Heartland, el corazón de la tierra firme (II de III)

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Heartland —el corazón de tierra firme (II de III)


A menos que malinterprete totalmente los hechos de la geografía, diría que el agrupamiento de tierras y mares, y de la fertilidad y rutas naturales, es tal como para prestarse al crecimiento de imperios, y al final, de un solo imperio mundial.
(Mackinder).
ÍNDICE
– INTRODUCCIÓN
– LAS CUENCAS ENDORREICAS Y LA IMPORTANCIA DE LOS SISTEMAS FLUVIALES
– ¿QUÉ ES EL HEARTLAND?
– BREVE HISTORIA DEL HEARTLAND
   · Prehistoria
   · Antigüedad
   · Edad Media: Pax Mongolica
   · Antiguo Régimen: cosacos y zares
   · Los socialismos telúricos
   · La Guerra Fría
   · La globalización
SEGUNDA PARTE
– LA BANANA ROJA
– LA TEORÍA DEL HEARTLAND
   · El mundo según Mackinder
   · Extensión del Heartland e importancia de Europa del Este
· Alemania según Mackinder —Realpolitik, Kultur, Weltanschauung, la Escuela de Munich y la Geopolitik de Haushofer
– ¿ESTÁ OBSOLETA LA TEORÍA DEL HEARTLAND?
– ¿EXISTEN OTROS HEARTLANDS?
– EL HEARTLAND ÁRABE —NEJD Y EL CUERNO DEL DIABLO
– EL HEARTLAND AFRICANO
– EL CERRADO —BRASIL POSEE EL HEARTLAND DE SUDAMÉRICA
– LA GRAN CUENCA Y OTROS HEARLANDS NORTEAMERICANOS
– CASTILLA LA VIEJA ES EL HEARTLAND DE ESPAÑA
LA BANANA ROJA
Europa es ya de por sí un centro neurálgico de la civilización moderna, junto con Estasia, Norteamérica y otros centros menores, pero dentro de Europa Occidental existe una franja creciente particularmente vital, llamada en alemán Blaue Banane o “banana azul”. La banana azul va desde Inglaterra hasta Lombardía y coincide grosso modo con el reino medieval de Lotharingia, así como con el llamado Camino Español del Siglo XVI. En el Renacimiento, la radical herejía calvinista balcanizó este espacio económico cortándolo en sus dos puntos geográficamente más vulnerables: su barrera montañosa (Suiza) y su barrera marítima (Holanda), esperando que así el Sacro Imperio Romano-Germánico, por aquel entonces unido con el Imperio Español bajo una misma corona, no conquistase la hegemonía en la vital franja ni en las costas continentales del Canal de la Mancha. Desde entonces, la estrategia del Imperio Británico ha ido orientada a desestabilizar la banana azul estimulando las divisiones territoriales y rivalidades regionales (especialmente entre Francia y Alemania), así como la aparición de Estados artificiales como Bélgica y Holanda, cuyo objetivo es dividir el espacio marítimo y las costas que se encuentran frente a Gran Bretaña para que no caigan bajo el poder de una potencia hegemónica al otro lado del Canal de la Mancha. Esta táctica era llamada eufemísticamente en Londres “equilibrio de poder en el continente”. Como ejemplo de las dinámicas claramente geográficas de muchos procesos económicos, la Revolución Industrial, originada en un extremo de la banana azul (Inglaterra) se expandió por la banana primero hacia Bélgica, luego Francia, Alemania y Lombardía.
La llamada blaue banane o “banana azul” va desde Gran Bretaña hasta el norte de Italia y lleva establecida desde las luchas entre francos y sajones en época de Carlomagno, aunque su importancia se dispara a partir del Renacimiento. De orientación occidental y oceánica, separa claramente a la Europa atlántica (Islas Británicas, Iberia y Francia) del resto del continente.
Sólo el Imperio Bizantino, Venecia, Castilla y la Mancomunidad Polaco-Lituana llegaron a hacerle sombra a la banana azul, pero en el Siglo XIX, dos potencias germanas ―Prusia en la cuenca del Báltico y Austria en la cuenca del Mar Negro― amenazaban con vertebrar toda Europa del Este, constituyendo una franja económica alternativa a la que, si el lector gusta, podemos llamar “banana roja”, orientada hacia el Este y por tanto hacia el Heartland y la integración eurasiática. En esta franja tenían cabida las zonas urbanas, industriales y mineras de Prusia Oriental, Pomerania, Silesia, los Sudetes, Bohemia, Moravia, Austria, Hungría y Croacia, unidas bajo un solo poder aglutinador: el germanismo. La banana roja era casi exclusivamente continental, proporcionaba un puente entre el Mediterráneo y el Báltico, no había ningún espacio marítimo divisor (como el Canal de la Mancha en el caso de la banana azul) de por medio, la balcanización era inexistente estando el espacio controlado por solo dos Estados aliados (a diferencia de la banana azul, dividida entre Reino Unido, Holanda, Bélgica, Francia, Alemania, Luxemburgo, Suiza, Liechtenstein e Italia) y, más importante: ninguno de estos Estados era Reino Unido.
“Banana roja”. Europa en 1914, antes de la I Guerra Mundial, tenía fronteras geopolíticamente mucho más armoniosas y coherentes que las que vinieron después. El Imperio Alemán y el Imperio Austro-Húngaro habían constituido un eje central Berlín-Viena que unía el Báltico con el Mediterráneo, librándoles en buena medida de su dependencia de las rutas marítimas controladas por Reino Unido y Francia. La banana roja que se estaba cocinando se encontraba orientada al Este, por tanto al Heartland y a la vertebración de Eurasia, a diferencia de la banana azul, orientada a Europa Occidental y al Océano Mediterráneo —es decir, el Atlántico Norte, el heartland del poder marítimo. Las fronteras dibujadas por el Tratado de Versalles tuvieron el efecto de balcanizar este prometedor espacio económico alternativo germano-eslavo de Europa del Este en infinidad de Estados, a menudo enfrentados entre sí y con gobiernos donde era fuerte la influencia de la diplomacia y el espionaje de Reino Unido y Francia. Antes de la II Guerra Mundial, el III Reich estaba en proceso de constituir una franja muy similar a la aquí representada, quizás más dirigida hacia el noreste de Italia. Véase también que la franja coincide en buena medida con el Telón de Acero de la época de la Guerra Fría.
La consolidación definitiva de un espacio económico común en torno al eje de la banana roja hubiera dotado automáticamente al Heartland de un centro neurálgico, por lo que la internacional financiera, oceánica y subversiva impuso la I Guerra Mundial y la necesidad de desmantelar los imperios centrales, sembrando el caos en el mapa de Europa del Este (hasta el punto de que “balcanización” significa hoy desestabilización geopolítica) y sentando las bases para un futuro conflicto aun mayor. El Tratado de Versalles de 1919, más que un tratado de paz, era toda una declaración de continuar la guerra contra Centroeuropea y Europa del Este.
La Alemania nazi retomó el viejo proyecto de la banana roja, llevando al cabo además un asalto en toda regla hacia el Heartland eurasiático, en realidad adelantándose un par de semanas a la invasión europea planeada por Stalin desde hacía años. A pesar de que la URSS-Heartland era un cuerpo en busca de una cabeza y el III Reich-banana roja una cabeza en busca de un cuerpo, la alianza entre ambas potencias era imposible, entre otras cosas porque la URSS había surgido como proyecto de la Alta Finanza para evitar la vertebración de Eurasia y para precipitar a la Europa continental a la destrucción, en beneficio de las potencias periféricas del mundo, en cuyo suelo no se libraría ni una sola batalla. Efectivamente, Alemania fue devastada por una insólita coalición de capitalistas y comunistas y, después de 1945, la banana azul se convirtió en el eje de la anti-Europa: hoy es el día que ciudades de la banana azul como Bruselas, Estrasburgo, Maastricht, La Haya, Luxemburgo, Ginebra y Frankfurt son centros de diversos poderes internacionales (o quizás mejor dicho “anti-nacionales”), entre ellos la OTAN, la Unión Europea, el Banco Central Europeo, el Tribunal Internacional de Justicia, la Organización Mundial de la Salud y la Organización Mundial del Comercio. Mientras tanto, la banana roja fue partida en dos por el Telón de Acero e incluso desde 1990 no ha vuelto a ser ni la sombra de lo que fue.
Una de las lecciones que podríamos sonsacar de la teoría de las bananas es que los ejes y rutas verticales tienden a desvertebrar Europa, dividiéndola en porciones aisladas. Sólo los ejes horizontales terrestres, es decir, Este-Oeste, ayudan a cohesionar esta mera península de Asia que es Europa ―de lo que se desprende que la Llanura Noreuropea, la estepa, el corredor del Danubio, el Camino de Santiago y el Mediterráneo son los cinco ejes que deberían inspirar una verdadera organización del continente.
LA TEORÍA DEL HEARTLAND
Quien gobierna Europa del Este controla el Heartland; quien gobierna el Heartland controla la Isla Mundial; quien gobierna la Isla Mundial controla el mundo.
(Mackinder).
La regla de oro de Mackinder podría traducirse como “Quien una a Europa con el corazón de la tierra, dominará el corazón de la tierra y quien domine el corazón de la tierra dominará la Tierra”. El Heartland carece de un centro neurálgico claro y puede definirse como un gigantesco y robusto cuerpo en busca de un cerebro. Dado que entre el Heartland y Europa no hay barreras geográficas naturales (cadenas montañosas, desiertos, mares, etc.), la cabeza más viable para el Heartland es claramente Europa, seguida a mucha distancia por China, Irán e India.
La marcha de la humanidad europea hacia el corazón de Asia culminó cuando la cultura griega se introdujo en la mismísima Mongolia: hoy el idioma mongol se escribe con caracteres cirílicos, de herencia greco-bizantina, significando que la caída de Constantinopla en realidad proyectó la influencia bizantina mucho más al Este de lo que los emperadores ortodoxos jamás hubieran podido imaginar. Sin embargo, la tarea de Europa no termina aquí, ya que sólo Europa puede acometer la empresa que convierta al Heartland en el potente espacio cerrado profetizado por Mackinder.
El mundo según Mackinder
Para poder profundizar en el tema, es necesario familiarizarnos con la cosmogonía mackinderiana, que dividía el planeta en varios dominios geopolíticos claramente definidos.
• La Isla Mundial es la unión de Europa, Asia y África, y lo más parecido que hay en las tierras emergidas a Panthalasa u Océano Universal. Dentro de la Isla Mundial se encuentra Eurasia, la suma de Europa y Asia, que es una realidad tanto más separada de África desde la apertura del canal de Suez en 1869, que permitió que el poder marítimo envolviese a ambos continentes.
• El Heartland no precisa ya de introducción. La teoría mackinderiana parte de la base de que el Heartland es una realidad geográfica en el seno de la Isla Mundial, del mismo modo que la Isla Mundial es una realidad geográfica en el seno del Océano Mundial.
• El Rimland, también llamado Creciente Interior o Marginal, es una enorme franja terrestre que rodea al Heartland y que consta de las cuencas oceánicas anexas al mismo. Pentalasia, los Balcanes, Escandinavia, Alemania, Francia, España y la mayor parte de China e India, se encuentran en el Rimland.
• La Creciente Exterior o Insular es un conjunto de dominios ultramarinos periféricos, separados de la Creciente Interior por desiertos, mares y espacios helados. África subsahariana, las Islas Británicas, las Américas, Japón, Taiwán, Indonesia y Australia se encuentran en la Creciente Exterior.
• El Océano Mediterráneo (Midland Ocean) es el Hearland del poder marítimo. Mackinder definía el Océano Mediterráneo como la mitad norte del Atlántico más todos los espacios marítimos tributarios (Báltico, Bahía de Hudson, Mediterráneo, Caribe y Golfo de Méjico). Las mayores cuencas fluviales del mundo son las que desembocan en estos espacios marítimos —después vienen las del Ártico y sólo en tercer lugar vienen las cuencas del Pacífico.
Este mapa está parcialmente tapado por la barra lateral del blog, para ver entero hacer click sobre él.
En “Democratic ideals and reality”, Mackinder propone otra división geográfica para la Isla Mundial. El Heartland, que se ve extendido en Europa del Este y China, las “costas monzónicas” (vagamente Estasia), “Arabia” (del valle del Nilo hasta los Zagros), las “tierras costeras europeas” (incluyendo Anatolia y parte del Magreb) y, separado del resto de la Isla Mundial, el “heartland del sur”, es decir, todo el continente africano salvo el Sáhara y las partes pertenecientes a Arabia. Se notará que “Arabia” está dividida por el Canal de Suez y actualmente por el Estado de Israel. Sorprende que Mackinder no incluyese la costa de la provincia libia de Cirenaica en Europa.
Extensión del Heartland e importancia de Europa del Este
El Indostán y China, separadas del resto de Eurasia por desiertos y enormes cadenas montañosas, son continentes separados con mucho más derecho que Europa, cuya conexión con Eurasia es abierta, llana y, en definitiva, de “banda ancha”. Por tanto, para Mackinder, las relaciones geográficas del Heartland con Europa (y en menor medida Oriente Medio), eran mucho más íntimas que sus relaciones con China e India ―de ahí que según él, controlar Europa del Este equivalga a dominar el mundo, pues se estaría controlando el flujo entre la cabeza (Europa) y el resto del cuerpo (el Heartland). Ya que Europa, a diferencia de China e India, carecía de barreras geográficas que la aislasen del Heartland, se imponía la necesidad de erigir una barrera estatal artificial en Europa del Este, contraviniendo, por así decirlo, a la voluntad de la Tierra, que es mantener un flujo bidireccional de influencias a través de la estepa. Aun así, Mackinder veía a Europa como una isla natural:
En el mapa “El punto de vista del marino”, Mackinder representa a Europa como una isla natural rodeada de un anillo: hielo al norte, desierto al sur y las aisladas cuencas endorreicas y árticas al Este. Según Mackinder, las únicas salidas naturales que Europa podía emplear para salir del anillo eran las “rutas de caravanas” en Pentalasia y el “viento comercial” que llevaba a las Américas. Este mapa obvia claramente la importancia de la estepa eurasiática como ruta más lógica para romper la insularidad europea.
En “Democratic ideals and reality” (1919), Mackinder extiende el Heartland para incluir las cuencas del Báltico y del Mar Negro (salvo la del Danubio bávaro).
El Heartland descrito por Mackinder en “Democratic ideals and reality”. Mackinder consideraba que el Báltico y el Mar Negro, al poder ser bloqueados perfectamente por una potencia continental, debían considerarse como sujetas al Heartland eurasiático, la zona marcada en rosa en Europa del Este representaría por tanto el primer paso lógico en la expansión de la influencia del Heartland. El mapa viene a resumir lo que pasaría si se bloquease el Canal de Kiel, el estrecho de Skagerrak, el Bósforo y los Dardanelos, extirpando al Mar Negro y al Báltico del seno del Océano Mundial y convirtiéndolos en lagos interiores inaccesibles para la navegación oceánica. Mackinder excluía al Danubio bávaro (que sí viene representado en este mapa) por tener poco valor para la navegación y en cambio añadía lo que después sería Alemania Oriental (que no viene representada en el mapa). También agregó al Heartland las partes altas y montañosas de los ríos chinos e hindúes, igual de inaccesibles para la navegación oceánica que el Lena o el Volga. Puede saltar a la vista el papel central de Alemania, a caballo de tres cuencas distintas: la del Mar Negro (Baviera y Austria), la del Mar del Norte (Sajonia, Renania, Westfalia) y la del Báltico (Prusia). Para evitar la pérdida de la cuenca del Mar Negro, Mackinder propuso que la Liga de Naciones (antepasada de “la Comunidad Internacional” de nuestros días) le otorgase a la República Americana y al Imperio Británico nada menos que el papel de “garantes de la paz de los océanos” y el control de los estrechos que conectan las cuencas de los diversos espacios marítimos, convirtiendo Estambul en “la Washington de la Liga de las Naciones”. Para lograr algo parecido en el Báltico, se creó el corredor de Danzig, que partía en dos la costa báltica de Alemania.

