La cuestión económica del fascismo

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LA CUESTIÓN ECONÓMICA DEL FASCISMO

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Por Suárez Pola

El análisis del Fascismo como fenómeno social siempre se ha realizado desde las diferentes posiciones ideológicas, de manera que se han creado diferentes opiniones subjetivas que nos han impedido comprender el total que este movimiento representa. El ejemplo práctico de este análisis subjetivo como también de la desinformación se encuentra en el estudio de la economía fascista.

El Fascismo surge como un movimiento cultural que se gesta alrededores de principios del Siglo XX y que luego encontrará las condiciones necesarias para que se transforme en acción política. ¿Pero qué es lo que se genera alrededor de 1900?

Para empezar, es preciso hacer un breve resumen de lo que ocurre a partir de la Revolución Francesa. Las revoluciones liberales suponen la ruptura con la sociedad anterior, sociedad basada en estamentos, en los que se clasificaban las personas. Durante un largo periodo de tiempo, va surgiendo desde el pueblo llano un nuevo grupo que se consolida económicamente pero que carece de privilegios políticos, este grupo es la burguesía. Es clave entender esto ya que hay bastantes análisis que clasifican a estas revoluciones como revoluciones burguesas, que si bien también estaba presente el pueblo, la burguesía también formaba parte del mismo en lo que llamamos como el Tercer Estado. El triunfo de las ideas liberales, pone en marcha un nuevo tipo de sociedad que se entiende como el conjunto de individuos desde una posición no colectiva, el individuo como eje central del cuál deriva todo lo demás. Políticamente, se van abriendo paso nuevas fórmulas de poder en las que el rey como la nobleza pierden privilegios. Económicamente, se va produciendo un gran avance debido a la aparición de las fábricas, de las industrias. Esto supone un traspaso de capital humano desde los campos, donde la mejora de la tecnología aumentó la producción, a la ciudad, que es donde se concentraban las fábricas, por lo que nos encontramos con un nuevo tipo de sociedad que se desarrolla en un nuevo espacio: la ciudad. Nos encontramos con el Capitalismo, basado en la propiedad privada de los medios de producción a través del capital. Poco a poco, todos estos engranajes rupturistas con el Antiguo Régimen se van complementando unos con los otros y configuran un mundo nuevo. En sus inicios, suponen un gran aumento en la tecnología así como en la producción, pero va a dar lugar a las mayores injusticias. La nueva sociedad se va dividiendo en dos clases sociales: la primera es la gran beneficiada de la revolución liberal, la burguesía, la segunda clase es la consecuencia directa de todo lo producido anteriormente, el proletariado. Fueron las nuevas relaciones de producción las que proletarizaron a la masa obrera. Esta nueva división dio lugar a grandes masas asalariadas que no disponían de las mejores condiciones de trabajo y que pronto empezarían a reclamar lo que les pertenecía. Las teorías marxistas analizaron esto con bastante éxito y pusieron énfasis en la lucha del proletariado contra la burguesía, la lucha de la clase obrera. Pero estos análisis de la sociedad van a encontrar un obstáculo cuando el liberalismo de sufragio restringido se transforma en democracia liberal y con un sufragio más amplio que tendrá como consecuencia el acceso de las clases bajas a los procesos democráticos. Las  predicciones de Marx no parecen cumplirse y el proletariado consigue acceso a las mejoras de condiciones, por lo que se produce un nuevo cambio. Estas clases bajas van teniendo acceso a la alfabetización, a la escuela, a la cultura y a la toma de decisiones, por lo que se produce una transformación de la conciencia; se va dejando de lado el énfasis puesto por teóricos anteriores en la lucha proletaria de clase para transformarse en un acercamiento del proletariado a la nación, de manera que poco a poco se va nacionalizando.

