La Civilización Americana – Julius Evola

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La Civilización Americana

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Con este texto publicado en 1945 (es decir, antes de que Evola resultara gravemente herido por un bombardeo aliado, encontrándose en Viena) creemos haber publicado ya lo esencial de su análisis sobre la civilización americana. Ciertamente, el autor recupera y amplia esta temática en el último capítulo de la II Parte de “Revuelta contra el Mundo Moderno”. Lo fundamental es recordar que, a pesar de haber sido escrito hace más de sesenta años, este artículo conserva toda su actualidad y vigencia. Ha sido traducido por Carlos Gómez, autor también de la introducción que precede.

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  Civilización Americana

Julius Evola

[Traducción: Carlos Gómez]

Introducción

En aquellos tiempos EE.UU. se descubría la nación líder del mundo y el modelo de civilización a seguir. Después de la Segunda Guerra Mundial parecía que el futuro de la Humanidad seria definido por el enfrentamiento entre EE.UU. y la URSS. En un lado estaba la Unión Soviética, como encarnación pura del ideal proletario; en el otro, estaba Estados Unidos, ofreciendo la ideología mas burguesa que el mundo haya visto. Esos dos ideales eran percibidos modelos opuestos e irreconciliables de existencia, dos alternativas sociales, ideológicas, políticas y culturales contrapuestas; sin embargo,  Evola afirmaría la similitud entre los dos sistemas en un articulo de 1929 en Revuelta contra el mundo moderno. Pese a las diferencias culturales, en comportamiento, en temperamento, y trayectoria histórica, habían aspectos que hacían converger a los dos sistemas: la ausencia de significado de una vida centrada en la esfera económica y productiva, la tendencia a la mecanización y despersonalización de toda actividad humana, la colectivización de inmensas masas de individuos alienados por la movilidad de una sociedad frenética e incansable, la negación de toda noción de trascendencia (ya sea por la imposición del ateísmo estatal o por medio de la reducción de toda perspectiva religiosa a un moralismo banal y ridículo); el carácter sin forma y sin alma del arte, la utilización de todos los recursos intelectuales en exclusivo beneficio del crecimiento cuantitativo. Según Evola, los dos sistemas solo tenían una diferencia relevante: la que radicaba en el tipo de estructura política que tenía cada uno y en la forma de proceder en la implementación de su programa común. La dictadura soviética se sostenía en la propaganda y en el uso de métodos brutales de administración que negaban todo derecho cívico, entre los que se incluía la represión armada de cualquier rebelión popular. En la América “democrática” y capitalista el mismo fin se lograba con el discurso sobre el inevitable desarrollo de la sociedad que era realizado solo una vez que el hombre se hiciera más materialista y desligado de todos los lazos con la realidad espiritual y se absorbiera en una existencia unidimensional. En ese sentido el modelo de existencia americano era mas destructivo que el marxista.

Evola afirma que la “igualdad” es el principio dominante de la sociedad americana, aunque, no es mas que una igualdad en degradación. Un principio que es el resultado de la laicización del discurso igualitario de los Evangelios del “Nuevo Testamento”, en el que, por ejemplo, Jesús promete que después de haber destruido completamente la Tierra y torturado a los pecadores entre la población durante el Apocalipsis, sus escogidos se levantaran de sus tumbas, transformados milagrosamente en seres iguales sin diferencias sexuales, étnicas, económicas, cronológicas o de estatura, e indistinguibles unos de otros como abejas de un panal y vivirán para siempre felices en una Jerusalén dorada carente de las privaciones padecidas en la tierra. América seria otra materialización herética de la utopía milenarista cristiana.

Evola acusa a la sociedad americana de crear un tipo de ser humano vacío, cuyo único punto de referencia es el enriquecimiento personal, financiero o “psicológico”; un ser incapaz de criterio autónomo, conformista, que ha sido domesticado por una vida fácil material desprovista de todo impulso idealista. Mas que ser la cumbre del progreso humano, la sociedad americana representa la etapa mas avanzada de desintegración de la civilización moderna. Y así sucede porque la regresión que sufre América se realiza en todos los niveles sociales y no es resistida por nadie: por lo tanto es un fenómeno espontáneo y natural que permea también a Europa (gracias a la influencia política de EE.UU.).

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El recientemente fallecido John Dewey ha sido declarado por la prensa norteamericana la figura mas representativa de la civilización americana. Esto es bastante acertado. Sus teorías son representativas del concepto del hombre y de la vida que tienen el Americanismo y su “democracia.”

