg

CAMBOYA
Las montañas de cráneos de represaliados de la era de Pol Pot y el Jemer Rojo demuestran que muchas cosas desagradables han tenido que ocurrir para que hoy Camboya albergue una perla del collar chino o para que podamos comprar un chándal Adidas made in Cambodia por mano de obra cuasi-esclava hacinada en sweatshops (factorías insalubres).
Camboya se encuentra en una encrucijada en la que nació un gran reino medieval, el Imperio Jemer, que desde el centro religioso de Angkor dominó la mayor parte de la Península Indochina, ejerciendo de bisagra entre tres espacios marítimos distintos: el Mar de Andamán (parte del Golfo de Bengala, a su vez parte del Índico), el Golfo de Tailandia y el Mar del Sur de China. El antiguo Estado camboyano era, por tanto, una alternativa terrestre a la ruta marítima del estrecho de Malaca (actual Singapur).
Durante la era colonial, el Sudeste Asiático fue el escenario en el que coincidieron varias superpotencias: China, Francia y Reino Unido. En la Segunda Guerra Mundial, Japón entró en la región de una manera increíblemente violenta. Los japoneses permitieron en 1941 que el gobierno colonial de la Francia de Vichy (aliada con Alemania) conservase el control y los franceses del Eje incluso permitieron que las tropas japonesas recorrieran la Indochina Francesa y acantonasen 25.000 hombres en Vietnam del Norte. En Marzo de 1945, tras la derrota de la Francia de Vichy, los japoneses tomaron brevemente el control de Indochina, establecieron un estado títere en Camboya, desarmaron a las fuerzas francesas y pusieron fin a la romanización del idioma jemer (o khmer), revirtiendo su escritura a los caracteres tradicionales. La Francia aliada tomaría el control en Octubre, pero su influencia no volvería a ser la misma y el idioma jemer no volverá a escribirse con caracteres romanos.
Camboya perteneció a Francia hasta que obtuvo, junto con el resto de la Indochina Francesa, su independencia en 1954, en buena parte gracias a las presiones del Vietminh ―una guerrilla comunista que, liderada por Ho Chi Minh, había sido apoyada por Washington para luchar contra los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial. Más adelante, el Vietminh se convertiría en el Vietcong, en una historia que nos recuerda inevitablemente al movimiento muyaidín, mutado en movimiento talibán.
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(Nota de TM – Durante la IIGM, Ho Chi Minh luchó contra el Eje (japoneses) y fue apoyado por los aliados; pero después trató de crear su propio camino, convirtiéndose en un estorbo – Lo mismo que De Gaulle en Francia, que también luchó contra el Eje (alemanes) pero después se opuso a la OTAN y fue derrocado en la “primavera francesa” de mayo del 68)
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Aun después de 1954, la ex-Indochina Francesa continuó formando parte del patio trasero geopolítico de Francia hasta que, en 1966, la escalada de intervencionismo estadounidense en la región (establecimiento del gobierno títere de Lon Nol en Vietnam, conscripción de medio millón de camboyanos para luchar contra Vietnam del Norte) marcó el principio del fin del poder de París en la zona. La intervención de Washington en el antiguo imperio francés nunca fue del agrado del dictador De Gaulle, que ese mismo año de 1966 se salió de la OTAN, dejó de hacer pruebas atómicas en el desierto de Argelia y comenzó a hacerlas en la Polinesia francesa, sin duda en parte como toque de atención a Washington: la República es una fuerza a ser tenida en cuenta en la región de Asia-Pacífico. Cada vez más, los intereses de Francia coincidían con los de la URSS: luchar contra la influencia estadounidense y china en la zona. Franco, en virtud de su afinidad por la Francia degaullista, se negó a intervenir militarmente en Vietnam.