Después de repasar esta nuevas condiciones, se produce inevitablemente un revisionismo del marxismo hasta ahora conocido, un revisionismo antimaterialista y antirracionalista que pondrá en duda las bases económicas marxistas. El sindicalismo revolucionario de George Sorel es el que realizará esta tarea. Es decir, la izquierda se plantea lo que hasta ahora no se habían planteado, significando esto la creación de un nuevo componente que estará presente en el Fascismo, de ahí que sean cada vez más personas las que le atribuyan al Fascismo indudablemente su origen de izquierdas. Debemos tener en cuenta que el nuevo revisionismo revolucionario soreliano se gesta alrededores de principios del Siglo XX, lo que viene a afirmar que los componentes del Fascismo no surgen de la nada sino que se desarrollan en cadena a partir de unas circunstancias anteriores a los Fasci de Combattimento. Otro componente del Fascismo es un nuevo nacionalismo rupturista con el que se produce a partir de la Revolución Francesa. Las revoluciones burguesas concebían la sociedad, como hemos visto anteriormente, como un conjunto agregado de individuos independientes, mientras que el nuevo nacionalismo, en el que Maurice Barrès se presenta como teórico, entiende a la colectividad como un conjunto orgánico nacional que antepone los intereses de la colectividad a los intereses de los individuos, todo existe para completar los intereses de la colectividad. También es imprescindible destacar como teórico nacionalista italiano a Enrico Corradini. Este teórico del nacionalismo italiano llama al pacto de solidaridad entre todas las clases italianas al mismo tiempo que emplea en 1910 el término de socialismo nacional. Sin embargo, da también lugar a lo que se conoce como Naciones Proletarias: ”es necesario, ante todo, que los italianos comprendan que su país constituye, material y moralmente, una nación proletaria; es preciso, enseñarles la necesidad de la guerra internacional del mismo modo que el socialismo enseña a los obreros los principios de la lucha de clases, es preciso en definitiva, establecer la paz entre el proletariado y la nación.”. De este nuevo concepto llamado Nación Proletaria, hablará también Mussolini como contrapeso de las Naciones Plutocráticas. Cierto es que Corradini no renuncia a la violencia como motor de la historia, pero cambia del marxismo la violencia de clases por la violencia internacional, siendo para ello necesario la reconciliación de los grupos dentro de la nación que hasta ahora eran antagónicos. Es curioso cómo a la vez que se produce una reconciliación entre clases, se destaca la nueva concepción de la Nación como una nación proletaria, siendo esto hasta el momento totalmente nuevo. Resultaría difícil escuchar a un burgués hablar de este tipo nuevo de nación. El proletariado había rechazado a la nación ya que ésta estaba dirigida por burgueses, siendo éstos los verdaderos propietarios de ella, pero este nuevo nacionalismo cambiará esa relación. En definitiva, tenemos presente un nuevo movimiento que nace de la izquierda y presenta una nueva síntesis hasta ahora desconocida, la síntesis de lo nacional con lo social.  Sin embargo, no es preciso destacar esta nueva concepción de reconciliación de clases como fin último de la economía fascista.

Si bien es cierto que existe este nuevo socialismo nacional basado en la idea de la nación como conjunto colectivo superior a intereses individuales y que nos habla de la reconciliación de clases, esto no es lo primero a destacar cuando surgen los Fasci Italiani di Combattimento. Este nuevo movimiento presentó en su programa, claramente de izquierdas, el problema de la lucha de clases y posibles soluciones. Aquí algunos puntos económicos del programa interesantes:

Control de las tierras por parte de los campesinos, jornada legal de ocho horas, participación de los obreros en el desarrollo de las empresas y en sus beneficios, eliminación de la banca especulativa, administración de las industrias y servicios públicos por parte de las organizaciones proletarias, fuerte impuesto sobre el capital con carácter progresivo que tenga la forma de una verdadera expropiación de todas las riquezas, la confiscación de todos los bienes de las congregaciones religiosas y la abolición de todas las bulas episcopales que constituyen una enorme responsabilidad para la nación y un privilegio para unos pocos y la nacionalización de todas las fábricas de armas y explosivos.

Como vemos, este nuevo programa, del que cabe destacar también su posición republicana, tiende a la mejora de condiciones de la clase proletaria y a la participación en los beneficios de las empresas rompiendo así con las relaciones capitalistas de producción. Anteriormente, el capitalista era el que repartía salarios fijados a los trabajadores mientras el beneficio común le pertenecía a él por ser el propietario del capital. Este nuevo ascenso del proletariado al control de las industrias y al acceso de los beneficios producidos lo elevarán de la condición de simple asalariado para incorporarlo directamente a la producción. Claramente, un burgués nunca podría defender un programa como éste. Los análisis del Fascismo como reacción de la burguesía ante el avance del movimiento obrero quedan en evidencia cuando se profundiza en los orígenes del movimiento fascista. El Fascismo como movimiento revolucionario supo adaptarse a las circunstancias en el momento que le tocó actuar y presentó ser un movimiento más fuerte que otros que se disputaban la conquista del poder. Cierto es que para el desprestigio del Fascismo, existe posteriormente a sus inicios, una alianza indudable con los elementos reaccionarios venidos de la derecha que ven al Fascismo como ariete contra los adversarios de sus privilegios. Vamos a explicar esto, para ello, tomaremos el programa del Partido Nacional Fascista como también sus principales puntos ideológicos y lo compararemos con aquel programa socialista de los Fasci di Combattimento:

Aceptación a la monarquía de la Corona de los Saboya y el Rey Víctor Manuel III , férrea defensa de la clase obrera y el campesinado, control corporativo de los empresarios y trabajadores para cubrir sus necesidades, mantenimiento de las propiedades privadas y acuerdo de industriales con la clase obrera.

Vemos un cambio muy profundo en las medidas que se pretenden tomar. Donde antes estaba la defensa de una República, ahora vemos la aceptación de la Corona, donde antes veíamos el acceso del proletariado al control de las industrias y servicios públicos, ahora vemos el control corporativo de los empresarios y trabajadores como también la defensa de la propiedad privada. Lo único destacable es un punto en el que se señala la defensa férrea de la clase obrera y el campesinado, como condicionante a lo nuevo que se presenta. ¿Hay dudas de que este cambio de pensamiento no es forzado? Creemos que no. Este cambio es forzado por elementos reaccionarios como condición necesaria para que el Fascismo llegue al poder. Este nuevo programa basado en la colaboración de clases si responde al nuevo nacionalismo del que hablamos anteriormente. Y es que la mayoría de los análisis del Fascismo toman como regla económica el corporativismo cuando en realidad el corporativismo es la base del Fascismo para un nuevo orden social posterior.

Mussolini trabajando en la campaña del trigo (1938)

El corporativismo económico se basa en la organización de la producción en corporaciones y en la creación de una nueva situación basada en la colaboración de clases para servir a la colectividad. En este sistema, cada grupo va a defender sus posiciones teniendo como juez al Estado que velará por la colectividad. Esto se resume en la reunión de empresarios, trabajadores y como manda más, el Estado. Es una manera de apropiarse de los elementos beneficiosos del capitalismo para servir a la nación, pero este tiene también sus consecuencias. El corporativismo no eliminó el capitalismo sino que redujo sus efectos negativos. Seguían existiendo unos hombres que tenían el capital pero que vivían a base del esfuerzo de otros que aportaban el trabajo. La burguesía había sido derrotada cuando caen las instituciones burguesas pero seguían manteniendo poderes a través del capital. De ahí que los elementos reaccionarios de los diferentes países europeos fueran partidarios del Estado Corporativo y fuerte. Pero sin embargo, a pesar de que esta situación estaba presente, se defendía la nueva organización por ser más justa, más social, que la de otras naciones que también tenían sus revoluciones conseguidas. Así vemos las declaraciones de Nicola Bombacci, uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano:

El fascismo ha hecho una grandiosa revolución social, Mussolini y Lenin. Soviet y Estado fascista corporativo, Roma y Moscú. Mucho tuvimos que rectificar, nada de qué hacernos perdonar, pues hoy como ayer nos mueve el mismo ideal: el triunfo del trabajo (…) ¡Roma ha vencido!… Moscú materialista semi-bárbara, con un capitalismo totalitario de Estado-Patrono, quiere unirse a marchas forzadas (planes quinquenales), llevando a la miseria más negra a sus ciudadanos, a la industrialización existente en los países que durante el siglo XIX siguieron un proceso de régimen capitalista burgués. Moscú completa la fase capitalista. … Roma es bien otra cosa. … Moscú, con la reforma de Stalin, se retrata institucionalmente al nivel de cualquier Estado burgués parlamentario. Económicamente hay una diferencia sustancial, porque, mientras en los Estados burgueses el gobierno está formado por delegados de la clase capitalista, el gobierno está en manos de la burocracia bolchevique, una nueva clase que en realidad es peor que esa clase capitalista porque sin control alguno dispone del trabajo, de la producción y de la vida de los ciudadanos…” A lo que más tarde, en la última etapa de su vida, ya entrada la República Social Italiana, añadía: ”Fascismo como única verdadera revolución y realización del triunfo del trabajo”  ”¡Que viva Mussolini!, ¡Que viva el socialismo!”