La esencia de esas teorías es esta: todos pueden convertirse en lo que quieran, dentro de los límites que marquen los medios tecnológicos disponibles. Igualmente, una persona no es lo que dicta su verdadera naturaleza,  por lo que no hay diferencias reales entre las personas, solo diferencias en cualificaciones. Según esta teoría todos pueden ser como otra persona si saben como entrenarse a si mismos.

Este es el ideal del “self-made man”; en una sociedad que ha perdido todo sentido de tradición el ideal del engrandecimiento individual se extiende a todos los aspectos de la existencia humana, reforzando la doctrina igualitaria de la democracia pura. Si se aceptan tales ideas, entonces toda la diversidad natural tiene que ser abandonada. Así, cada persona puede presumir de poseer el mismo potencial que otra y los términos “superior” e “inferior” pierden su significado; también toda noción de distancia y respeto; ya que todos los estilos de vida están abiertos a todos. Frente a todas las concepciones orgánicas de la vida, los americanos oponen una concepción mecanicista.  En una sociedad que “empezó desde abajo,” todo tiene la característica de ser fabricado. En la sociedad americana las apariencias son mascaras y no rostros. Al mismo tiempo, los proponentes del American way of life son hostiles al ideal de la personalidad.

La “apertura mental” de los americanos que a veces es citada a su favor, es simplemente la otra cara de su vacío interior. Igual sucede con su “individualismo.” El individualismo y la personalidad no son lo mismo: el primero pertenece al mundo sin forma de la cantidad, el otro al mundo de la cualidad, la diferencia y la jerarquía. Los americanos son la refutación viviente del axioma cartesiano “pienso, luego existo”: los americanos no piensan, sin embargo, existen. La “mentalidad” americana, pueril y primitiva, no tiene una forma característica y así esta abierta a todos los tipos de estandarización.

En una civilización superior, como, por ejemplo, aquella de los indoarios, el ser que carece de una forma característica o casta (en el sentido original de la palabra), es un paria. En este aspecto, América es una sociedad de parias. Hubo un papel para los parias: someterse a seres que tienen forma y leyes propias definidas. Sin embargo, los parias modernos se han emancipado y desean ejercer su dominio en todo el mundo.

Hay una idea popular que sostiene que Estados Unidos es “una nación joven” con “un gran futuro por delante.” Así, los defectos americanos son descritos “errores de la juventud” o “dolores del crecimiento.” No es difícil observar como el mito del progreso ha tenido una gran influencia en tal juicio de valor. Según la idea de que todo lo nuevo es bueno, América tendría un papel privilegiado que jugar entre las naciones civilizadas. Estados Unidos intervino en la Primera Guerra Mundial como el defensor del “mundo civilizado” por excelencia. La nación “mas evolucionada” no solo se creyó con el derecho sino también con el deber de intervenir en los destinos de otros pueblos. Sin embargo, la estructura de la historia es cíclica mas no evolutiva. La mayoría de las civilizaciones recientes no son necesariamente “superiores”. Mas bien, son seniles y decadentes. Hay una correspondencia entre la etapa mas avanzada de un ciclo histórico y la mas primitiva. América es la etapa final de la trayectoria histórica de Europa moderna. Guenon llamo a América “el lejano oeste”, en el sentido que EE.UU. representa el reductio ad absurdum de los aspectos mas negativos y seniles de la Civilización occidental. Lo que en Europa existe en forma diluida es magnificado y concentrado en Estados Unidos revelándose como los síntomas de desintegración y de regresión cultural y humana. La mentalidad americana solo puede ser interpretada como un ejemplo de regresión, que se manifiesta en su incapacidad e incomprensión de toda sensibilidad superior. La mente americana tiene horizontes limitados, reducidos a todo lo que es inmediato y simplista, con la consecuencia inevitable de que todo lo que existe es banalizado, reducido y nivelado hasta que pierde todo carácter espiritual. La vida en sentido americano es enteramente mecánica. El sentido del “Yo” en América es reducido enteramente al plano físico-material de existencia. El americano típico no tiene dilemas ni complicaciones espirituales: es un conformista “natural” que se integra fácilmente al resto del enjambre sin rostro.

La primitiva mentalidad americana solo puede ser comparada a una mentalidad infantil. La mentalidad americana es característica de toda sociedad regresiva.

