Presidenciales francesas: Análisis de la primera vuelta

Las presidenciales ponen al desnudo la división de Francia entre el candidato de la oligarquía capitalista y el nacionalismo popular. Análisis de la jornada electoral

EL ESPÍA DIGITAL

PARÍS (Sputnik) — La primera vuelta de los comicios presidenciales puso a Francia al borde de la desintegración, afirmó el escritor francés Marc Dugain en un artículo publicado en Le Monde.

Según el resultado de la votación, en la segunda ronda competirán el jefe del movimiento En Marcha, Emmanuel Macron, que reunió el 23,75% de los sufragios, y la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, con el 21,53%.

Lo de dar votos a una persona concreta pero no a un partido es señal de la debilidad y la inmadurez de la democracia, señaló Dugain, así como dijo dudar de que los franceses quieran tener un líder como Macron, porque “en Francia todo el mundo dice que necesita revolución pero en su fuero interno confía en que nada cambiará”.

También señaló que el nuevo líder reflejará la opinión solo de un 25% de la población y por eso deberá renunciar a una parte de su programa electoral si quiere mantenerse en el sillón presidencial.

El canal de televisión CNews a su vez mostró un mapa de Francia en que en diversos colores fueron marcadas las preferencias políticas de los franceses según resultados de la primera ronda.

En ese mapa se ve claramente la división del país en dos partes: el norte y el noreste dio la mayoría de sus votos a Le Pen mientras el sur y el suroeste prefirió a Marcon.

Marc Dugain es famoso por sus novelas sobre la Primera y la Segunda Guerras Mundiales, ganó el premio literario nacional Deux-Magots.

Las élites europeas felicitan al representante de la oligarquía,  Macron, por su victoria en la primera vuelta

Varios líderes de la Unión Europea han felicitado al candidato de En Marche! por el resultado obtenido durante el escrutinio de los votos emitidos en la primera vuelta de las presidenciales francesas.

Antes de que fuera conocido el resultado final, varios altos funcionarios europeos ya han felicitado a Macron. El futuro rival de la canciller Angela Merkel en las elecciones alemanas y expresidente del Parlamento europeo, Martin Schulz, ha sido el primero en felicitarle la victoria, según la emisora Europe 1.

El presidente Hollande también ha llamado al candidato con el mismo motivo. Asimismo, en su cuenta de Twitter el ‘taoiseach’ [primer ministro] irlandés Enda Kenny ha expresado sus felicitaciones a Macron, así como su apoyo “a la plataforma pro-europea” del candidato.

Por su parte, el presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker “ha felicitado a Emmanuel Macron por el resultado en la primera vuelta y le ha deseado mucha suerte en el futuro“, ha informado a través su cuenta de Twitter el portavoz de la institución comunitaria Margaritis Schinas.

En la misma red social, la vicepresidenta de la Comisión Europea, Federica Mogherini, también ha felicitado al candidato francés, que ha calificado de “esperanza de nuestra generación“.

Además, el candidato de En Marche! ha recibido el apoyo del portavoz del Gobierno alemán, Steffen Seibert, que ha defendido una “Unión Europea fuerte y la economía social de mercado”.

Macron pide que todos los franceses voten contra Le Pen

El candidato a la presidencia del partido En Marche!, Emmanuel Macron, ha llamado este domingo a que todos se unan contra Marine Le Pen, del Frente Nacional, y asegurado que dentro de dos semana será el jefe del Estado francés. Además, ha afirmado que su candidatura en la segunda vuelta “expresará la esperanza para este país y para Europa”, informa AFP.

Asimismo, Macron destacó que será el presidente de Francia “de los patriotas frente a la amenaza del nacionalismo”.

Macron, a quien llaman ‘golden boy’, ha agradecido a sus rivales, François Fillon, del partido Los Republicanos y el candidato socialista, Benoît Hamon, el apoyo que le han expresado al reconocer su derrota en la primera vuelta de las elecciones.

Macron vetó a la prensa libre: impidió la entrada a RT y Ruptly

El equipo del candidato oficialista Emmanuel Macron no permitido ni a RT ni a Ruptly la entrada a su sede en el día de elecciones presidenciales pese a que lo había prometido.