En 1969, el presidente Nixon y su cerebro geoestratégico Henry Kissinger hicieron entrar a la Fuerza Aérea de los EEUU en el espacio aéreo de la región… sin la aprobación del Congreso. En los subsiguientes cuatro años, la USAF lanzó 280.000 bombas sobre Camboya ―el equivalente a 25 Hiroshimas. En total, EEUU lanzó más toneladas de explosivos sobre Camboya que durante toda la Guerra de Corea o en todas las operaciones del Teatro Pacífico (incluyendo Japón y ambas bombas atómicas) durante la Segunda Guerra Mundial. Oficialmente, el objetivo era atacar bases de suministro de Vietnam del Norte, pero en realidad los bombardeos tuvieron el efecto de neutralizar a Camboya como Estado: murieron 750.000 camboyanos y el 75% del ganado del país, fueron destruidas el 40% de las carreteras y el 30% de los puentes (algo particularmente grave en un país tan fluvial, la destrucción de puentes lo convirtió en un archipiélago de facto), y el incipiente sector industrial camboyano fue estrangulado en su cuna. Las cosechas de arroz degeneraron y una catastrófica hambruna, seguida de enfermedades, se apoderó del pequeño país.
Bombardeos estadounidenses en Camboya. En total, 113.716 lugares bombardeados por la USAF. Las municiones no-explosionadas (UXOs) siguen siendo un peligro en Camboya a día de hoy. La franja bombardeada sugiere que se pretendía crear una “zona muerta” estéril en la frontera del Este para evitar la expansión de la influencia vietnamita (por ende soviética) hacia Camboya y Tailandia. La dictadura de Pol Pot no fue más que una prolongación política y económica de esta estrategia militar estadounidense, que seguramente ahorró millones de dólares en bombas. Las mismas fronteras estatales de Indochina parecen concienzudamente trazadas para promover la balcanización territorial y especialmente dividir el recorrido del río Mekong, que viene a ser una salida natural de China.
Raramente se nos brinda una interpretación clara acerca de los acontecimientos que rodearon el ascenso al poder de Saloth Sar (conocido como Pol Pot) en Camboya. Cuando EEUU se retiró de Vietnam en 1975, el país comenzó a caer bajo la influencia de la URSS, cambiando desde su anterior referente, China (aliada de EEUU). Salió de la sombra en Camboya una extraña guerrilla comunista, el Khmer Rouge (o Jemer Rojo), que era virulentamente anti-vietnamita. Pol Pot, el obscuro jefe del movimiento, era claramente un agente del exterior cuyo interés era neutralizar Camboya como Estado fuerte, convirtiéndola en un agujero negro geopolítico y patio trasero de Tailandia ―a su vez patio trasero de EEUU. Pol Pot parecía simplemente ser el continuador de la política seguida por los bombardeos estadounidenses en 1973: bajo sus instrucciones, Camboya desmanteló todo su potencial industrial, sus ciudades, vías de comunicación, su red eléctrica, aniquiló a la intelligentsia (especialmente francófona) del país (bastaba tener gafas o saber hablar francés para ser detenido y ejecutado), hizo matanzas de católicos, llevó al cabo masacres arbitrarias, torturó y asesinó hombres, mujeres y niños sin distinción y exterminó, directa o indirectamente, a un tercio del pueblo camboyano en tan sólo cuatro años de terrorismo de estado. El enfermizo gobierno de Pol Pot fue expulsado en 1979 por el ejército vietnamita, cansado de lidiar con razzias polpotistas en su territorio, y los jemeres rojos escaparon a las selvas del Oeste. 
El resultado de las ejecuciones políticas, las torturas, el trabajo forzado, las enfermedades, el fanatismo y el hambre de la era de los jemeres rojos: entre 2 y 3 millones de muertos en sólo cuatro años. Nótese en la foto de arriba el fusil de asalto estadounidense M-16, procedente de la época en la que Washington utilizaba camboyanos conscriptos para luchar contra Vietnam del Norte. Muchos jemeres rojos eran adolescentes ex-niños soldado, embrutecidos tras una vida entera de guerra y fácilmente manipulados por la cúpula polpotista. El genocidio camboyano nunca tendrá en Hollywood el eco que han tenido otros genocidios históricos. 