Sin embargo, hay muchos motivos por los que las cuencas del Báltico y del Mar Negro no pueden considerarse parte del Heartland, al menos en la actualidad. Por ejemplo, Turquía pertenece a la OTAN, Georgia fue aliada de EEUU hasta anteayer (notemos que es el camino más corto entre el Heartland y el Mar Negro) y tanto los países Bálticos como Polonia han sido integrados en la OTAN y en la Unión Europea por todo lo alto. Hasta el Caspio es dudoso, ya que Azerbaiyán es pseudo-aliado de Israel en la región. De modo que esta zona anexa no puede considerarse parte del Heartland hasta que el Báltico esté definitivamente vedado al atlantismo y una potencia continental reconquiste Constantinopla cerrando del mismo modo el Mar Negro.

Sin embargo, la primera extensión lógica del Heartland nos brinda algunas claves. Por ejemplo, tanto Montenegro como Kosovo, al pie de los Alpes Dináricos, aparecen, junto con Estambul, como intentos del atlantismo por evitar que la influencia rusa traspase la cuenca del Mar Negro ―que domina en buena parte gracias a Sebastopol, Odessa y Transnistria― penetrando en la del Mediterráneo, arrancando Grecia del resto de Europa y uniéndola con Serbia, Chipre, Siria y, al otro lado del “arco ortodoxo”, Armenia, por ende atenazando a Turquía. Pensaba Mackinder que “En estos días de submarinos y aviones, la posesión de Grecia por una potencia del Heartland probablemente conllevaría el control de la Isla Mundial; se recrearía la historia macedonia”.


Alemania según Mackinder —Realpolitik, Kultur, Weltanschauung, la Escuela de Munich y la Geopolitik de Haushofer
La obra de Mackinder es hija de una época en la que Londres tenía profunda preocupación por los avances del Imperio Alemán y el Imperio Ruso. En 1909, apenas cinco años antes del estallido de la I Guerra Mundial, el gobierno británico fundó el Secret Service Bureau, uniendo al Almirantazgo y a la Oficina de Guerra para monitorizar las actividades del gobierno imperial alemán. Mackinder siempre tuvo presente la amenaza que suponía para el Imperio Británico que un poder autoritario y continental buscase la hegemonía en Eurasia Central con vistas a organizar sus recursos. En “The geographic pivot of history”, se deja obsesionar por los posibles organizadores del Heartland: Japón a través de Manchuria, China (presumiblemente a través de Mongolia y Uiguristán), el Imperio Ruso por su simple posesión de la mayor parte del Heartland y especialmente Alemania a través de Europa del Este, considerando en particular que si Alemania y Rusia se aliasen, sería el fin del Imperio Británico y el comienzo de un imperio mundial:

El arreglo del equilibrio de poder en favor del Estado Pivote, resultando en su expansión sobre las tierras marginales de Eurasia, permitiría el uso de vastos recursos continentales para la construcción de flotas, y el Imperio del Mundo estaría entonces a la vista. Esto podría suceder si Alemania se aliase con Rusia.

Aunque el Imperio Británico tendía a penetrar hacia el Heartland por la que según Mackinder era la frontera más preocupante y volátil de todo el Imperio (el noreste de la India británica, es decir, lo que hoy es la frontera AFPAK y la región FATA de Pakistán), la región favorecía claramente al poder terrestre sobre el poder marítimo, y por tanto Reino Unido nunca podría competir contra el Imperio Ruso en los campos de batalla de Eurasia. Londres tampoco tenía nada que hacer en Europa del Este contra Berlín y Viena… salvo enfrentar a las diversas potencias regionales continentales entre sí.