El equipo del candidato a la presidencia francesa Emmanuel Macron no ha permitido a los periodistas de RT y de la agencia de noticias de video Ruptly estar presentes en su sede electoral durante el día de la primera ronda de los comicios generales. RT y Ruptly solicitaron la acreditación en su debido tiempo, y el equipo del candidato de En Marche! prometió concedérsela, algo que nunca cumplió sin explicar las razones.

A las repetidas peticiones de obtener la acreditación por parte de los productores de la cadena, el equipo del político francés respondía de la misma forma: “Todavía está siendo procesada”. De esta manera, una vez fueron cerrados los colegios electorales, los responsables de campaña de Macrón no han permitido la presencia de RT y Ruptly en su sede.

Varios miembros del equipo de Macron han acusado en repetidas ocasiones a estos medios con sede en Moscú de difundir “noticias falsas” y desinformación, sin presentar prueba alguna. Un asesor de Macron, Mounir Mahjoubi, llegó a afirmar en una entrevista este marzo que RT trabaja con “organizaciones fascistas o entidades de noticias de extrema derecha” y la acusó de ser “primera fuente de información falsa” sobre este candidato.

Por su parte, RT denunció que se acuse a la cadena de cualquier cosa sin ofrecer prueba alguna, como de ofrecer “noticias falsas” porque el candidato entienda que se hace una cobertura desfavorable a sus intereses.

La directora general del grupo RT, Margarita Simonián, respondió que “resulta halagador” que el equipo de ese político galo “continúe construyendo su campaña electoral a base de mentiras sobre RT y Sputnik” y ha añadido que “no es ‘comme il faut’ [como debe de ser], pero resulta divertido”.

Le Pen: es el momento de liberar al pueblo francés

Después de que se anunciaran los resultados de la primera ronda, Marine Le Pen habló a sus partidarios y dijo que las elecciones de hoy habían sido históricas.

“Queridos compatriotas, llegué a la segunda ronda. ¡Gracias, y me gustaría apelar a ustedes, queridos compatriotas! Un resultado histórico que me lleva a una responsabilidad colosal: la responsabilidad por la cultura, la identidad y la independencia de Francia. Éste es un acto de orgullo francés, el de un pueblo que levanta la cabeza, seguro de sus valores y confiado en su porvenir”.

Le Pen señaló que “los franceses tienen que conocer esta oportunidad histórica que se ha hecho posible hoy en día: Debemos continuar el camino de la desregulación total, la deslocalización, la inmigración en masa, la libre circulación de terroristas, el reino del dinero. O escogéis la Francia con fronteras que protegen nuestra identidad. Yo ofrezco una gran alternativa que pondría una nueva política al frente, Nada en común con la política de Hollande. Hoy es el momento de liberar a todos los franceses ¡Soy el candidato del pueblo!

Le Pen: “El señor Macron es débil” para hacer frente al terrorismo

PARÍS (Sputnik) — La líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, que junto con Emmanuel Macron, del movimiento En Marcha pasó a la segunda vuelta de las presidenciales de Francia caracterizó a su rival de incapaz de responder a la amenaza terrorista.

“He venido para dar inicio a esta campaña en la segunda ronda de la única manera que sé, es decir, en el terreno, con el pueblo francés, para llamar su atención a los asuntos sumamente importantes”, dijo citada por Le Figaro.

Le Pen señaló que hoy en día se trata del terrorismo islamista “donde lo menos que podemos decir es que el señor Macron es débil”.

Análisis: Macron y Le Pen borran 60 años de historia

Luis Rivas

PARÍS (Sputnik) — El seísmo anunciado se ha confirmado: Francia vota por la renovación y elimina del escenario a las dos fuerzas que han ocupado el poder durante los últimos 60 años.

Las encuestas, por una vez, no se han equivocado: Emmanuel Macron y Marine Le Pen se disputarán la final el 7 de mayo.

El más joven de los candidatos, el inexperto político sin partido, el exministro del gobierno socialista, el exbanquero de Rothschild, el representante del extremo centro que lanzó su movimiento hace apenas un año, ha ganado su apuesta.