Sin embargo, la pesadilla jemer no se esfumó aquí. En 1980, Estados Unidos estaba financiando en secreto a los jemeres rojos en la frontera de Tailandia. La magnitud de estas ayudas (como mínimo 85 millones de dólares entre 1980 y 1986) se conoció gracias a la correspondencia entre Jonathan Winer, abogado del Congreso de EEUU, y la Vietnam Veterans of America Foundation, así como al periodista australiano John Pilger. Washington también apoyó a los jemeres rojos en las Naciones Unidas: aunque el gobierno de Pol Pot había sido derrocado en 1979, gracias a la ayuda estadounidense, sus representantes continuaron ocupando el asiento de Camboya en la ONU. EEUU incluso presionó para que la “comunidad internacional” reconociese a los jemeres (que dominaban el 10% del territorio y de la población de Camboya) como refugiados, contraviniendo una convención de la ONU según la cual los sospechosos de crímenes contra la humanidad no pueden gozar de tal estatus. Washington mandó a personal de alto rango de la CIA para apoyar a Pol Pot en la selva, pasándole un mínimo de 5 millones de dólares anuales. Otros países que apoyaron la presencia de los jemeres rojos en la ONU fueron China, Reino Unido (cuyas fuerzas especiales SAS, visiblemente asqueadas, habían entrenado a los jemeres rojos durante años en sabotaje, enterramiento de minas y supervivencia en la selva), Australia y los países de la ASEAN (Singapur, Indonesia, Malasia, Filipinas y Tailandia ―a partir de 1984, también el petro-sultanato de Brunei, que había sido colonia británica hasta entonces) y de la Comunidad Económica Europea, a su vez presionados por la OTAN. El delegado británico, Lord Peter Carrington [1], secretario de Estado de Thatcher, llegó a declarar que Londres apoyaba a Pol Pot como gobernante legítimo del “pueblo jemer”. En Julio de 1985, George Shultz, Secretario de Estado de Washington, pidió apoyo para los continuos ataques de los Jemeres Rojos en Camboya.
Dos de los muchos responsables directos de lo que sucedió en Camboya bajo Pol Pot. Izquierda: George Shultz, Secretario de Estado del presidente Nixon. Derecha: Lord Carrington, Secretario General de la OTAN y ostentador de varios cargos políticos relacionados con la política exterior en Reino Unido entre los años 60 y 80.
EEUU también creó el KEG (Grupo de Emergencia Kampucheana) en la embajada estadounidense de Bangkok para distribuir ayuda humanitaria en los campos de refugiados de la frontera tailandesa, controlados férreamente por los jemeres. El KEG, oficialmente una organización humanitaria, era en realidad una tapadera para un proyecto del Departamento de Estado de EEUU cuyos directores eran oficiales de la CIA con años de experiencia en el Sudeste Asiático. A través de la World Food Program y del ejército tailandés, los jemeres recibieron 12 millones de dólares de comida, de la que se beneficiaron 20-40.000 guerrilleros según Richard Holbrooke, asesor del Secretario de Estado para Asia. Dos trabajadores humanitarios, Linda Mason y Roger Brown, escribirían después que “El Gobierno de EEUU insistió en que los jemeres rojos fuesen alimentados”.
En 1981, el geoestratega Zbigniew Brzezinski, asesor de Seguridad Nacional del presidente Carter, declaró “Yo animé a los chinos a que apoyasen a Pol Pot. Pol Pot era una abominación, nosotros nunca podríamos apoyarlo, pero los chinos sí”. EEUU, añadió, había “guiñado un ojo públicamente” mientras China y Tailandia mandaban armas a los jemeres rojos.
Reveladoramente, Pol Pot había estudiado en la universidad de la Sorbona en París, donde era fuerte la infiltración de movimientos trotskistas y maoístas financiados desde Washington y que no tenían absolutamente nada que ver con el Kremlin. Este tipo de movimientos, dirigidos contra la “dictadura” de De Gaulle en Francia ―hostil a EEUU―, son los que desembocaron en el Mayo del 68 y en la religión del progresismo, el multiculturalismo, el feminismo y la “corrección política”.