Prusia en 1795. Junto con Austria, era el núcleo de la influencia germana en Europa del Este. Nótese cómo coincide en su mayor parte con la Polonia moderna. La aventura política prusiana, heredera de la vieja Orden Teutónica, terminó abruptamente en los años 1944-46 con la deportación y el genocidio de prusianos a manos del Ejército Rojo.
Los alemanes habían fundado en el Siglo XIX una escuela geoestratégica basada en la tierra: la Geopolitik. Los geógrafos Alexander von Humboldt, Carl Ritter y especialmente Friedrich Ratzel habían sentado sus bases, pero será el geógrafo y militar Karl Haushofer el que culminará el refinamiento de la nueva ciencia a principios del siglo siguiente. Mackinder admiraba la escuela cartográfica alemana, afirmando que si uno quería un mapa bueno, debía buscarlo en Alemania, y concluyendo de este revelador hecho que Alemania estaba creando un pensamiento estratégico muy bien preparado para el dominio mundial. Fue un profesor alemán, el geógrafo Ferdinand von Richthofen, tío del “Barón Rojo”, quien acuñó el término “Ruta de la Seda” (Seidenstraße), evidenciando que en Alemania había un creciente interés por los asuntos eurasiáticos.Mackinder distingue dos filosofías posibles para la casta dirigente de una nación: la de los “organizadores” y la de los “idealistas”. Los organizadores, de carácter continental (Napoleón y Bismarck eran los organizadores por excelencia a ojos de Mackinder), reconocen fría y pragmáticamente la realidad de los hechos y actúan en base a ellos imponiendo orden, regimentación, cuadriculamiento y disciplina paramilitar en sus Estados, mientras que los “idealistas”, de carácter oceánico, actúan en base a abstracciones ideológicas sin ningún tipo de sustento en el mundo real, imponiendo ideologías liberales en sus Estados. Mackinder consideraba que la Democracy anglosajona era un ejemplo de “idealismo” y la contrastaba con la Kultur alemana, herencia de la militarista y férrea educación prusiana: se trataba de la forma moderna que había adoptado el viejo conflicto metafísico Esparta vs. Atenas o Roma vs. Cartago. El inglés se lamenta de que Reino Unido haya valorado el aspecto moral de la educación, olvidándose de una educación estratégica y materialista orientada a la Realpolitik. Escribía Mackinder que las naciones individualistas estaban condenadas a repetir un fatal ciclo, reproducido monótonamente a lo largo de la Historia: idealismo-desorden-hambruna-tiranía. Para evitar llegar a la tiranía, pensaba, era necesario que las naciones idealistas reconociesen, como las organizadoras, la realidad de los hechos tozudos, entre los cuales los geográficos tienen un papel determinante. Todo esto no deja de ser curioso, ya que por un lado, una estrategia basada en abstracciones y negación de la realidad (“mercados”, deuda, crédito, dinero fiat creado de la nada, libertad, igualdad, libre navegación, internacionalismo, etc.) le venía como anillo al dedo a Londres y, por otro, difícilmente podría encontrarse una potencia histórica más desalmadamente pragmática que el Imperio Británico.
Cartel propagandístico estadounidense de la I Guerra Mundial, de tintes claramente idealistas. King Kong, con la palabra militarism escrita en su casco prusiano, invade Norteamérica tras haber destruido Europa con la maza de la Kultur. La doncella representaría uno de esos “ideales modernos” atesorados por las potencias marítimas —quizás la “libertad”. Detrás de este póster se esconde una potencia que ya antes de la I Guerra Mundial tenía la mayor flota del mundo e incubaba serias aspiraciones al dominio de Europa Occidental, que había barrido toda Norteamérica desde el Atlántico hasta el Pacífico, que había balcanizado toda Iberoamérica, que había robado Cuba y Filipinas a España y que no se detendrá hasta tirar dos bombas atómicas en Japón, ocupar Berlín, poner Corea e Indochina patas arriba y llevar al cabo la hongkongización y walmartización de China.
Para Mackinder, a su vez, había dos tipos de organizadores: el “administrador” y el “creador de mecanismos sociales”. El primero sería la encarnación del burócrata gris, mientras que el segundo es el que pone en marcha inercias y tendencias sociales perdurables. Aunque Alemania era una nación con una burocracia que funcionaba con precisión de relojería, quien la mandaba, la llamada casta dirigente prusiana, sería un ejemplo de creadores de mecanismos sociales. Mackinder consideraba Alemania como una nación organizadora, pero también identificaba dos tendencias dentro de la nación:
Frankfurt es la sede de la Alemania “idealista”, de los mercaderes, economistas, financieros e ingenieros sociales, cuna de la familia Rothschild, de la Escuela de Frankfurt (a su vez creadora de la religión “progre” y políticamente correcta), del Banco Central Europeo y de la Alemania “moderna” de la UE. Se encuentra en la banana azul.
Berlín es la sede de la Alemania “organizadora”, sede imperial y prusiana de los grandes caudillos militares y estadistas, cuna de la idea de Kaiser, del poder de Bismarck y Hitler y de la Alemania más propiamente “Reich”. A diferencia de Frankfurt, no fue apoyada por los poderes globalistas de la época de la Guerra Fría y durante décadas estuvo partida en dos por el Telón de Acero. Se encuentra en la banana roja.
Karl Haushofer recogió las enseñanzas de padres de la geopolítica como el estadounidense Alfred Thayer Mahan, el sueco Rudolf Kjellén, el alemán Friedrich Ratzel y el mismo Mackinder, aplicándolas a la situación contemporánea de Alemania y llevando la formulación de esta ciencia al siguiente escalón. Las ideas de Haushofer eran muy diferentes a las preconizadas desde más al Oeste. Convencido de que la proliferación de grandes centros urbanos era un síntoma de la decadencia de una nación (falta de arraigo al suelo, desplome de la natalidad en las ciudades, derrumbe de la agricultura con la consiguiente dependencia de patios traseros tercermundistas, falta de efectividad de sistemas de poder centralizados), promovió un modelo agrario y rural, no basado en el comercio exterior, sino en la autosuficiencia interna y la relación entre el individuo y la tierra: en lo posible, cada ciudadano alemán debía tener un mínimo terruño. Para llevar al cabo este modelo etno-agrario, Alemania debía apropiarse de Lebensraum (“espacio vital”, término ya acuñado por Ratzel), concretamente de las mejores tierras agrícolas del mundo: Ucrania y otros territorios de la Unión Soviética.
General Karl Haushofer (1869-1946).
Mientras que Mackinder promovía la formación de Estados pequeños en Europa con objetivos claramente balcanizadores, Haushofer afirmaba por el contrario que la existencia de Estados pequeños no tenía sentido, tratándose de elementos contradictorios y desestabilizadores. El alemán no veía con buenos ojos, por ejemplo, la existencia de Estados como Bélgica, Holanda, Portugal, Dinamarca, Suiza, Grecia y los países de la “alianza mutilada” de Austria-Hungría.
Probablemente no pueda sobreestimarse bastante la influencia que, a través de su alumno Rudolf Hess, tuvo Haushofer en Hitler y el nazismo. Cuando Hitler y Hess fueron encarcelados en 1923 tras su intentona de golpe de Estado, Haushofer los visitaba en largas sesiones, armado con libros de geopolítica de los autores mencionados además de Von Clausewitz. Era la época en la que el veterano de guerra austriaco escribía “Mi lucha”. También parece claro que estas ideas influyeron fuertemente a otros jerarcas del III Reich como Walther Darré, ministro de alimentación y agricultura que ya se había manifestado contrario a que Alemania recuperase sus antiguas colonias en el Tercer Mundo y que se mostraría en cambio partidario de las teorías de Blut und Boden (sangre y suelo) y Rasse und Raum (raza y espacio), según las cuales la colonización del Este por parte de granjeros alemanes de estirpe “nórdica” sería el único modo que tendría el Reich de fijar su dominio sobre la tierra que conquistaba. Durante el periodo nazi, el campesinado alemán incrementó su prestigio y pasó a ser considerado como un reducto de idiosincrasia alemana inalterada, la fuente del sustento del país y un puntal esencial de un nuevo movimiento étnico, social y geopolítico, combinación de germanización, “vuelta a la tierra” y Drang nach Osten.
La SS pretendía convertirse algún día en la aristocracia militar y política de este vasto proyecto. Las revistas SS también mostraban la influencia de Haushofer en el modelo agrario que proponían para el Este: colonias de campesinos y militares alemanes organizadas en una red de aldeas y granjas autosuficientes y bien conectadas. En estas publicaciones se rechazaba también el modelo de crecimiento económico basado en las concentraciones urbanas: las ciudades debían ser en buena parte desmanteladas y reducidas a su papel de meros nodos administrativos y burocráticos, no hormigueros donde se masifica al pueblo, se le separa de la tierra aniquilando su bagaje de identidad y tradiciones ancestrales y se aniquila su tasa de fertilidad. “Un pueblo nace en los campos y muere en las ciudades”, se repetía una y otra vez. En ingenuos pósters propagandísticos titulados “nuestro futuro está en el Este”, se mostraba a familias de campesinos alemanes instalados en Ucrania, los adultos montando a caballo o arando la tierra mientras los niños corrían por el campo. De un modo u otro, el triunfo de Operación Barbarroja hubiese supuesto el dominio germano de Europa del Este y su consolidación como espacio productivo y autosuficiente totalmente divorciado de las rutas marítimas oceánicas. Asimismo, el modelo territorial pensado para Ucrania y otros territorios se habría extendido con el tiempo hasta el patio trasero natural de Europa del Este: Asia Central, Siberia y Mongolia.
Hasta Gottfried Feder, el padre de la economía nacionalsocialista —ignorado adrede por la historiografía oficial debido a sus ideas sobre la abolición del interés del dinero—, parecía mostrar influencia de la escuela de geopolítica de Munich cuando afirmaba que los campesinos y la agricultura eran de importancia primordial para Alemania. En el manifiesto partidario oficial del 6 de Marzo de 1930, añadió que “Ante todo, es importante la colonización fronteriza en el Este. Pero ésta no puede ser efectuada únicamente mediante la creación de fincas rurales, sino a través del desarrollo de pueblos con poder adquisitivo en combinación con un reagrupamiento de los establecimientos industriales”. Añadía en el mismo escrito que era necesario llevar al cabo una “renordización” del pueblo alemán.
Tras 1945, los vencedores aliados consideraron las teorías de Haushofer como fuente de peligros y se encargaron de asegurar que no aparecieran más en los planes de estudios. Mientras el arte nazi era destruido, las mujeres alemanas violadas, los militares alemanes torturados en campos de concentración, los prusianos sometidos a genocidio directo, el pueblo alemán entero atenazado por la hambruna y la enfermedad y la industria nacional arrasada, la Geopolitik fue proscrita, Karl Haushofer se suicidó en Baviera con su mujer (una judía que nunca fue perseguida por el régimen nazi) y sus obras fueron censuradas, hasta el punto de que hoy son difíciles de encontrar. En una muestra del peor chauvinismo entre europeos, Mackinder había declarado que sería necesario “matar la filosofía de guerra alemana”, “exorcizar los espíritus malvados del alma de la nación alemana conquistada”, “barrer la magia negra de la mente alemana” y “que el Diablo en Alemania nunca pueda levantar la cabeza y muera de inanición”. Lo decía el geoestratega de un imperio que había conquistado por la fuerza el 23% de la superficie terrestre del mundo y que dominaba la mayor parte de la superficie marina. En todo el mundo, la Geopolítica se convirtió en una ciencia políticamente incorrecta de tal modo que hoy en muchos países (como España) se encuentra muy limitada como asignatura secundaria o estudio de posgrado en las facultades de Geografía y Ciencias Políticas, y en otros (como China) directamente está prohibida, permitiéndose su enseñanza sólo a cuadros políticos, generales y almirantes de las Fuerzas Armadas, personal de Inteligencia y probablemente a grandes empresarios de los sectores estratégicos.