La moralidad americana

Es ficticio el tan admirado sex appeal de la mujer americana que es mostrado en las peliculas y revistas. Una reciente investigación medica en EE.UU. mostró que el 75% de las jóvenes americanas carecen de una fuerte sensibilidad sexual y que en vez de satisfacer su libido prefieren buscar el placer narcisista en el exhibicionismo, la vanidad del culto al cuerpo y la salud en sentido estéril. Las chicas americanas no “tienen problemas con el sexo”, son “fáciles” para el hombre que ve el proceso sexual como algo aislado y por consiguiente poco interesante. Así, por ejemplo, luego de ser invitada a ver una película o a bailar, es positivo, según las costumbres americanas, que una chica se deje besar sin que tal acto signifique nada en el plano sentimental. Las mujeres americanas son frías, frígidas y materialistas. El hombre que “tiene algo” con una chica americana esta bajo obligación material con ella. La mujer le ha concedido un favor material. En el divorcio la ley americana favorece mayoritariamente a la mujer. Las mujeres americanas piden el divorcio una vez que han conseguido un mejor candidato. Es un caso frecuente en América que una mujer este casada con un hombre pero que ya este “comprometida” con el futuro esposo, el hombre con el que piensa casarse luego de un divorcio muy enriquecedor. En América, el matrimonio no es mas que una relación monetaria, una forma de prostitución legal.

“Nuestros” medios de comunicación americanos

La americanización de Europa se extiende y se hace cada vez mas evidente. En Italia, es un fenómeno que se ha desarrollado rápidamente en estos años de la posguerra y que es considerado por la mayoría de las personas, sino en forma entusiasta, al menos algo natural. Hace algún tiempo escribí que de los dos grandes peligros que confronta Europa – el americanismo y el comunismo — el primero era el mas negativo. El comunismo solo es un peligro por las consecuencias represivas que acompañarían a la imposición de la dictadura del proletariado. Mientras que la americanización se impone por medio de un proceso de infiltración gradual, que modifica las mentalidades y costumbres, y que parece inofensivo pero realiza una perversión y degradación contra la cual es imposible de luchar directamente. 

Los italianos son débiles para empezar una lucha tal. Al olvidar su propia herencia cultural, rápidamente ven en EE.UU. una especie de guía en el mundo. Cualquiera que desee ser moderno tiene que medirse según el criterio americano de vida. Es triste ver a una nación europea devaluarse así. La actual veneración de América no tiene nada que ver con el interés cultural respecto a como otro pueblo vive. Al contrario, el servilismo hacia Estados Unidos lleva implícita la idea que no hay otra forma de vida aceptable que la americana.

Nuestro servicio radial ha sido americanizado. Sin ningún criterio de lo que es superior o inferior, solo sigue los temas de moda del momento y de lo que es considerado “aceptable” — es decir, aceptable para el segmento mas americanizado del publico, el cual también es el mas degenerado.  El resto de nosotros simplemente es arrastrado por esta ola. El estilo de presentación de la radio también ha sido americanizado. “¿Quien, luego de escuchar un programa de radio americano, no puede sino considerar que la única forma de escapar al comunismo es americanizandose?” Esas no son las palabras de observador externo sino de un sociólogo americano, James Burnham, profesor en la Universidad de Princeton. Tal juicio de parte de un americano debería avergonzar a los programadores italianos de la radio.

Una de las consecuencias de la “democracia” es la intoxicación de la gran mayoría de la población, la cual no es capaz de discriminar y que cuando no esta guiada por un poder y un ideal, rápidamente pierde todo sentido de identidad.

 

El orden industrial en América

Werner Sombart resumió en su estudio clásico sobre el capitalismo, el significado de la ultima etapa del capitalismo en el adagio “Fiat producto, pareat homo” [Un producto de Fiat, parece el Hombre”].   Asi, el capitalismo es un sistema en el que el valor del hombre es estimado según la cantidad de mercancía que produzca o invente. Las doctrinas socialistas nacieron en reacción a la inhumanidad de este sistema.

Una nueva fase se ha iniciado en los Estados Unidos donde hay un incremento del interés en las llamadas relaciones laborales. En vez de una mejora: realmente es un fenómeno nocivo. Los empresarios y los patronos terminaron por reconocer la importancia del “factor humano” en una economía productiva, y que es un error ignorar el individuo implicado en la industria: sus motivos, sus sentimientos, su vida en el trabajo. Así pues, se ha desarrollado toda una escuela que estudia las relaciones humanas en la industria, basada en el conductismo. Estudios como Human Relations in Industry por B. Gardner y G. Moore proporcionan un análisis desmenuzado del comportamiento de los empleados y de sus motivaciones con el objetivo preciso de definir los mejores medios de hacer frente a todos los factores que pueden obstaculizar la maximización de la producción. Algunos estudios no vienen ciertamente de trastienda sino de la dirección, fomentados por especialistas de distintas escuelas. Las investigaciones sociológicas llegan hasta a analizar el ambiente social entre los empleados. Esta clase de estudio tiene un objetivo práctico: el mantenimiento de la satisfacción psicológica del empleado es tan importante como la física. En los casos donde un trabajador está vinculado a un trabajo monótono que no pide una gran concentración, los estudios llamarán la atención sobre el “peligro” que su espíritu pueda extraviarse en una dirección que pueda finalmente reflejarse negativamente en su actitud hacia el trabajo.