El líder de En Marcha tiene motivos para sentirse optimista de cara a la segunda vuelta. Las dos llamadas fuerzas de gobierno, socialistas y centroderecha no dudaron un segundo en pedir el voto para el recién llegado a la escena política francesa.

Benoît Hamon, el candidato socialista hundido en las urnas, reconocía la sanción histórica que su partido ha recibido. Anunciaba enseguida a sus militantes que había que cerrar el paso a Le Pen votando por Emmanuel Macron, ” incluso si este no es de izquierdas “, dijo, para finalizar añadiendo que hacía la diferencia entre “un adversario y un enemigo de la República”.

Los Republicanos de François Fillon tampoco esperaron mucho para enjugar sus lágrimas y proyectarse hacia el futuro. Menos de 15 minutos después del anuncio de los resultados, los principales barones del centroderecha llamaban a “no votar por Marine Le Pen”, según unos, a “votar por Macron”, otros, mostrando así la división interna.

El centroderecha quiere pasar página cuanto antes de su fracaso y empezar a prepararse para las legislativas de junio, pero hasta entonces puede que corra la sangre entre hermanos. Fillon, a quien sus compañeros no esperaron antes de reaccionar, confirmó más tarde el sentir de los derrotados de la derecha y anunciaba que había que cerrar el paso al FN votando por Macron.

Socialistas y Republicanos son los grandes derrotados, pero Macron es para ellos, además de la barrera contra el nacional-populismo, un mal menor. Desde que los militantes socialistas eligieron a Benoît Hamon como su favorito, comenzó la estampida de los socialdemócratas y socialiberales del partido, aterrados por la victoria de uno de los cabecillas de la guerrilla interna que el presidente Hollande ha debido soportar.

El ex primer ministro Manuel Valls, derrotado en las primarias, fue de los primeros en abandonar a su excompañero y llamar a votar por Macron. Tras él han desfilado militantes y, sobre todo, votantes que ven en el jefe de En Marcha un político mucho más cercano al socialismo reformista que Hamon. Ponían así freno a los sueños de un corbynismo a la francesa. Las urnas les han dado la razón.

El resultado de Hamon es un auténtico desastre para el Partido Socialista y le deja muy tocado incluso para pensar en las legislativas. Si la línea Hamon se mantiene, los acuerdos con Macron en la futura Asamblea serán difíciles. En el congreso socialista de noviembre, si se celebra, volverán a brillar las navajas.

Marine Le Pen puede sentirse satisfecha. Ha resistido las remontadas de Fillon y de Jean Luc Melenchon. Jugará una gran final, como su padre en 2002, pero con una diferencia. Todos los sondeos muestran que el 7 de mayo obtendrá un apoyo mucho mayor del conseguido en la primera vuelta.

El mejor rival para Le Pen 

Para Le Pen, Macron es el mejor rival. Contra Fillon hubiera tenido que disputarse un voto conservador; contra Melenchon se habría disputado el voto obrero, el antieuropeo y el antiatlantista. Contra Macron su programa se adapta mejor, según sus postulados: el pueblo contra las élites; protección contra la globalización; la nación contra la Unión Europea; y como muestran los resultados, las urbes contra las zonas periurbanas y rurales.

Le Pen cuenta con que los votantes socialistas y conservadores desatiendan a sus aparatos. Piensa que muchos ciudadanos que han optado por Melenchon preferirán respaldarle antes que votar al “candidato de las finanzas”, al pergeñador de las leyes de liberalización de la economía que Hollande no se atrevió a aplicar. Pero lo tendrá difícil.

Emmanuel Macron está considerado como el candidato de los ‘bobos’ (bourgeois-bohemes), de los intelectuales, de los medios, de los jóvenes con altos estudios y de los banqueros. Tiene dos semanas para ganarse a los obreros, a los empleados, a los comerciantes, a los artesanos, a los parados jóvenes y maduros. Levantar un muro contra Le Pen no es ya un argumento suficiente para ganarse la adhesión. Le Pen hace mucho tiempo que no da miedo a los desesperados y a los desencantados con el sistema.