Cabe recordar que la destrucción de Centroeuropa y Europa del Este se hizo en beneficio de Estasia, de esas “mil millones de personas de antigua civilización oriental” en India y China que, según Mackinder, “deben crecer a la prosperidad mientras Alemania y Japón están siendo domesticadas a la civilización”.

¿ESTÁ OBSOLETA LA TEORÍA DEL HEARTLAND?
Ya durante la II Guerra Mundial surgieron voces cuestionando la teoría del Heartland por varios motivos, de los cuales el más importante era la aparición del poder aéreo (air power, o aerocracia): los aires son algo así como la quinta esencia del mar, el mar elevado al cuadrado, ya que conforman un solo cuerpo que permite envolver todas las tierras del mundo… y también todos los mares. Para seguir defendiendo su postura, Mackinder escribió en 1943 The round worldand the winning of the peace (“El mundo redondo y ganar la paz”), donde expresó entre otras cosas que “El poder aéreo depende absolutamente de la eficiencia de su organización a nivel de suelo”. Efectivamente, las bases del poder aéreo son siempre terrestres (aeródromos convencionales) o marítimas (portaaviones), de modo que aunque el aire pueda ser el vector de algunas hazañas (por ejemplo, mantener la isla de Berlín-Oeste en el medio de territorios comunistas sólo pudo hacerse gracias a un puente aéreo), no puede sustraerse a la influencia de la tierra o del mar. De hecho, si la atmósfera existe es simplemente porque la gravedad de la Tierra la mantiene en su sitio. Sesenta años después de muerto Mackinder, Estados Unidos abastecía su presencia militar en Iraq a través del mar y su presencia en Afganistán a través de tierra; hacerlo por aire hubiera supuesto un coste desorbitado y las cadenas logísticas habrían sido mucho más vulnerables.
Un portaaviones como éste es toda una institución. La idea del monstruo es la del poder aéreo atado al poder marítimo y dependiente de él. Su ventaja con respecto a una base aérea terrestre es la movilidad, su desventaja es que dicha movilidad exige muchísima energía y además puede ser hundida. A menudo se escucha que el dólar estadounidense, cuya enorme masa monetaria no está ya respaldada por el oro o por una productividad real, está en realidad respaldado por los portaaviones de la US Navy. Sólo diez países del mundo poseen portaaviones, y Estados Unidos, con 11 portaaviones en servicio, es el único que posee más de 2. En el Siglo XIX, la Royal Navy construyó su flota según el tamaño de las flotas de sus potenciales enemigos, especialmente España y Francia. Hoy, los estrategas del presupuesto de defensa del Pentágono declaran que será el día del juicio final para Washington si las flotas de la US Navy tienen un tamaño menor que cinco veces las flotas de Rusia y China combinadas.
Convencido de la vigencia eterna de su teoría, Mackinder declaró “He descrito mi concepto del Heartland, que no dudo en decir es más válido y útil hoy que hace veinte o cuarenta años”. Sin embargo, el geógrafo sí que supo profundizarla y actualizarla para los nuevos tiempos, en los que la Guerra Fría ya se perfilaba en el horizonte. La primera nueva contribución de Mackinder fue la idea de Lenaland, una subdivisión del Heartland que tomaba su nombre del río Lena, la figura geográfica central de este espacio. Para Mackinder, Lenaland no formaba propiamente parte del Heartland ruso y era “un país generalmente áspero de montañas, mesetas y valles, cubierto casi de extremo a extremo por bosques de coníferas”. La región estaba particularmente aislada, lejos de la estepa, de los principales centros urbanos siberianos y de la ruta hacia Vladivostok, y sus recursos permanecían casi intactos.
Lenaland (rosa) tal como la definió Mackinder en 1943: el territorio que hay dentro del Heartland, al este del río Yenisey y al norte de una línea imaginaria Bering-Rumanía.
El segundo nuevo concepto mackinderiano es el anillo de espacios vacíos (girdle of vacancies), que Mackinder describe como sigue en “The round world and the winning of peace”:
Con esto, nuestra atención podría dirigirse a un gran rasgo de la geografía global: un anillo, por así decirlo, colgado alrededor de las regiones polares del norte. Comienza como el desierto del Sahara, es seguido a medida que uno se desplaza hacia el Este por los desiertos árabe, iraní, tibetano y mongol, y luego se extiende, a través de los espacios salvajes de Lenaland, Alaska y el Escudo Laurentino de Canadá, al cinturón sub-árido del oeste de los Estados Unidos.
Como se ve, la desierta franja rompe su carácter terrestre en Bering, Hormuz y Suez. Su baja densidad de población se interrumpe parcialmente en el valle del Nilo. Nótese que el Sáhara Occidental es la vía de entrada del atlantismo a la franja. Mackinder consideraba que, aunque a través de estos espacios se tendiesen carreteras y rutas aéreas, el anillo “durante mucho tiempo romperá la continuidad social entre las principales comunidades de la humanidad en el globo”.
Dicen que la mejor manera de predecir el futuro es creándolo uno mismo sobre la marcha. No sabemos si Mackinder era un profeta, si moldeó conscientemente la segunda mitad del Siglo XX o si su genio fue utilizado por élites por encima de él, lo que sí sabemos con certeza es que el inglés visionó claramente la formación de la escuela de sociología de Frankfurt (hablando de la necesidad de crear una “corriente de contra-filosofía” para neutralizar el nacionalismo y militarismo alemanes), el comienzo de la Guerra Fría, la incorporación de Alemania Oriental a la esfera de influencia del Heartland, la aparición del Pacto de Varsovia y la creación de la OTAN, cuando describió su visión estratégica del “Océano Mediterráneo” (el Atlántico Norte): “una cabeza de puente en Francia, un aeródromo protegido por foso en Gran Bretaña y una reserva de manpower entrenado, agricultura e industrias en el este de Estados Unidos y Canadá”. Sin embargo, hay una profecía mackinderiana que no se ha cumplido, la más importante, la que encabeza la primera parte de este artículo: aquella según la cual el Heartland acabará siendo el caldo de cultivo de un vasto imperio continental. ¿Por qué no se ha convertido el Heartland en ese inaccesible espacio económico organizado férreamente por un poder autoritario?
Simplemente, porque las potencias oceánicas tomaron nota de este peligro y se anticiparon a él, separando la cabeza natural de Eurasia de su cuerpo. Mackinder consideraba que la era “colombina” había sido la del poder marítimo y que el Siglo XX sería el comienzo de la era del poder terrestre… a menos que la internacional marítima hiciese algo al respecto. Y como ya sabemos, sí que hizo algo: enfrentó a Alemania y Austria-Hungría contra Rusia, patrocinó la Revolución Bolchevique, creó un cordón sanitario en Europa del Este, aniquiló Centroeuropa y levantó sobre las ruinas del viejo cordón sanitario uno nuevo —esta vez llamado Telón de Acero— que evitaba que Europa deviniese cabeza de Eurasia, convirtiéndose a cambio en una colonia de Estados Unidos y Reino Unido.
Mackinder había previsto claramente que “si la Unión Soviética emerge de esta guerra como conquistadora de Alemania, será la mayor potencia terrestre del globo. Más aun, será el Poder en la posición defensiva estratégicamente más fuerte”. Debido a la acción del atlantismo, la Unión Soviética conquistó sólo Alemania Oriental, y su dominio de Europa del Este (el Heartland extendido que vimos más arriba) nunca fue completo debido a Finlandia, Suecia, Grecia y Turquía, así como a países dudosos como Yugoslavia y hasta Rumanía.
El Pacto de Varsovia.
En esta época, el geoestratega estadounidense Nicholas Spykman hizo algunos “ajustes” a la teoría mackinderiana, cambiando la regla de oro de Mackinder por “Quien controla el Rimland gobierna Eurasia; quien gobierna Eurasia controla los destinos del mundo”. Puesto que el Heartland estaba claramente dominado por la URSS, al atlantismo sólo le quedaba rodear al monstruo continental para contenerlo y evitar que su influencia se derramase hacia los océanos. Ahora el objetivo de la OTAN era evitar que la URSS rompiese el Rimland obteniendo puertos cálidos en el Mediterráneo, el Golfo Pérsico, el Índico y el Mar del Sur de China. Pero el simple hecho de que Spykman reconociese la importancia de rodear al Heartland habla volúmenes acerca de la importancia del Heartland en sí, pues en realidad no hacía más que validar la teoría de Mackinder: que el Heartland es un pivote natural inaccesible en torno al cual gira todo un compás de civilizaciones, guerras y asedios. La fractura más importante en el seno de la OTAN tuvo lugar cuando, en 1966, la Francia degaullista optó por abandonar la organización (París volvería al redil otanero en 2009).
Tras la caída del telón, la URSS se retiró de Centroeuropa y Europa del Este, pero el atlantismo no retiró sus bases en Alemania y otros lugares, al contrario, profundizó en su asedio del Heartland, moviendo ficha en Asia Central y Europa del Este y adquiriendo bases (Polonia, países bálticos, Georgia, Kirguistán, Kosovo, Afganistán, etc.) con las que no hubiera podido soñar durante la Guerra Fría. Y del mismo modo que durante el período de entreguerras se creó un “cordón sanitario” de Estados entre la Alemania de Weimar y la Unión Soviética, hoy se ha recreado la barrera artificial de Europa del Este desintegrando la antigua Yugoslavia, metiendo a varios familiares Estados en la OTAN (Hungría, Chequia y Polonia en 1999,  Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania y Rumanía en 2004, Croacia y Albania en 2009), expandiendo la Unión Europea (Austria, Suecia y Finlandia en 1995, Chipre, Chequia, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta y Polonia en 2004, Rumanía y Bulgaria en 2007, Croacia en 2013) y con la instalación del llamado “escudo antimisiles” (eufemismo para “instalaciones misilísticas tanto ofensivas como defensivas”) en varios de estos países. Parece que el fantasma de Mackinder sigue haciendo de las suyas aun más de medio siglo después de la muerte del inglés.
De modo que podemos resumir el asedio al Heartland en varios puntos:
Expansión de la influencia de la OTAN en el Ártico y el Báltico. Quizás lo veamos con más detalle en un artículo futuro.
•  Expansión de la influencia de la OTAN en Europa del Este. Estos nuevos países adictos a Washington tienden a formar un muro de contención entre Centroeuropa y el Heartland. Muchos de ellos no son fiables y bascularán con el tiempo hacia Rusia. Los países bálticos y especialmente Polonia, son los más reticentes a la influencia rusa. Albania, Bosnia y Kosovo siguen siendo bastiones del atlantismo en la región.
•  Expansión de la influencia de la UE en Europa del Este.
Expansión de la influencia de la OTAN en el Pacífico. Bajo la doctrina del New Pacific Century y el Trans-Pacific Partnership (que no es sino el brazo económico del viraje indopacífico de EEUU) podemos esperar un mayor involucramiento de EEUU en el Cinturón de Fuego, es decir, en la cadena insular que rodea a China desde el Este. Probablemente lo veremos con más detalle en un artículo futuro.
•  Expansión de la influencia de la OTAN en el Golfo Pérsico. “Atlantización” del Consejo de Cooperación del Golfo: Bahréin, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos (tanto Jordania como Marruecos están interesados en acercarse a la organización). Todos estos países son monarquías tiránicas gobernadas por casas reales degeneradas unidas a la casa real inglesa, cuyo único fin es asegurar el petróleo y el gas natural para la OTAN y actuar como muro de contención ante la influencia persa-chiíta, encarnada especialmente en Irán, pero también en Siria y Líbano. Estos regímenes impresentables, a los que podemos llamar Los Golfos con doble derecho, fueron esenciales en el nacimiento del “yihadismo internacional” y en la expansión del salafismo —particularmente el papel de Qatar ha sido muy destacado desde la Guerra de Libia, aunque a partir de Julio de 2013 su protagonismo ha ido disminuyendo. Los enemigos regionales de los Golfos son Siria, Irán y en general la religión chiíta, que es mayoritaria en el Golfo Pérsico.
Aunque el rol de los Golfos será visto con mayor detalle en otro artículo, de momento vale la pena que le prestemos atención a un rasgo de la geografía regional: la punta sur del Heartland, el lugar donde sólo una estrecha franja costera de terreno persa, dividida entre Irán y Pakistán, separa al Heartland de los mares cálidos. Al sur de las cuencas endorreicas de Sistán y los lagos Niriz y Jaz Murian termina el Heartland y comienza el Rimland y las cuencas del Golfo Pérsico y del Mar Arábigo. Que nos suenen nombres como Assaluyeh, Bandar Abbas, Bahréin, Bushehr, Chabahar, Doha, Dubai, Gwadar, Hormuz, Kish, Manama, Qatar y los montes Zagros, ya que son nodos ultra-estratégicos por su importancia como rutas energéticas, porque encadenan el Heartland con los mares cálidos del sur y porque flanquean el vital estrecho de Hormuz —uno de los chokepoints o cuellos de botella más importantes del tráfico petrolero y gasero internacional.
Al pie de los montes Zagros termina el Heartland y comienza la franja más angosta y delicada de todo el Rimland: la de Baluchistán y el estrecho de Hormuz. Las plazas señaladas son clave para la contención o expansión de la influencia del Heartland (en este caso la influencia persa) hacia el Golfo Pérsico y el Índico. Irán, una enorme fortaleza natural al tratarse de una meseta llena de montañas, es el único país de Oriente Medio con fronteras medianamente coherentes (debido a que fue el único país de la región que preservó su independencia durante la era colonial), y tiene claramente la posición geográfica más dominante, presidiendo el Golfo Pérsico y el estrecho de Hormuz desde sus estratégicas elevaciones. Nótese que a la altura de Bandar Abbas y el estrecho de Hormuz, el Heartland se encuentra a punto de partir el Rimland por la mitad, por tanto fragmentándolo y desafiando la doctrina de Spykman.
EEUU se encuentra en pleno proceso de apoyo y fortalecimiento de los Golfos. Qatar alberga la sede del CENTCOM del Pentágono, una oficina del movimiento talibán y varias de Al-Qaeda y de la Hermandad Musulmana, desde ellas, se gestiona el reclutamiento de mercenarios de los bajos fondos del mundo musulmán para hacerle el trabajo sucio al atlantismo en Siria, Chechenia y otros lugares. Emiratos Árabes alberga instalaciones de Inteligencia, una base de drones y una base de entrenamiento de Academi (la antigua Blackwater), Bahréin es la base de la V Flota de la US Navy, Kuwait ha acogido a muchos de los efectivos militares que Washington ha retirado de Iraq, etc. Si situamos todas estas instalaciones en el mapa de arriba, nos daremos cuenta de hasta qué punto el asedio del Heartland es particularmente intenso en su zona sur y la paranoia en torno al Estrecho de Hormuz e Irán es máxima.
Por tanto, repasando la situación del mundo en la actualidad, comprobamos que la teoría del Heartland no sólo no está “pasada de moda”, sino que sigue más vigente que nunca —sólo que ahora la vertebración del Heartland no viene de la mano de vías férreas, sino de organizaciones internacionales, oleoductos y gasoductos, de los cuales el que ocupa el papel más destacado (tras el telón) en las noticias de actualidad es el Gasoducto Islámico.