Las vidas privadas de los empleados no se olvidan — por ello el aumento de la denominada asesoría personal. Se llama a especialistas para disipar la ansiedad, las perturbaciones psicológicas y los “complejos” de no adaptación, hasta el extremo de dar consejos relativos a los problemas más personales. Se utiliza mucho la técnica psicoanalítica para hacer “hablar libremente” al individuo y de poner de relieve los resultados obtenidos por esta “catarsis”.

Nada de eso intenta la mejora espiritual de los seres humanos o la solución de problemas verdaderamente humanos, tal como los comprendería un Europeo en esta “edad de la economía”. Del otro lado de la Cortina de Hierro, se trata al hombre como una bestia de carga y su obediencia es garantizada por el terror y el hambre. En los Estados Unidos se ve al hombre también como un factor de trabajo y consumo, y ningún aspecto de su vida interior se descuida, y cada factor de su existencia tiende a la misma finalidad. En el “país de la libertad”, por todos los medios de comunicación, se le dice al hombre que alcanzó un grado de felicidad inigualada. Se le invita a olvidar quien es, de dónde vino, y a simplemente gozar del presente.

La “democracia” americana en la industria

Hay una contradicción significativa y creciente en los Estados Unidos entre los valores de la ideología política dominante y las estructuras económicas efectivas de la nación. Se ha consagrado una gran parte de los estudios sobre la “morfología del trabajo” a este tema. Los estudios corroboran la impresión de que la empresa americana está muy lejos de ser una organización que corresponda al ideal democrático señalado por la propaganda americana. Las empresas americanas tienen una estructura “piramidal”. Constituyen la cumbre de una jerarquía articulada. Las grandes empresas americanas son dirigidas de la misma manera que los Ministerios gubernamentales y son organizadas según líneas similares. Tienen cuerpos de coordinación y control que separan a los dirigentes de la empresa de la masa de los empleados. Más que devenir más flexible, en sentido social, “la élite gerencial” (Burnham) se hace más autocrática que nunca – lo que permite que sintonice bien con la Política Exterior americana.

Es el fin de otra ilusión americana. América: “el país donde todo el mundo tiene su oportunidad”, dónde todas las posibilidades existen para todo el que sepa aprovecharlas, un país donde cada uno puede elevarse de la miseria a la riqueza. Al principio había una “frontera abierta” que conquistar, para todos. Aquella fue cerrada y la próxima nueva “frontera abierta” era el cielo, el potencial ilimitado de la industria y el comercio. Como Gardner, Moore y muchos otros lo mostraron, también ha alcanzado sus limites, y las oportunidades van reduciéndose. Por la especialización del trabajo, siempre creciente en el proceso productivo, y de la insistencia en la valoración de las “calificaciones”, es evidente para los Americanos que sus hijos no “llegaran más lejos” que ellos. Así es que en la democracia política de los Estados Unidos, la fuerza y el poder del país, es decir, la industria y la economía, son cada vez más manifiestamente antidemocráticos. El problema es entonces: ¿la realidad debe adaptarse a la ideología, o viceversa? Hasta una fecha reciente, se demandaba la solución antigua, es decir, el retorno a la “verdadera América” igualitaria de la empresa sin obstáculos y del individuo emancipado de todo control del Gobierno central. Sin embargo, hay también quienes preferirían limitar la democracia para poder adaptar la teoría política a la realidad comercial. Si se retira la máscara de la “democracia” americana, se vería claramente hasta qué punto la “democracia” en América (y en otras partes) es solamente el instrumento de una oligarquía que utiliza un método “de acción indirecta”, garantizándose la posibilidad de abusar y engañar a una gran mayoría de aquellos en otra circunstancia aceptarían un sistema jerárquico porque simplemente es el único que funciona. Este dilema de la “democracia” en los Estados Unidos podría un día dar lugar a interesante evolución.

[Artículo publicado en 1945]

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