Europa respira a medias. El único candidato que no ocultaba la bandera azul en sus mítines se perfila como el favorito para ocupar el Elíseo. Con Fillon ahogado por sus escándalos, Bruselas y Berlín habían votado ya por Macron.

El europeísmo es uno de los pocos argumentos que Macron sostiene sin ambigüedad. El resto de su programa es más vago y sera difícil que se defina en las dos semanas que le separan de su meta. Sabe que jugando a la defensiva, a contener los ataques de Le Pen, puede llevarse la victoria.

De momento, el político francés que sus partidarios comparan con Obama sigue diferenciándose en las formas. Hizo aplaudir a todos sus rivales. Puede parecer estúpido, pero en un país crispado y dividido más que nunca, la deportividad y el respeto a las ideas contrarias es también un signo de cambio.

Análisis: Marine Le Pen contra Macron: el Pueblo contra el Sistema

Alexander Dugin

En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Francia, Marine Le Pen y Emmanuel Macron van a la segunda ronda.

Esta es una situación muy interesante.

En primer lugar, como en el caso de la votación en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, observamos una estricta división de todo el electorado, más ampliamente, de toda la sociedad francesa en dos partes:

1) el pueblo y 2) las élites político-globalistas que han influido en una parte de la sociedad francesa y han logrado engañarla.

La segunda ronda tendrá lugar inequívocamente como una batalla del pueblo de Francia contra las élites alienadas. Las máscaras han caído: el candidato del Pueblo (Marine Le Pen) contra el candidato del Sistema (Macron).

Marine Le Pen es una figura política. Macron es un microchip del sistema (su nombre francés es “Micron”).

Otros dos candidatos poderosos – Fillon y Melanchon – han perdido la carrera. El candidato derechista Fillon, que fue severamente atacado por el Sistema desde el principio de la carrera debido a sus amistosas declaraciones sobre Rusia, se inclinó ante las élites por lo que respecta a Rusia y empezó a expresarse más vagamente. Y así, ha perdido.

Marine Le Pen fue a Moscú, se reunió con Putin y no se asustó. Y ha ganado. Por lo tanto, ella es hoy el líder indiscutible de todas las fuerzas conservadoras francesas. Los esfuerzos para demonizarla han fracasado, y su p’ase a la segunda ronda es una victoria colosal. Nuestra victoria. Ahora todos los oponentes de los «Mundos del Pantano» tienen un símbolo: la nueva Jeanne d’Arc de la política europea.

El populista de izquierda Melanchon tampoco ha logrado entrar en la segunda ronda. Por cierto, estaba llevando a cabo la campaña electoral con bastante éxito. Este masón hereditario, por un lado, asustó a sus hermanos en el diván con sus críticas izquierdistas a la Unión Europea y sus llamamientos directos a las masas, que ya odian francamente a las élites globalistas. Pero, por otro lado, asustó a los franceses mentalmente sanos, hartos de la inmigración incontrolada y de la corrección política. Melanchon escupió en la cara de los indígenas franceses, permitiéndose declaraciones racistas (anti-blancas), y fue rechazado.

Por lo tanto, en la segunda ronda no habrá una pelea entre el representante del populismo de derecha y el representante del populismo de izquierda como podía suceder si Melanchon superaba a Macron (quien era estrictamente nulo). Tenemos otro escenario: habrá un choque entre Marine Le Pen como candidato del Pueblo (que representa a ambos lados del populismo, derecha e izquierda) y Macron, un puro candidato del Sistema. El Sistema se vuelve cada vez más manifiestamente en contra del Pueblo de manera cada vez más explícita. Esto significa que parte del electorado anti-Sistema de Melanchon, así como parte del electorado conservador de Fillon, vendrá a Marine Le Pen. Ni siquiera dependerá de a quién invitarán a votar Fillon y Melanchón a sus seguidores. Fillon ya ha llamado a votar cobardemente contra Marine.

Pero el pueblo se guía por otra forma de razonamiento. Y sus simpatías en todo el espectro – desde el populismo (tanto a la derecha como a la izquierda) hasta el conservadurismo – pertenecen hoy a Marine Le Pen, candidato del Frente Nacional.