El mapa de arriba puede brindarnos bastante jugo. De las 26 ciudades de más de 1 millón de habitantes que hay en el Heartland, el Estado que controla más es Rusia (11) seguida de Irán (9). Ningún otro Estado posee más de una ciudad de más de un millón de habitantes en el Heartland [1]. Las ciudades más grandes del Heartland son Moscú (Rusia), Teherán (Irán), Urumqi (China), Mashhad (Irán), Bakú (Azerbaiyán), Almaty (Kazajistán), Tifilis (Georgia) y Novosibirsk (Rusia). Se aprecia que los centros de población más importantes del Heartland se encuentran concentrados hacia el oeste del mismo, evidenciando que el impulso que ha conquistado, colonizado y organizado el Heartland a lo largo de la historia ha venido de Occidente y que las conexiones del Heartland con Europa son mucho más practicables e íntimas que con Estasia o el Indostán. Si seguimos el anillo de ciudades que rodea el Heartland, comenzando por la número 1 y terminando en la 24, atravesamos varios mundos culturales: el eslavo-ortodoxo, el túrquico, el persa, el árabe, el indo-iranio, el budista, el chino, el manchú… y el eslavo-ortodoxo de nuevo. Ninguno de ellos es de cultura anglosajona. La franja más crítica, en donde el Heartland se acerca más a un gran océano, sin contar las costas árticas del Norte (congeladas y por ende inaccesibles buena parte del año), es la región de Baluchistán, a caballo entre Irán y Pakistán, que separa al Heartland del Índico y donde el Heartland podría más fácilmente partir el Rimland en dos, obteniendo una salida a dicho océano.

¿EXISTEN OTROS HEARTLANDS?