Mussolini puso en práctica todo lo aprendido anteriormente de aquellos sindicalistas revolucionarios que décadas antes rompieron con los dogmas establecidos de una manera contundente y eficaz en la práctica.

No hay duda de que las alianzas con las fuerzas reaccionarias están presentes en un primer momento, pero estas alianzas no convierten al Fascismo en un movimiento reaccionario, sino que le incorpora elementos extraños al mismo. Los análisis marxistas del Fascismo se equivocan en la cuestión de reacción. El Marxismo parte de que el Fascismo surge como reacción de la burguesía para frenar al movimiento obrero, pero aquí enfocaremos la situación de otra manera. El Fascismo modificado, ya que en sus principios se presentaba de otra manera, en los instantes antes de llegar al poder y en la práctica en una primera etapa, es la reacción de la burguesía no ante el supuesto movimiento obrero sino la reacción al ascenso del Fascismo, incorporando a éste aspectos no propios del mismo por circunstancias ligadas al contexto. Pero al Marxismo le interesa que se tenga esta visión del movimiento social fascista para mantener a la masa obrera bajos sus banderas internacionalistas ante una nueva fuerza revolucionaria que se presenta mucho más fuerte. Todos estos elementos que se adhieren al Fascismo no son propiamente fascistas, son ajenos a él, y que en última instancia serán eliminados.

Resumiendo esta primera etapa, nos encontramos con un Fascismo que destruye las instituciones propias de las democracias burguesas y al mismo tiempo se desmarca de los dogmas establecidos. Un Fascismo que tiene que reducir su impacto revolucionario ante elementos reaccionarios pero que sin duda, pone en práctica un nuevo sistema que será mucho más justo que todo lo conocido hasta ahora, un sistema que ni mucho menos es el fin de la economía fascista como nos han hecho creer. Como dijo Mussolini en el año 1933: ” El Corporativismo es un punto de partida, no de llegada”. Lo que nos deja la siguiente pregunta en el aire. ¿Dónde está ese punto de llegada? No lo sabemos. El Fascismo fue derrotado militarmente y no pudo terminar su obra. Pero sí que nos podemos acercar a este punto de llegada si tenemos en cuenta un periodo que para muchos pasa como insignificante y que no vale la pena destacar, mientras que para otros es un momento del Fascismo que no se puede ignorar. Llegamos a la República Social Italiana en el año 1943. La República Social Italiana representa al Fascismo revolucionario de los inicios, identificado en los Fasci Italiani di Combattimento del año 1919. A este nuevo contexto nos debemos de acercar a través del Manifiesto de Verona y del Decreto de Ley de Socialización de Empresas.