Entre la primera y la segunda ronda pueden ocurrir serias sorpresas, ya que el sistema está mortalmente asustado. Podemos esperar provocaciones de extremistas “antifascistas” del ejército de George Soros, o nuevos ataques terroristas de los islamistas. Pero lo más importante ya está claramente indicado: Europa está profundamente dividida.

Hay una Europa de los Pueblos y una Europa del Sistema y entran en una batalla radical entre sí. El sistema es lo que llamamos «gran capital», «globalismo», «liberalismo de izquierda», «transnacionalismo», «política de género» y «estímulo a la migración incontrolada». El Pueblo le dice a éste su decisivo «NO». La gente elige el orden, la identidad y los valores tradicionales.

El nombre de Francia hoy es Marine Le Pen. Macron es un biorobot del sistema, un cyborg insensato de la Matrix. La vida está luchando con la muerte y el campo de batalla es Francia.

Análisis: El fin del sistema de partidos

Jean-Claude Paye

La candidatura de Emmanuel Macron a la presidencia de Francia no busca crear un nuevo partido, algo como los demócratas ante los republicanos, como en Estados Unidos. Lo que se busca es más bien crear lo que pudiéramos llamar un “movimientismo” sin objetivos definidos pero que permita preservar los intereses de la clase dirigente. El partido francés de nueva creación, En marche!, trata de que los electores “marchen” hacia la disolución de la República Francesa en la globalización consumista.

La declaración de Emmanuel Macron presentándose como el candidato «antisistema» sorprendió a los franceses dado que Macron fue secretario general adjunto de la presidencia de la República, en 2012, y posteriormente ministro de Economía, Industria y Sector Numérico en el gobierno de Manuel Valls, en 2014. Y si dimitió de ese cargo de ministro fue sólo para poder actuar libremente y presentarse como candidato en la elección presidencial.

Esta autodesignación de Macron nos dice algo muy importante sobre la evolución de la estructura política. Es evidente que Macron se separa del régimen de los partidos políticos como modo de gobierno del país. Pero la adopción de esa posición hacia los partidos ya constituidos no lo convierte en candidato antisistema porque el «sistema» que se instala no es ya un sistema de partidos sino una forma de gobierno político directo ejercida sobre los Estados nacionales por los actores políticos dominantes y las estructuras políticas internacionales.

Lo cierto es que la intervención de lo que ha dado en llamarse «antisistema» se impone cada vez más en el desarrollo de las elecciones francesas. Se repite el escenario que inició Francois Hollande: una candidatura que al principio parece prematura y la posterior eliminación de su competidor, Dominique Strauss-Kahn, frente al cual [Hollande] no habría tenido ninguna posibilidad de ganar.

En el caso actual es el candidato de la derecha, Francois Fillon –inicialmente gran favorito a la elección presidencial– quien ve su enorme éxito súbitamente afectado por un escándalo desatado a partir de un caso de empleo presuntamente ficticio que duró décadas y que al parecer acaba de descubrirse ahora.

Tanto en este último caso como en el de Strauss-Kahn, las intervenciones de último minuto destinadas a defender la moral y las buenas costumbres –liquidando de paso al político– vuelven a poner en posición ventajosa a candidatos que no tienen ninguna intención de separarse ni un pelo de la política imperial. Los que se benefician con esos hechos aparentemente fortuitos son precisamente los candidatos más maleables. En el caso de Macron se trata incluso de un candidato perfectamente “líquido”, enteramente fabricado por los medios. El «antisistema» se ve así, ante todo, como una restructuración, realizada desde arriba, de la representación política.

Liquidación programada del Partido Socialista

El posicionamiento de Macron como candidato es parte de una fuerte tendencia, especialmente visible en el seno del Partido Socialista [de Francia] (PS): la tendencia a la auto-implosión. La candidatura de Marcon, planteada desde el exterior de ese partido es sólo la más reciente de una serie de hechos que evidencian una voluntad interna de liquidación de esa formación política. El propio Francois Hollande ya decía en 2015:

«Hace falta un acto de liquidación. Hace falta un harakiri. Hay que liquidar el PS para crear el partido del Progreso.»