Tras la expulsión de los jemeres en el 79, Phnom Penh estaba bajo el control de un régimen pro-vietnamita. El ejército vietnamita había acorralado a los terroristas en la selva, impidiendo el regreso de Pol Pot. Pero la ONU, reconociendo hipócritamente a los jemeres como únicos gobernantes legítimos y rechazando al nuevo régimen pro-vietnamita (por tanto pro-soviético), decretó inauditamente un embargo total sobre Camboya. La nueva Camboya “des-jemerizada” fue excluida de todos los acuerdos de comercio internacional, se bloqueó la ayuda humanitaria, se prohibió que UNICEF y la Cruz Roja entrasen en el país, y en EEUU hasta llegaron a negarse permisos para mandar juguetes y libros a Camboya. Ningún Estado, ni siquiera Corea del Norte, fue tan claramente excluido de las ayudas humanitarias de la ONU en toda la historia como lo fue Camboya. A su lado, Palestina era un paraíso de las buenas relaciones internacionales. El único país que protestó en la ONU por este estado de cosas fue la URSS, que poseía dos importantes bases militares en Vietnam (Da Nang y Cam Ranh) y que sostenía las operaciones vietnamitas en Camboya. Hanoi, por su parte, estaba dispuesto a retirarse de Camboya… a cambio de que China y la OTAN dejasen de apoyar a Pol Pot y de que Tailandia dejase de proporcionar santuarios a los jemeres rojos [2]. Vietnam fue condenado por la “comunidad internacional” y hasta sufrió una invasión china de castigo. Desde las selvas, los jemeres seguirían organizando razzias en las que desestabilizaban el territorio y robaban grandes cantidades de madera para venderlas al extranjero. Según el mismo presidente chino Deng Xiaoping, la estrategia era “desangrar a Vietnam”.
Indudablemente, Washington quería cultivar Camboya como una especie de estéril Corea del Norte en el Sudeste asiático, un agujero negro geopolítico cuyo fin era interrumpir el flujo natural de influencias y mercancías, evitar que el poder de la URSS se expandiese más de la cuenta, atenazando potencialmente tanto a China como a Singapur, chocando con Tailandia (esfera de influencia estadounidense) y controlando ciertas ramas secundarias de la Ruta de la Seda que serían vitales para las exportaciones chinas en décadas posteriores. A EEUU no sólo no le molestó en absoluto la dictadura de Pol Pot ―que era anti-soviética, anti-vietnamita y pro-china―, sino que de hecho le convino.
Camboya repitió por tanto el macabro espectáculo que ya había tenido lugar con los bolcheviques en Rusia, las milicias del Frente Popular y las “brigadas internacionales” en España, los maoístas en China, los muyaidines en Afganistán, los “contras” en Nicaragua, los tigres tamiles en Sri Lanka, la UÇK en Kosovo u hoy en día con los narcos en Iberoamérica, el movimiento budista rakhine en Birmania y Al-Qaeda y otros grupos del “yihadismo salafista internacional” en el mundo musulmán: la financiación, lavado de cerebro y apoyo activo a un reducido pero violento y fanático grupo de criminales para desestabilizar un Estado y hacerle el trabajo sucio al eje Londres-Washington-Tel Aviv ―o, lo que es lo mismo, a la Finanza Internacional. Pol Pot se convirtió en uno más de un largo rosario de dictadores sanguinarios apoyados por Estados Unidos, desde Suharto en Indonesia hasta Mobutu en Zaire, junto con una ristra de tiranos iberoamericanos… muchos de ellos graduados en la US Army School of the Americas.  
Verdugos de Camboya apoyados tanto por EEUU como por China. Izquierda: Pol Pot. Derecha: Kang Kek Iev, alias Duch, director de varias cárceles, incluyendo la famosa S-21, donde se interrogaba y ejecutaba a los enemigos del régimen.
La ayuda del atlantismo a Pol Pot no se limitó a alimentar y entrenar a sus tropas o a proporcionar inmunidad diplomática a sus delegados a lo largo de los años 80. En 1991 ―mientras la URSS se desintegraba y EEUU atacaba el Iraq de Saddam Hussein― Washington y la Subcomisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, como parte del “esfuerzo de paz” en Camboya, garantizaron a los jemeres rojos que no serían juzgados por sus crímenes. Objetivo: favorecer una “transición” pacífica. Los diplomáticos de la ONU, EEUU y Australia se escudaban en la supuesta fuerza del Jemer Rojo para incluirlo en los planes de Camboya: no podemos dejar fuera de los acuerdos a un grupo armado de 40.000 hombres o el conflicto se prolongará. Bajo el acuerdo de paz de París de 1991, las tropas vietnamitas se retiraron del país, a los jemeres se les permitió volver a Phnom Phenh y hasta se les concedió de un cuarto a un tercio de la extensión rural de Camboya. 