Mackinder tenía el punto de vista de un geoestratega oceanista obsesionado con Eurasia, pero nosotros también podríamos identificar un Heartland en Norteamérica siguiendo exactamente las mismas explicaciones que daba Mackinder para Eurasia. Por poner un ejemplo, hay pleno derecho a considerar los lagos y golfos del norte de Norteamérica como mares interiores cerrados, ya que, a diferencia del Mar Negro, el Báltico o el Caspio, sí están controlados de facto por una sola potencia geopolítica: el atlantismo de cuño anglo-americano.
Del mismo modo, existen otras cuencas endorreicas y espacios interiores que, sin ser de carácter continental tan puro como el Heartland eurasiático, merecen ser tenidos en cuenta y considerados como pequeños heartlands regionales. Es importante no perder de vista que Mackinder parecía concebir un Heartland como un lugar que, aparte de inaccesible al poder marítimo, tenía poder fluvial, es decir, ríos navegables. Muchos de los heartlands menores que describiremos ahora no cumplen esta condición.
EL HEARTLAND ÁRABE ―NEJD Y EL CUERNO DEL DIABLO
En el Hadith (escrito musulmán complementario al Corán) de Nejd se relata cómo Mahoma le pide a Alá que bendiga varias regiones árabes, omitiendo específicamente el Nejd o Nechd, la inhóspita región del centro de la Península Arábiga, situada en plena cuenca endorreica árabe. Cuando los seguidores de Mahoma le piden que bendiga el Nejd, él los ignora, hasta la tercera vez:
Relata Muhammad al-Bujari que según Abdullah ibn Umar el Mensajero de Alá (la paz y la bendición de Alá estén con él) dijo “¡Oh Señor mío, bendice para nosotros Siria!, ¡oh Señor mío, bendice para nosotros el Yemen!” La gente dijo: “¿y el Nejd?” Siguió: “¡Oh Señor mío, bendice para nosotros Siria!, ¡oh Señor mío, bendice para nosotros el Yemen!” Dijeron: “¿y el Nejd?” y creo que en la tercera vez dijo “en este lugar habrá terremotos y sediciones, y es también en este lugar donde aparecerá el Cuerno del Diablo.
Mahoma describe que un pueblo distorsionará la fe musulmana para nunca volver a ella y que su señal serán cabezas afeitadas. Leyendo entre líneas y desde el Siglo XXI, podemos identificar el Cuerno del Diablo con la corriente religiosa wahhabita-salafista, promovida por la familia real Saud, una versión radical del Islam comparable al calvinismo como rama cristiana, que muchos ni siquiera consideran propiamente islámica y que es la corriente religiosa profesada por Al-Qaeda, la Hermandad Musulmana, los terroristas chechenos y muchas de las madrasas pakistaníes donde se forjan futuros talibanes. Las cabezas afeitadas pueden ser perfectamente las de los mercenarios salafistas patrocinados por los Golfos en Siria y Libia.
El wahabismo surgió en el Nejd en el Siglo XVIII, su furia se dirigió sobre todo contra los chiítas (matanzas de Nayaf y Kerbala, actual Iraq) y el Imperio Otomano, fue cooptado junto con la casa de Saud por la misión inglesa de Lawrence de Arabia y actualmente, financiado generosamente por los petrodólares saudíes y el gas natural qatarí, se encuentra implantado incluso en mezquitas europeas [2] con pleno conocimiento y tolerancia por parte de los servicios de Inteligencia de los países de la UE. También los mercenarios que asolaron Libia y Siria eran en su mayoría escoria social reclutada por las redes religiosas y de Inteligencia del yihadismo internacional salafista.
Cuencas endorreicas de la Península Arábiga. Fuente del mapa: Wikipedia.
Son muchas las anomalías geopolíticas del entorno del heartland árabe (Qatar, Kuwait y Bahrein son estados cuya existencia no hay por dónde cogerla), pero sin duda la más importante es el Estado de Israel, que ya de por sí parte el mundo árabe y musulmán en dos, que rompe el eslabón entre Eurasia y África y que supone un portaaviones del atlantismo en este vital eslabón geográfico. La penetración de Israel hacia el Este (Cisjordania, Jerusalén-Este y la zona de asentamientos de colonos judíos) es en realidad una maniobra judía para controlar los acuíferos y fuentes de los ríos de la zona y tener un pie en el vasto heartland árabe, que podría unirse automáticamente con el gran Heartland asiático simplemente con bloquear el estrecho de Hormuz, y con el heartland africano bloqueando el canal de Suez, como veremos después. Esos bloqueos son los que el atlantismo desea impedir a toda costa.
El Estado de Israel y la cuenca endorreica de Arabia en Próximo Oriente. El Heartland árabe marca la frontera donde termina la Eurasia continental propiamente dicha y comienza el Levante, un dominio claramente marítimo. Como pasa con el Heartland eurasiático, la parte más poblada y urbanizada de la cuenca árabe, su cabeza natural, es su parte occidental. Los altos de Golán, Jerusalén-Este y los asentamientos en Cisjordania son maniobras estratégicas atlantistas para penetrar más profundamente en el Heartland árabe.
Del mapa de arriba podemos sacar en claro que, si ya el Estado de Israel es una grave anomalía geopolítica, lo que clama al cielo es una región israelí en especial: la mitad sur del país, todo lo que hay debajo de Cisjordania, incluyendo el desierto de Neguev y especialmente la minúscula franja costera que posee Israel en su vértice sur, en el Mar Rojo. Esta franja del Golfo de Aqaba —donde la Armada israelí posee una base naval y de submarinos—, que nunca perteneció a los reinos judíos históricos, es realmente donde se rompe la continuidad territorial del mundo árabe y de la Isla Mundial, convierte a Israel en un segundo Canal de Suez (bisagra entre el Mar Rojo y el Mediterráneo), en un paso obligado entre Eurasia y África y además es responsable de la proyección del poder israelí hacia África, especialmente en el valle del Nilo (la independencia de Sudán del Sur y muchas maniobras en Uganda fueron de autoría israelí) y en el Cuerno de África. Israel aparece por tanto como un intento oceánico de obtener una plaza fuerte para asediar el heartland árabe e impedir que se una territorialmente con el Heartland eurasiático y el heartland africano para formar un bloque territorial indivisible e impenetrable al poder marítimo. De particular importancia para Israel es frustrar las rutas y relaciones entre Siria y Egipto —las columnas gemelas del mundo árabe clásico y las cunas del panarabismo.
Riad, la capital saudí, es la ciudad más grande del heartland árabe, rodeada de desierto y aislada en el medio del Nejd.
“Los conquistadores móviles de las tierras aradas”. Entre el heartland árabe y el eurasiático se encuentra Pentalasia —lo que Mackinder llamó “land of the Five Seas” (tierra de los cinco mares) en su obra “The geographical pivot of history”. Entre el Heartland árabe y el africano se encuentran el Estado de Israel, el canal de Suez, el Mar Rojo y el valle del Nilo. Mackinder ilustra las potencias históricas que han tendido a luchar por el control de Pentalasia: desde Europa, marinos (shipmen), desde el Heartland, jinetes (horsemen) y desde Arabia, camelleros (camelmen). El geoestratega inglés afirmaba que la región representada en el mapa es “the most vital of modern highways” (la más vital de las autovías modernas). Acude a la mente la importancia actual de Iraq, Siria, Líbano e Israel.
EL HEARTLAND AFRICANO
Mackinder consideraba que el Sahara era, por delante del Himalaya, la más formidable barrera natural del planeta. Los análisis genéticos le dan la razón: en un mapa de similitudes genéticas entre las “tribus genéticas” del mundo, la diferencia entre Noráfrica y África subsahariana forma una clara brecha, mucho más radical que la que existe entre ambas vertientes del Himalaya.
Mapa de similitudes genéticas de un europeo occidental. En él se aprecia perfectamente la efectividad del Sáhara como barrera geográfica. Fuente: DNAtribes.com
En África existen varias cuencas endorreicas, destacando especialmente las del desierto del Sáhara, que generalmente van a dar a acuíferos y oasis.
Cuencas endorreicas de África. Reveladoramente, la región de Mali amenazada por los yihadistas de AQMI e invadida por la OTAN, coincide con la parte del país que forma parte de las cuencas continentales del Sáhara. El extraño estatus del Sáhara Occidental se debe entre otras a que es donde las cuencas endorreicas saharianas son más accesibles desde el Atlántico y a que es la entrada natural de Estados Unidos y Reino Unido a la franja de espacios vacíos [3]. El Sáhara Occidental es también la región africana más cercana a EEUU.
Sin embargo, para Mackinder, el Heartland africano tenía una definición sencilla: era toda África subsahariana. El inglés se basaba en que los ríos subsaharianos son navegables en el interior pero antes llegar a la costa caen por las pendientes abruptas de los bordes mesetarios, en cascadas, rápidos y tramos fluviales imposibles de remontar en barco. Incluso el Nilo tiene varias cataratas y hoy deja de ser navegable a partir de Juba, la capital de Sudán del Sur.
En el Heartland africano hay que atender a dos rasgos geográficos. El primero son los lagos (Victoria, Chad, Tanganika, Malawi, etc.). Parece claro que el Imperio Británico y Francia dibujaron las fronteras de tal manera que cada gran lago africano nunca fuese controlado por un solo Estado. Malawi, Ruanda, Burundi y otros países son ejemplos perfectos de Estados artificiales y geográficamente incoherentes, que están ahí simplemente para provocar inestabilidad y balcanizar el dominio de los lagos africanos y las cuencas fluviales. La división territorial del Lago Victoria también es otro ejemplo.
El otro rasgo a prestar atención en África subsahariana son los parques naturales. Si en teoría los parques naturales son una idea muy loable, en la práctica son simplemente un cuento chino para evitar la construcción de bases militares, la explotación de recursos o el desarrollo económico en zonas que a la “Comunidad Internacional” no le interesan que se vuelvan fuertes. En España, el Parque Natural del Estrecho, la Playa de los Lances o el Parque Nacional de las Islas Atlánticas de Galicia son varios ejemplos. A la vez, estos parques proporcionan la excusa perfecta para que instituciones internacionales como la UNESCO o diversos grupos ambientales se inmiscuyan en el patio trasero de países ajenos. Por ejemplo, los tigres y rinocerontes de Nepal fueron la hipócrita excusa para instalar una base de drones en el país y plagar su espacio aéreo de aviones no-tripulados, cuando es obvio que el verdadero objetivo es China. Todo esto no significa que no existan en el mundo graves problemas medioambientales, pero es estúpido pensar que su respuesta se encuentra en los drones, las environmental agencies, las oficinas de monitorización regional, los satélites o llenarlo todo de agentes extranjeros.EL CERRADO —BRASIL POSEE EL HEARTLAND DE SUDAMÉRICA
Sudamérica no posee como Eurasia una gran región claramente endorreica que pueda ser llamada Heartland como tal. Tratándose de un continente en general húmedo y lleno de acuíferos y ríos, el mapa de las cuencas endorreicas sudamericanas es más bien magro:
Cuencas endorreicas de Sudamérica.
La cosa cambia si nos dirigimos hacia el Río de la Plata, que fue vital para que la influencia inglesa penetrase hacia el interior del continente para maquinar la aniquilación de un país central muy preocupante para el Imperio Británico: Paraguay. La Cuenca del Plata se canaliza hasta un estuario. Los ingleses, responsables de dibujar buena parte de las fronteras de Iberoamérica con el apoyo de las logias masónicas locales ―totalmente controladas por ellos― tuvieron a bien balcanizar la desembocadura del Río de la Plata con un Estado artificial: Uruguay. De ese modo, si Buenos Aires les salía “respondona”, siempre podrían aliarse con Montevideo. Lo que indica esta balcanización es que a los británicos les preocupaba que Argentina y/o Brasil pudiesen bloquear la Cuenca del Plata. Veamos por qué.
El bloqueo del estuario del Río de la Plata, en combinación con las cuencas endorreicas naturales, generaría un pseudo-heartland en Sudamérica que recrearía la utópica república teocrática que los jesuitas habían querido instaurar en la zona en el Siglo XVII. Para evitar la aparición de una potencia sudamericana central que dominase la Cuenca del Plata, el Imperio Británico creó Uruguay e intrigó para que el resto de Estados de la zona se volviesen contra Paraguay.
Si hubiese que definir un Heartland sudamericano, podríamos identificar vagamente el territorio que hay al este de los Andes, al norte de Serra do Mar, al oeste de Serra do Espinhaço y Chapada Diamantina, las partes altas de la Cuenca del Plata y excluyendo las regiones bajas de la cuenca del Amazonas. En este Heartland se encontrarían el Mato Grosso, las famosas chapadas (mesetas) brasileñas, la capital Brasilia, Paraguay, el Chaco, partes de Bolivia y del norte de Argentina, la estratégica zona de la Triple Frontera y sobre todo varios importantes acuíferos (como el guaraní), los mayores del mundo. Como en el caso del Heartland eurasiático o de las cuencas endorreicas saharianas, existe una franja crítica donde este heartland se acerca al mar hasta casi tocarlo: en la costa del sur de Brasil, donde están situadas São Paulo y Rio de Janeiro. La parte brasileña de este heartland tiende a coincidir con el apropiadamente llamado Cerrado Brasileiro, una ecorregión de tipo sabana tropical. Coincidiendo el Cerrado con una dominante meseta en el seno del heartland sudamericano, podríamos hacer extensivo su nombre al heartland entero.
Si hubiese que definir algo parecido a un heartland en Sudamérica, se parecería a esto. El mapa no pretende representar una realidad geográfica claramente definida como el Heartland eurasiático, sino simplemente un dominio de carácter continental, que no debe interpretarse al pie de la letra, sino de forma orientativa, y que admite muchas variaciones. Este heartland hasta tiene su propia versión de los cosacos de la estepa eurasiática o los vaqueros del oeste norteamericano: los gauchos, que han creado en el sur de Brasil una cultura ganadera no muy distinta a la de sus homólogos norteamericanos. El Cerrado también tiene en común con la Gran Cuenca norteamericana la presencia de sectas cristianas muy organizadas y prósperas y de excelente manpower, en este caso menonitas de origen principalmente ruso [4].
La ecorregión brasileña del Cerrado. Gracias al Cerrado, Brasil ha pasado de ser un importador de alimentos a ser un granero internacional, junto con Estados Unidos, China, Canadá, Australia, Argentina y la Unión Europea. El país ha aumentado diez veces sus exportaciones de carne de vacuno, adelantando a Australia como Estado más importante, y es el segundo país en cantidad de cabezas de ganado después de India. Es también el Estado con más tierra arable en el mundo (la FAO de la ONU habla de más de 400 millones de hectáreas, de las cuales “sólo” se están usando 50 millones) y la mayor parte de estas tierras arables no se encuentra en la Amazonia, sino en el Cerrado. Buena parte del éxito agropecuario de Brasil hay que atribuírselo a la Embrapa (Empresa Brasileira de Pesquisa Agropecuária), empresa pública creada en 1973 por los generales que entonces gobernaban el país, y que fue la que preparó el Cerrado para la agricultura y la ganadería. En la actualidad, la proliferación de ingenieros agrónomos en Brasil puede hacer que el país mantenga una presencia en varios Estados africanos, especialmente Angola.