El primer ministro Manuel Valls también se presentó como partidario de un «frente republicano», de una fusión de listas electorales al nivel de las primarias en las circunscripciones donde el Frente Nacional tuviese posibilidades de ganar [1]. No es por tanto sorprendente su última declaración de que votaría por Emmanuel Macron para cerrarle el camino a la extrema derecha.

Como invitado de Matteo Renzi en la Festa de l’Unita, Manuel Valls declaró también: «No hay alternativa del lado de la izquierda. La única otra posibilidad es el Frente Nacional. Eso es lo único que deben tener en mente todos los socialistas.». Y, ante las cámaras de BFM-TV dijo: «Cada cual tiene que decirse a sí mismo: ¿Hay una política alternativa a lo que hacemos? Sí, la hay, es lo que propone la extrema derecha.»

La organización de la legitimación [de Macron] se basa en la demonización de un partido político: el Frente Nacional, que sin embargo se ha convertido en un partido similar a los demás desde su aggiornamento como partido fascista al de órgano del «mejor de los mundos». El programa ha dejado de tener importancia. Sólo cuenta la capacidad, autoproclamada y autentificada por los medios, de impedir que el Frente Nacional llegue al poder. Macron se inscribe en esa línea política, constituye su apogeo. Esta hipostasia le garantiza su legitimidad y resta toda credibilidad a cualquier otra candidatura.

El fin del sistema de los partidos

La tendencia a la desaparición del sistema de los partidos, especialmente evidente en lo que concierne al PS, puede verse también del lado del partido republicano, aunque el proceso de descomposición parece allí menos avanzado y ha necesitado ayuda externa, a través del oportuno «escándalo» Fillon. A pesar de todo, es un proceso ya bastante adelantado, como lo demuestra el sistema de las «primarias».

Ya no son los militantes de un partido quienes designan al candidato de su formación política. Cualquiera puede participar en ese proceso, incluso los miembros de un partido adversario. El designado ya no es candidato de un partido sino un candidato del conjunto de los franceses, incluyendo a sus propios adversarios. Ya no son las organizaciones las que se enfrentan sino simples personalidades, que ni siquiera defienden un programa sino que sólo cuentan con una imagen fabricada por los medios de difusión. Del enfrentamiento de ideas pasamos a la competición de las imágenes.

Nos encontramos ante una nueva configuración de la «escena política», del espacio de la representación política. Pasamos de un sistema organizado alrededor de un partido de masas dominante o de una estructura binaria de dos organizaciones «alternativas», izquierda y derecha, a un modo de gobierno que abandona el sistema de los partidos y que, tanto en los hechos como en materia de lenguaje, rechaza la política.

Una crisis de representación partidaria no es un fenómeno único en el paisaje político francés. Existen varias referencias históricas, como la del bonapartismo que instauró el Segundo Imperio o, más recientemente, la creación de la Quinta República, en 1958, por el general De Gaulle. Pero el problema actual es diferente. Los dos ejemplos que acabamos de citar tienen que ver con algo que forzó esa situación por causas externas ante el aparato legislativo. Hoy en día lo que estamos viendo es un proceso interno de autodesmantelamiento del conjunto de la estructura del Estado.

Si bien la crisis de representatividad de los partidos condujo en el pasado a un eficaz fortalecimiento del Ejecutivo, hoy en día el aumento de sus prerrogativas conduce a un acrecentamiento puramente formal de poder porque [el Ejecutivo] ya no trabaja por su cuenta sino para organizaciones supranacionales, para estructuras que fungen como intermediarias del Imperio, como la Unión Europea, el Consejo de Europa y la OTAN. El aparato ejecutivo nacional, en su constante violación de las prerrogativas del Parlamento, aparece como un simple repetidor. En esas circunstancias, ya no basta con hablar de crisis de representatividad de los partidos políticos. Ya no se trata de un hecho vinculado a una coyuntura política particular sino de un acontecimiento de tipo estructural.