Cabe destacar algunos puntos del Manifiesto de Verona que son importantes: ”Sea convocada la Asamblea Constituyente, poder soberano, de origen popular, que declara la dejación de la Monarquía, condena solemnemente al último rey como traidor y prófugo, proclama la República Social y nombra al jefe de ésta. Abolición del sistema capitalista interno y lucha contra las plutocracias mundiales. La propiedad privada, fruto del trabajo y del ahorro individual, complemento de la personalidad humana será garantizada por el Estado. Sin embargo, la propiedad no debe convertirse en desintegradora de la personalidad física o moral de otros hombres, por medio de la explotación laboral. En la economía nacional todo aquello que, por dimensión o función, exceda el interés individual para entrar en el interés colectivo, pertenecerá a la esfera de acción que le es propia al Estado. Los servicios públicos y, por lo general, la industria militar deberán ser gestionados por el Estado, a través de entidades para-estatales. En cada empresa (industrial, privada, para-estatal o estatal) los representantes de los técnicos y de los obreros cooperarán estrechamente (a través de un conocimiento directo de la gestión) en la equitativa fijación de los salarios; así como al reparto equitativo de los beneficios, entre el fondo de reserva, la renta del capital accionarial y la participación en los beneficios mismos por parte de los trabajadores. En algunas empresas esto podrá darse con una extensión de las prerrogativas de las actuales comisiones de fábrica, compuestas por técnicos y obreros, con un representante del Estado; en otras incluso, en forma de cooperativa para-sindical. En la agricultura, la iniciativa privada del propietario encontrará sus límites, allí donde la propia iniciativa faltare. La expropiación de las tierras no cultivadas y de las explotaciones agrícolas mal gestionadas, podrá llevar a la partición de las mismas en lotes entre los jornaleros, para convertirlos en agricultores autónomos, o a la constitución de cooperativas para-sindicales o para-estatales. Según varíen las exigencias de la economía agrícola. Esto, por otra parte está previsto por las leyes vigentes, a cuya aplicación, el Partido y las asociaciones sindicales están imprimiendo el impulso necesario. Está plenamente reconocido a los agricultores autónomos, a los artesanos, a los profesionales y a los artistas, ofrecer y ejercer las propias actividades productivas individuales por familias y por sociedades, salvo las obligaciones de consignar y someter al control las tarifas de las prestaciones. El trabajador será inscrito de oficio en el sindicato del gremio, sin que ello le impida transferirse a otro sindicato, cuando cumpla los requisitos. Los sindicatos convergen en una única confederación que comprende a todos los trabajadores, técnicos y profesionales, con exclusión de propietarios que no sean directores o técnicos. Llamada Confederación General del Trabajo, de la Técnica y de las Artes. Los trabajadores dependientes de las industrias del Estado y de los servicios públicos conforman sindicatos gremiales como cualquier otro trabajador. Todas las imponentes providencias sociales realizadas por el régimen fascista en un ventenio permanecerán íntegras.”La Carta del Trabajo” constituye en su letra la consagración, así como constituye en su espíritu el punto de partida para continuar el camino. ‘‘

Como vemos, el Fascismo vuelve de lleno a sus orígenes, se deshace de todos los elementos reaccionarios que incluso manifestaron su molestia con el Duce acusándole de haber tenido una desviación marxista. Esta nueva etapa Fascista la complementa los Decretos de Ley de Socialización de Empresas, desarrollados por auténticos revolucionarios socialistas como Nicola Bombacci. En ellos se establecen que: ”La gestión de la empresa, ya sea del Estado o de la propiedad privada, queda socializada. En ello toma parte directa el trabajo.‘‘ Esto significa que los trabajadores tienen acceso a la gestión de la producción y a la gestión de los beneficios de las empresas en forma de cogestión. Hay que aclarar algunas cosas sobre esto que pueden crear confusión. La propiedad privada se permite como bien hemos visto antes, pues esto no es incompatible con la socialización. La propiedad privada queda en un aspecto más bien jurídico que funcional. La socialización complementa a la propiedad privada en el momento en el que todos los que forman la empresa la dirigen de manera conjunta y acceden a los beneficios de manera conjunta y equitativa, en contraposición con la empresa capitalista en la que son los capitalistas los que controlan los beneficios, reparten los salarios y dirigen la empresa, estando el trabajo aquí en un segundo plano. La socialización lo que pretende es eliminar a la clase parasitaria que vive a base del esfuerzo de todos, como se dice en el Manifiesto de Verona, eliminar el capitalismo interno que todavía estaba presente con la economía corporativa. Todo esto tiende a lo que ya nos advertía el programa fascista de 1919, al control de las industrias y servicios públicos por las organizaciones proletarias. Es una prueba de que si bien el Fascismo no tiene el dogma de las clases como motor de lucha, no es menos consciente de ello, al revés, es tan consciente que le pone solución en el momento en el que se desprende de todos los elementos reaccionarios que se habían interpuesto en el desarrollo del Fascismo.

Estas nuevas medidas en materia social superan tanto al capitalismo de Estado, que existía en otros países socialistas, como al individualismo liberal que absorbía los beneficios en el individuo. Es un programa revolucionario que hasta el momento no había existido. Muchos militantes socialistas de otros tiempos estaban convencidos de que el Fascismo representaba en forma práctica el auténtico socialismo por el que tanto habían luchado. Hay que entender bien este momento y para ello vamos a  poner discursos de la época por el propio Mussolini:

Este discurso es clave para entender todo lo que hemos visto anteriormente en este artículo sobre el Fascismo y los elementos reaccionarios que lo modifican. Como hemos señalado, el Fascismo nace desde la izquierda, siendo la burguesía la que se escuda en él a la vez que se protege de los cambios que este trae que son perjudiciales para ella misma. Mussolini, en vísperas de su muerte, nos lo advierte desde una manera sencilla y clara. La lucha contra el capitalismo por mucho que nos quieran hacer ver lo contrario, está presente en el Fascismo hasta el momento de la derrota:

”Nuestros programas son definitivamente iguales a nuestras ideas revolucionarias y ellas pertenecen a lo que en régimen democrático se llama ”izquierda”; nuestras instituciones son un resultado directo de nuestros programas y nuestro ideal es el Estado de Trabajo. En este caso no puede haber duda: nosotros somos la clase trabajadora en lucha por la vida y la muerte, contra el capitalismo. Somos los revolucionarios en busca de un nuevo orden. Si esto es así, invocar ayuda de la burguesía agitando el peligro rojo es un absurdo. El espantapájaros auténtico, el verdadero peligro, la amenaza contra la que se lucha sin parar, viene de la derecha. No nos interesa en nada tener a la burguesía capitalista como aliada contra la amenaza del peligro rojo, incluso en el mejor de los casos ésta sería una aliada infiel, que está tratando de hacer que nosotros sirvamos a sus fines, como lo ha hecho más de una vez con cierto éxito. Ahorraré palabras ya que es totalmente superfluo. De hecho, es perjudicial, porque nos hace confundir los tipos de auténticos revolucionarios de cualquier tonalidad, con el hombre de reacción que a veces utiliza nuestro mismo idioma.”

22 de Abril de 1945

Este discurso, pone de manifiesto el programa revolucionario que trae el Fascismo con la Socialización, superando al individualismo liberal y al capitalismo de Estado. Programa que molestará  a muchos reaccionarios derechistas desencantados con el nuevo rumbo del Fascismo cuando se pone en práctica la socialización de las empresas burguesas:

”Desde el punto de vista social, el programa del Fascismo Republicano no es más que la lógica continuación de los años que van desde la Carta del Trabajo a la conquista del Imperio. La naturaleza no se desarrolla a saltos, ni siquiera la economía. Precisa establecer las bases con leyes sindicales y organismos corporativos para alcanzar la ulterior fase de socialización (…) Respecto a la ley de socialización, el interés que ha suscitado en el mundo ha sido verdaderamente grande, y hoy, en todas partes, incluso en Italia, dominada y torturada por los angloamericanos, todo programa político contiene el postulado de la socialización.

Los trabajadores, un tanto escépticos al principio, han terminado por entender su importancia. Su efectiva realización está en marcha. Ahora, la semilla está echada. Cualquier cosa que ocurra, esta semilla está destinada a germinar. Es el principio que inaugura lo que ocho años antes vaticiné en Milán, frente a ciento cincuenta mil personas que me aclamaban, el ”siglo del trabajo”, en el cual el trabajador surge de su condición económico moral de asalariado para asumir la de productor, directamente interesado en el desarrollo de la economía.

La socialización fascista es la solución lógica y racional que evita, por un lado, la burocratización de la economía a través del capitalismo de Estado y, por otro, supera el individualismo de la economía liberal que fue un eficaz instrumento de progreso en los comienzos de la economía capitalista.(…)Por medio de la socialización, los mejores elementos procedentes de las clases trabajadoras realizarán su experimento.”

Extracto del discurso en el Teatro Lírico de Milán, Pronunciado el 16 de Diciembre de 1944

Después de concluido el período de fascistización del Estado, habrá un número cada vez mayor de militantes que exigirán el retorno a las fuentes, que denunciarán las alianzas dudosas, los compromisos vergonzantes con la derecha burguesa, clerical o monárquica. Este retorno a las fuentes viene dado sin duda con la llegada República Social Italiana, con unos pocos de jóvenes que lucharon contra el mundo entero.

Finalmente, vemos que siempre se puede tener otro punto de vista alternativo a los que nos imponen desde la televisión o los tópicos de siempre. El Fascismo ha perdido su significado y se utiliza como insulto contra todo aquello que no nos gusta. No se analiza como fenómeno político y social  que agrupó a las masas en las calles bajo la bandera nacional y con un mismo destino común, por lo que ha perdido significado. Pero siempre habrá personas que quieran descubrir la verdad sobre un momento histórico en el que las ideas movieron el mundo y lo cambiaron, tal y como lo conocíamos, para siempre.

 

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