El agua u “oro azul” es la otra gran baza de Brasil, ya que un ser humano puede vivir perfectamente sin oro, diamantes, petróleo o gas natural, pero no puede vivir sin agua, que además es necesaria para regar campos y alimentar ganado. Brasil tiene más de 8 mil millones de kilómetros cúbicos de agua renovable al año, lo cual lo convierte en el país-acuífero más importante del planeta, con más agua renovable que toda Asia. Piauí, aun siendo una de las regiones más secas y pequeñas de Brasil, obtiene un tercio más de agua que todo el cinturón de maíz de los Estados Unidos. Los acuíferos de Brasil [5] son de una importancia, no ya regional, sino global para la seguridad alimentaria de la humanidad entera, de modo que no es de extrañar que por ejemplo Coca-Cola y Nestlé estén en plena fiebre de adquisición de tierras encima del Acuífero Guaraní, mientras que la Global Environment Facility (GEF), una organización financiera internacional basada en EEUU y gestionada por la ONU y el Banco Mundial, ha metido también sus narices en el acuífero.
Extensión del acuífero guaraní. Aquí un mapa del acuífero elaborado por el Banco Mundial. El acuífero incluye la estratégica Zona de la Triple Frontera (Brasil-Argentina-Paraguay) y se cree que es un motivo de peso para el establecimiento de una base aérea estadounidense en Paraguay. Uno de los desafíos del imperio brasileño, además de evitar la “internacionalización” del acuífero a manos de multinacionales extranjeras, es evitar que se contamine con agrotoxinas.
Está bastante claro en Brasil que donde hay recursos golosos o posiciones estratégicas inaccesibles para el atlantismo, la UNESCO proclama sistemáticamente una “reserva protegida”: el medioambiente está por todas partes y por tanto es un vector de proyección tremendo para la globalización. Hay docenas de etnias indígenas amenazadas por el avance de los campos de cultivo de soja y otros, pero las únicas que le preocupan a la globalización son aquellas que viven sobre lugares importantes. Hurgar en el concierto económico de estas zonas y luchar contra la influencia ibérica (católica, portuguesa y especialmente española) es lo que tiene en mente el Banco Mundial con su financiación del movimiento indigenista en toda Iberoamérica. Similares fines de desestabilización son los que persigue la Ford Foundation en su promoción del “movimiento negro” en Brasil.
Pero el hecho permanece que Brasil, con sus acuíferos, cereales, carne y tierras, tiene cubierta la más importante de todas las soberanías: la alimentaria. Además, a diferencia de las posesiones españolas, Brasil no sufrió la terrible balcanización promovida por el Imperio Británico y Estados Unidos (aunque en el Siglo XIX, EEUU tenía varios proyectos de partición de Brasil, que fracasaron al ser sofocados por el gobierno brasileño). Por ello, Brasil llega hasta nuestros días como un masivo bloque de tierra y el candidato más razonable para convertirse en el núcleo de los Estados Unidos de Sudamérica.
Los territorios españoles de Sudamérica fueron menos afortunados y, de todos ellos, quizás Paraguay fue el más vapuleado por la Historia. Se independizó de España en 1811 bajo el liderazgo de José Gaspar Rodríguez de Francia, que inmediatamente luchó contra la influencia de la Iglesia católica, abolió la Inquisición, expropió las propiedades eclesiásticas, formó un ejército con material confiscado de los arsenales jesuitas y en 1814 prohibió los matrimonios entre españoles, obligándoles a casarse con negros, mulatos e indios a fin de obtener una sociedad mezclada y homogénea. El estadista estaba fuertemente influido por las lecturas de los enciclopedistas franceses y por sus amistades masónicas, y buscaba crear una república utópica basada sobre todo en la filosofía del “proto-progre” Rousseau. En la práctica, creó un estado policial aislacionista, una especie de Corea del Norte incrustada en el medio de Sudamérica, donde todos los opositores a su régimen fueron ejecutados o arrojados a prisión.
Durante la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870), Paraguay fue devastado y saqueado por Brasil, Argentina y Uruguay. La industria textil del Imperio Británico, crecientemente privada de sus fuentes de algodón (era la época de la Guerra de Secesión en Norteamérica y Paraguay era el segundo productor de algodón del mundo), puso sus ojos sobre los recursos paraguayos, controlados por un gobierno centralizado y cerrado, e intrigó para movilizar a los otros tres Estados contra Asunción, que bajo el Presidente Francisco Solano López, estaba en pleno proceso de control de la Cuenca del Plata. El cónsul británico Henderson escribía a la Foreign Office que “La mayor parte de la propiedad rural es propiedad del Estado. Las mejores casas de la ciudad pertenecen al Gobierno y éste posee valiosas granjas de cría y agrícolas en todo el país”. Paraguay era por tanto una economía cerrada, nacional y estatal, que no dejaba espacio al “libre cambio”, al “libre comercio” y a la “libre navegación”. La influencia del comercio internacional (es decir, del mar y por tanto del Imperio Británico) era mínima en el país.Reino Unido ya gobernaba India, una nación de 250 millones de personas, con sólo tres mil ingleses, pero no quería la más mínima amenaza a su estatus como reina de los mercados. Prestando más de 10 millones de libras esterlinas a Brasil y 3,5 millones a Uruguay, la banca Rothschild de Londres se aseguró de que la autárquica Paraguay fuese arrasada a pesar de su tenaz y patriótica resistencia. Tras la guerra, Paraguay se endeudó con bancos británicos, la producción agrícola fue puesta bajo el control de “inversores” ingleses, las fundiciones y otras industrias fueron desmanteladas y Brasil y Argentina obtuvieron libre navegación en sus ríos. El tramo de ferrocarril Asunción-Villarrica fue enajenado para pagar las deudas y 29 millones de hectáreas de tierra pasaron a manos privadas, simplemente “expropiadas” a los campesinos, que técnicamente eran trabajadores del Estado. El “gobierno provisorio del Paraguay” declaró libre el comercio de la yerba mate, el algodón y el corte de madera en el comercio internacional: la Stock Exchange de la City de Londres respiró aliviada. Diría el general argentino Mitre que en la guerra habían triunfado “los grandes principios del libre cambio”.
Junto con el “genocidio económico”, hubo un desplome demográfico: de 1,3 millones de habitantes que tenía Paraguay originalmente, la mayor parte descendientes de españoles, alemanes y guaraníes, sobrevivieron 300 mil, la mayoría mujeres y niñas. El 90% de los varones paraguayos resultaron muertos en la contienda. En asunción, los cadáveres sin sepultar produjeron pestes y la demografía paraguaya sólo pudo recuperarse parcialmente gracias al concubinato y la poligamia extraoficial. La Guerra de la Triple alianza es el ejemplo perfecto de la saña que muestra la talasocracia para con los territorios cerrados a su comercio internacional y de cómo, ante todo, ataca al manpower de tales países, convirtiendo un país que hubiera podido ser la Suiza de Sudamérica en un montón de cadáveres y escombros humeantes. En el Siglo XX, tanto Argentina como Brasil admitirían la injusticia cometida con Paraguay: el argentino Perón hasta devolvería simbólicamente a Asunción los tesoros saqueados durante la guerra en un gesto de buena voluntad.
Paraguay tiene una posición central en la Cuenca del Plata y en el Siglo XIX estaba organizando toda la cuenca, poniéndola bajo una economía fuertemente estatal. Frontera roja: Paraguay antes de la Guerra de la Triple Alianza. Gris: territorios perdidos tras la guerra. La región del Gran Chaco que se extiende por encima de la frontera roja en el Este del país fue conquistada a Bolivia en la Guerra del Chaco de los años 30 del siglo siguiente. Esta vez los protagonistas económicos serían el petróleo, la Standard Oil de Rockefeller y la británica Shell Oil.
En un apartado sobre el heartland sudamericano y en tiempos de un Papa jesuita y argentino, no podemos pasar por alto el periplo de la Compañía de Jesús en la Cuenca del Plata. Muchas órdenes religiosas del pasado habían formado Estados monásticos (la Orden Teutónica en Prusia y Livonia, los hospitalarios en Rodas y Malta, los templarios probablemente pretendían hacer lo mismo en Chipre) y los jesuitas buscaban hacer algo parecido en la Sudamérica guaraní. El Siglo XVII tuvo un importante protagonismo internacional de la Compañía de Jesús, que vería a sus misioneros viajar hasta Tíbet y remontar el Río de la Plata, convirtiendo a los indios locales y fundando colonias misioneras bien organizadas, a las que llamaron reducciones. Crecientemente militarizadas bajo tácticas a medio camino entre la Guerra de los 30 Años y el combate en jungla, estas reducciones formaron un tapón ante la expansión de la influencia portuguesa que irradiaba desde Brasil. ¿Se estaba constituyendo una orden religioso-militar en las actuales Paraguay, Argentina y Brasil? El escritor argentino Leopoldo Lugones describe la aventura de los jesuitas en su libro “El imperio jesuítico”.
Mapa de las reducciones jesuíticas. La idea de la Compañía de Jesús era acabar fundando una república teocrática independiente. Nótese su cercanía a la zona de la Triple Frontera. Fuente del mapa: Wikipedia.
Ruinas de una reducción jesuita en Paraguay.
Todos estos movimientos estratégicos en torno a Paraguay tienen hoy su contrapartida moderna en la importancia de la zona de la Triple Frontera (Paraguay-Brasil-Argentina), una zona tan estratégica que el atlantismo está intentando encontrar a toda costa células de Hezbollah entre los inmigrantes libaneses chiítas establecidos allí, seguramente como excusa para justificar el incremento de presencia de Washington en la zona.
Paraguay nunca llegó a emanciparse del todo del atlantismo. Durante los años 70, la mafia corsa utilizaba al país como estación intermedia para transportar heroína desde Marsella hasta EEUU, y después se añadió tráfico de cocaína entre Bolivia y Paraguay a través del Chaco. Teniendo en cuenta que el tráfico de drogas en el mundo entero está en buena medida controlado por agencias estatales de EEUU, no es de extrañar que en la zona existan dos bases estadounidenses: una base de la corrupta DEA (Drug Enforment Agency) en la ciudad fronteriza paraguaya de Pedro Juan Caballero, y otra base aérea pseudo-encubierta en el aeropuerto internacional Dr. Luis María Argaña, de la localidad Mariscal Estigarribia, situada en el Chaco. Estas bases son el modo que tiene Washington de acercarse a la zona de la Triple Frontera, al Acuífero Guaraní y a Bolivia… y por tanto de tener un pie en pleno heartland sudamericano y monitorizar las actividades de los ejércitos de Brasil y Argentina. Teniendo en cuenta que Colombia, plagada de bases estadounidenses, es el país productor de cocaína Nº1 y que Afganistán, también repleta de bases, es el productor de opio Nº1, el establecimiento de estos hubs de Washington en la zona podría ser el anticipo de la conversión de Paraguay en un nuevo narco-estado iberoamericano, puesto que está claro que las bases estadounidenses no están para luchar contra el narcotráfico, sino para controlarlo. El actual Presidente de Paraguay, Horacio Cartes ―que sustituyó al ex-obispo católico Fernando Lugo tras un golpe de Estado blando en 2012, similar al que derrocó a Manuel Zelaya en Honduras en 2009―, es un banquero, magnate del tabaco y ranchero cuyo Banco Amambay ha sido acusado de evasión de impuestos y de lavar dinero negro procedente del narcotráfico. Si la tendencia prosigue, el régimen de Asunción puede ser secuestrado por poderosos cárteles transnacionales de la droga relacionados con las agencias de Inteligencia de EEUU, que conviertan al país en una nueva Colombia y por tanto en una amenaza para la seguridad nacional de los países fronterizos.
Brasil es sin duda la potencia regional llamada a dominar el heartland sudamericano, especialmente a través de organizaciones iberoamericanas de tipo MERCOSUR.  Brasil podría convertirse además en la base de un atlantismo alternativo, uno más basado en el Atlántico Sur y en Iberia (España + Portugal), uno que tienda a aislar el Atlántico Norte a base de cerrar a cal y canto (no tiene por qué ser militarmente, puede hacerse también a través del comercio y las alianzas) el Caribe, el Mediterráneo y el arco insular Fernando de Noronha-Cabo Verde-Sáhara Occidental-Islas Canarias-Madeira. También tiene, junto con Argentina, la misión de controlar Antártida y el paso del Atlántico al Pacífico, para lo cual hay que contar con el problema de las geobloqueantes Islas Malvinas.
Un vistazo a las ZEE (Zonas Económicas Exclusivas) del Atlántico muestra dos cosas: el protagonismo extraordinario de Reino Unido (turbios paraísos fiscales y bases estratégicas) y el potencial de un puente geopolítico Brasil-Iberia. Dicho puente tendería a atenazar Marruecos aislándolo de sus aliados Reino Unido y EEUU, así como a bloquear el acceso del atlantismo al Sáhara y por tanto a la franja de espacios vacíos. Además separa las posesiones británicas en el Atlántico Norte de las del Atlántico Sur.
Durante la Guerra Fría, Estados Unidos propuso a Brasil, Argentina, Uruguay y Sudáfrica formar una OTAS u Organización del Tratado del Atlántico Sur. Los países involucrados se negaron, conscientes de que era el modo que tendría Washington de incorporarlos a su esfera de influencia. Brasil además era reacio a involucrarse con Sudáfrica debido a su interés en llevarse bien comercialmente con países del África negra como Nigeria y Angola. El eje IBSA (India-Brasil-Sudáfrica), la Lusofonía y el Mercosur podrían fácilmente convertirse en una nueva OTAS, autónoma y por tanto desvinculada de la OTAN. Brasil e Iberia tendrían que tener, como mínimo, relaciones tan buenas como las que median entre Estados Unidos y Reino Unido, mientras que Argentina podría ser una versión hispana de Australia. Francia tampoco puede sustraerse a esta posibilidad geopolítica: Río de Janeiro tuvo históricamente una fuerte influencia francesa, París apoyó a Argentina durante la Guerra de las Malvinas y aun hoy en día mantiene lazos armamentísticos con Brasil y lleva al cabo numerosas transacciones financieras a través de la Guayana Francesa.
Esta posibilidad geopolítica ya ha sido anticipada por Washington y por Londres, que están rodeando Brasil y Argentina mediante un anillo de bases y países-satélites.
Click para agrandar. El anillo atlantista en torno a Brasil parece tener por objetivo frenar su influencia en la Amazonia, en la Cuenca del Plata y en el Atlántico Sur, tendiendo a separarlo de Angola y Sudáfrica y por tanto de su vía de entrada al Índico y los mercados asiáticos.