Supremacía de la imagen

El fenómeno de la candidatura Macron es revelador de una mutación en el ejercicio del poder del Estado, que es el final de toda mediación con la sociedad civil. Los diferentes lobbys toman el lugar de los partidos. Las grandes empresas tienen la capacidad de defender directamente sus propios intereses en contra de la gran mayoría de la población, sin que la decisión tomada tenga que asumir la apariencia de una defensa del interés colectivo.

En otras palabras, la clase económica y políticamente dominante se convierte también en clase reinante, en la clase que ocupa la primera línea del «escenario político», del espacio de legitimación. La clase dominante maneja directamente sus intereses y promueve abiertamente a sus candidatos. El proceso de legitimación de este procedimiento ya no tiene nada que ver con la representación sino con el marketing ya que la escena política se confunde con la de los medios.

La candidatura Macron es entonces el síntoma de una sociedad capitalista avanzada, donde las relaciones sociales se han transformado por completo en relaciones entre cosas, entre mercancías. Las divergencias que expresan los diferentes candidatos se reducen a una competencia en materia de imágenes, a la competencia entre mercancías. Macron se sitúa así fuera del lenguaje. Cada cual puede entender lo que quiera en lo que dice Macron. Ni siquiera nos pide que estemos de acuerdo con su discurso sino que miremos su imagen y la adoptemos.

Ya no hay espacio para la política y el enfrentamiento entre puntos de vista divergentes sino una renuncia a la vida privada y pública para adaptarse a los constantes cambios de las relaciones de producción y el incremento de la fluidez de las fuerzas productivas, o sea a las exigencias, cada vez mayores, de la rentabilidad del capital.

En marche! nos lleva hacia una «sociedad moderna líquida»

Como un inventario al estilo de Prevert no constituye un programa, nada queda precisado. En nombre de la necesaria adaptación a la «modernidad», se promueve la propensión a aceptarlo todo, a renunciar a todo progreso social. Se abren así todas las expectativas a los promotores de esta nueva situación ya que no se define a priori ningún límite a sus futuras exigencias.

Macron se inscribe en una ideología de la «sociedad moderna líquida», como la entendió el sociólogo Zygmunt Bauman, la sociedad del cambio permanente para adaptarse a la fluidez de las cosas. La ausencia de coherencia interna del «programa» se presenta así como algo positivo, como una posibilidad de constante adaptabilidad, como una fluidez a priori preexistente en la conciencia de las cosas, que debe permitir integrar cualquier mutación.

Realizada bajo el mandato de Hollande, la reforma del Código Laboral es la condición previa para concretar la adaptabilidad permanente de los trabajadores a las exigencias de los patrones. Emmanuel Macron no sólo se inscribe en la continuidad de la acción del presidente saliente sino que incluso la magnifica, dándole con ello su verdadera dimensión, la de «sociedad líquida», que se caracteriza por la ausencia de proyectos precisos y por gobernar pragmáticamente.

Esa manera de gobernar sólo puede reservar todavía más espacio a los «expertos», reforzando la tendencia ya extremadamente fuerte a manejar los asuntos públicos mediante decretos y al empleo del artículo 49-3 de la Constitución francesa [2], ya ampliamente utilizado bajo la presidencia de Hollande.

De hecho, no hay alternativa, lo supuestamente situado «fuera del sistema» se limita a una reclamada capacidad de adaptabilidad a toda mutación social, sea cual sea esa mutación. La fluidez se refleja en el nombre mismo de su movimiento, «En marche!», una orden que ni siquiera precisa a quién se dirige pero que en todo caso nos advierte que tenemos que renunciar a toda forma de resistencia ante la máquina económico-política.

NOTAS

[1] El Frente Nacional, o FN, es el partido de la también candidata a la presidencia Marine Le Pen, clasificado como de extrema derecha. Nota de la Red Voltaire.

[2] El artículo 49 acápite 3 de la Constitución de Francia permite al gobierno imponer un texto sin someterlo a la votación de los parlamentarios. Sólo queda entonces a la oposición la posibilidad puramente formal de presentar una moción de censura, con pocas posibilidades de que esta prospere.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Francia, Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s