La Unión Soviética, en pleno proceso de disolución, no estaba en condiciones de intervenir. A cambio de estas concesiones, los jemeres aceptaron no participar en las elecciones: ahora de repente, para la prensa internacional y para los diplomáticos atlantistas, los jemeres estaban “acabados” y “debilitados más allá de toda esperanza”. Entretanto, se convirtieron en uno de los grupos terroristas más ricos del mundo, vendiendo grandes extensiones de las selvas y yacimientos de piedras preciosas de Camboya al gobierno tailandés, así como estableciendo cuatro grandes bases en Tailandia… protegidas por soldados tailandeses. Camboya se abrió a los “inversores internacionales” como plataforma de mano de obra barata y el dinero extranjero comenzó a fluir a raudales por el país ―aunque sólo una reducida oligarquía local, a menudo de perfil ex-jemer, se ha forrado con ello.
La siempre difusa “comunidad internacional” puso al frente del país a Hun Sen, un  antiguo comandante jemer renegado, acusado por Amnistía Internacional de asesinar y torturar a miles de prisioneros con descargas eléctricas, hierros al rojo y bolsas de plástico. Bajo el liderazgo de Hun Sen, dictador de facto, Camboya está siendo efectivamente convertida en una provincia de Globalistán. Aproximadamente la mitad del país (incluyendo tierras alrededor del antiguo complejo arqueológico de Angkor Wat, las costas arenosas, los edificios coloniales de Phnom Phenh y las islas del suroeste) ha sido vendido a inversores extranjeros, desplazando a 700.000 personas de sus hogares y obligándoles a convertirse en proletarios neo-esclavos de las multinacionales globalistas. El neoliberalismo extremista del Partido del Pueblo Camboyano (CPP por sus siglas inglesas) permite que en Camboya se formen compañías 100% extranjeras que compren tierras camboyanas sin más, cosa que no sucede ni siquiera en paraísos esclavistas como Tailandia o Vietnam, donde los extranjeros sólo pueden ser accionistas minoritarios de la especulación de tierras y similares maniobras. Las tierras han pasado principalmente de las manos de agricultores de subsistencia a grandes agronegocios tailandeses, estadounidenses y británicos. Camboya entera está siendo privatizada bajo la mirada del Banco Mundial, y aquellos que se oponen han sido golpeados, encarcelados, asesinados y/o sus casas quemadas. Esta campaña de saqueo no ha sido condenada ni por EEUU, ni por China, ni por los países de la ASEAN.
Al fin EEUU y China tienen en Camboya un patio trasero al que pueden saquear impunemente. Obama y Hu Jintao estrechan manos con el dictador camboyano Hun Sen.
China, antigua enemiga de Camboya, también ha entrado fuertemente en el país. Además de construir infraestructuras de transporte, obviamente orientadas a mejorar el flujo del comercio chino, Beijing ha incorporado Camboya a su Collar de Perlas. El emplazamiento escogido ha sido las islas Kampong Som y el parque nacional de Ream, en la provincia de Sihanoukville. En estos lugares, China ha invertido grandes cantidades de capital para mejorar el acceso a puertos y ha empleado el atractivo de la biodiversidad para emprender la construcción de infraestructuras turísticas. Probablemente, Beijing alberga la esperanza de que Sihanoukville se convierta en una estación intermedia entre el Mar del Sur de China y el estratégico istmo de Kra y/o el proyecto birmano de Dawei, que veremos más abajo.
Pol Pot fue detenido en 1997 y murió un año después durante su laxo castigo: arresto domiciliario, una pena mucho más suave que la que le puede caer a un ciudadano español de hoy en día por ejercer su derecho a la legítima autodefensa. Hoy, los medios de comunicación se complacen en presentarnos al tirano como un monstruo ―lo cual es cierto, pero también peligroso, ya que Pol Pot era un agente. Obcecarnos con él hace que nos olvidemos de los verdaderos monstruos: sus promotores con corbata en Washington, Londres, Hong Kong, Beijing, Singapur, Canberra, Brunei, Bangkok, Bonn, Estocolmo y otros centros del poder globalista de entonces.
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2 respuestas a Camboya: Pol Pot y el “comunismo talibán” de los Jemeres Rojos

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