El fraude freudiano sobre el concepto del ego

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El concepto freudiano del “Ego”: la mayor estafa intelectual de la Historia

Por Rafael Palacios (Rafapal)

Imagina que quisieras dañar al Ser Humano y hacerle creer que es malo; que su esencia es dañina. ¿Qué tal si tomáramos una palabra cuyo significado la mayor parte de la gente desconoce y que identificáramos con ese “nuevo concepto” a los tradicionales pecados pero asumiendo que son características del Ser; del Yo?
Eso fue lo que hizo el psicópata de Sigmund Freud al sacarse de la manga que el “Yo” en griego (“Ego” no es más que la forma griega de denominar al Yo) representaba la encarnación de todos los males, logrando que a partir de ese momento los humanos pensaran que la inviolabilidad de su ser, y su talento y su inteligencia, eran algo malo. De ahí se han derivado muchos de los despropósitos de la psicología esotérica que tanto daño han hecho a la dignidad humana. Una locura que produjo que un lector alcanzara el paroxismo al afirmar esto por Facebook: “El yo es un conjunto de defectos y errores psicológicos que nos condicionan y distorsionan la percepción de la realidad”. ¡Toma ya! El delirio completo. ¡Y eso te lo dice una persona que, al tiempo, intenta convencerte de que lleva razón! ¡No cree en sí misma pero pretende que su opinión es válida!
La salud mental de una persona reside en el equilibrio de su Yo. El Yo no es malo, como nos hizo creer el degenerado Sigmund Freud a través de esa suerte de fantasma que es su maléfico “Ego”: es un Yo sobredimensionado (egoico, egoísta) o minusvalorado (deprimido, sin autoestima, desvalorizado) lo que constituye el problema, que acabará afectando al entorno del paciente y, por lo tanto, a su relación con los demás, que es la base de la locura. El concepto del “Ego” hoy tan utilizado es, por tanto, un FANTASMA, y la gente que combate su “ego”, en realidad se combate a sí misma.
Conclusión: los cabalistas judíos idearon con el concepto del “Ego” el colmo de la perversión intelectual al conseguir hacer creer a los cristianos que eran malos de nacimiento, de manera que no fueran capaces de distinguir el Bien del Mal y con ello caer, precisamente, en la trampa de la dualidad izquierda-derecha. Una persona incapaz de reconocer al Bien y distinguirlo del Mal solo puede funcionar por medio de la negación; no apoyo “esto” porque esté bien sino por llevar la contraria a esto otro que según me cuentan los medios, es lo incorrecto. El “abecé” de la democracia de los partidos que nos ha dejado en un eterno “día de la marmota” durante siglo y medio.
El Ego, la más siniestra jugada de los cabalistas.

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2 respuestas a El fraude freudiano sobre el concepto del ego

  1. ParsifalXXI dijo:

    Sigo esta página desde hace años y la considero un referente para entender la actualidad geopolítica del mundo en el que vivimos. Pero hay que tener cuidado con lo que uno publica o cae en el peligro de perder seriedad y confianza.

    El texto que habéis compartido, de un tal Rafael Palacios, es auténtica basura. La distorsión del concepto de ego no la hace Freud, viene desde (como mínimo) la antigua India y su rebelión de brahmanes. Para Freud el ego no es malo en sí, de hecho, el psicoanálisis busca fortalecer el Yo ayudándole a adueñarse de las pulsiones instintivas (Ello) y de las fuerzas internas moralistas (SuperYo). El fenómeno Freud, y el porqué publica unos conocimientos que el pueblo judío tenía desde hacía tiempo y no habían compartido, es bastante más complicado que eso; hay una frase del médico judío bastante esclarecedora al respecto: “Yo estoy, como usted sabe, totalmente curado de mi predilección por la causa aria, y me gustaría creer que el bebé llegará a ser un ardiente sionista”, vamos, que en algún momento el pavo fue un judío rebelde al que le molaban los blanquitos y quiso compartir ciertos conocimientos, pero luego, por h o por b (por convicción o por miedo), reacciona y vuelve al redil de sus compis.

    No, el pecado de Freud, el gran peligro de su obra, es el presentar al mundo una terrible verdad a medias: el símbolo desprovisto de su carácter sagrado. Para Freud el único arquetipo existente es el de la sexualidad, y de él deriva y a él revierte toda energía psíquica humana (más tarde idea el concepto de pulsión de Muerte para intentar llenar lagunas de su teoría, pero también éste lo subpone a la sexualidad). Y aún así y con todo, deberíamos estar algo agradecidos al controvertido judío de Viena, porque sin él no hubiéramos tenido un Carl Gustav Jung, que entendiendo la enorme potencia que reside en las teorías freudianas, las limpia de basura semítica, para descubrir y estructurar esos mismos conocimientos acorde al espíritu ario. Jung devuelve al símbolo su sacralidad, reconoce los 9 arquetipos restantes y pone a la sexualidad en su lugar, como un arquetipo más, no el único, ni siquiera el central.

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