Brasil puede esperar incrementar su potencial gracias al descubrimiento de petróleo cerca de la costa brasileña a partir de 2007, pero para afirmar su soberanía nacional, Brasil necesita una armada fuerte (ya se encuentra construyendo con ayuda francesa una flota de submarinos, incluyendo uno nuclear) y entrar en el Consejo de Seguridad de la ONU, cosa que a su vez es difícil sin desarrollar antes la bomba atómica.

LA GRAN CUENCA Y OTROS HEARTLANDS NORTEAMERICANOS
El control de los mares significa seguridad. El control de los mares significa paz. El control de los mares puede significar victoria. Estados Unidos debe controlar el mar si pretende proteger nuestra seguridad.
(John F. Kennedy).
Para abrir este apartado, veamos primero el mapa que pone a nuestra disposición Blogger (que depende de Google) para comprobar las estadísticas de este blog.
En el mapa se representa claramente a la frontera de Canadá envolviendo por mar sus numerosas islas. El mensaje es claro: este espacio marítimo es impenetrable, aquí sólo hay “libertad de navegación” para el atlantismo. La advertencia va dirigida sobre todo a Rusia, que es la potencia destinada a dominar el Ártico y que, de infiltrarse a través de la Bahía de Hudson o el río San Lorenzo, podría acabar a un tiro de piedra de la región de los Grandes Lagos.
Aunque Mackinder menciona la existencia de algo parecido a un heartland africano, resulta raro que omitiese la existencia de un claro heartland en el continente norteamericano, que contiene ciudades como Chicago, Detroit, Toronto, Milwaukee, Cleveland, Winnipeg, Edmonton o Calgary. Y es que, a diferencia del Caspio o del Mar Negro —a los que EEUU tiene acceso a través de aliados regionales—, tanto la Bahía de Hudson como los Grandes Lagos norteamericanos están única y exclusivamente bajo el control de una misma superpotencia: el atlantismo anglosajón. Por tanto, ahora mismo, estos espacios marítimos pueden ser considerados lagos cerrados con mucha más razón que el Caspio, el Mar Negro o el Golfo Pérsico, y por ende sus cuencas deberían ser consideradas como dominios vedados. Si a las cuencas fluviales que van a dar a estos cuerpos acuáticos añadimos la cuenca norteamericana del Ártico, en buena parte congelada durante los inviernos, generaríamos un nuevo heartland, más pequeño, menos telúrico y menos poblado que el eurasiático, pero aun así digno de ser llamado heartland. La mayor parte del territorio de este heartland se encuentra en Canadá, pero la mayor parte de su población y ciudades más grandes son de Estados Unidos.
La unión de las cuencas norteamericanas del Ártico, la Bahía de Hudson y los Grandes Lagos genera un vasto heartland en el continente norteamericano.
Sin embargo, existe en Estados Unidos y parte de Méjico otra área pivote acaso más interesante: la llamada Great Basin o Gran Cuenca, un conjunto de cuencas endorreicas contiguas en el oeste del país, entre la Costa Oeste de Estados Unidos y las Montañas Rocosas, y que abarca la mayor parte del estado de Nevada, la mitad oeste de Utah, la franja este de California (incluyendo Death Valley), y pequeñas secciones de Oregón, Idaho, Wyoming y Baja California (Méjico). Se trata de territorios que pertenecieron al Imperio Español hasta que pasaron al dominio de Méjico en 1821 y luego en 1848 al de Estados Unidos. La mayor parte de la superficie de esta peculiar cuenca está ocupada por un desierto, el Great Basin Desert.
La Gran Cuenca tiene una superficie de 475.000 km cuadrados —casi tanto como España— y una población de poco más de 3 millones de almas. En muchos sentidos es un agujero negro geográfico que tiende a separar la cuenca pacífica de la cuenca del Golfo de Méjico y la costa Oeste de Estados Unidos del resto del país, haciéndola especialmente sensible a la influencia de Estasia. Si existe algún tipo de cuña natural que separa la vocación atlántica de EEUU de su vocación pacífica, es sin duda la Gran Cuenca junto con las Montañas Rocosas, que podrían ser agregadas al Heartland norteamericano por su naturaleza inaccesible.
Si a la Gran Cuenca norteamericana le unimos los espacios del Medio Oeste que, aunque pertenecientes a la cuenca del Golfo de Méjico, son de naturaleza más bien inaccesible y continental por su elevación y abundancia de cadenas montañosas, obtendríamos algo parecido a lo que se representa en el mapa. La región nos puede hacer pensar en el extraño aeropuerto de Denver o en el Space Command (Mando Espacial) de la USAF en Colorado Springs. Parece que las instalaciones secretas, turbias o de alta seguridad de EEUU tienden a gravitar hacia este heartland.
Esta zona menor puede parecer pintoresco, desierto, estéril y carente de toda importancia, una mera curiosidad geográfica, pero verlo bajo la lupa hará que desterremos esa idea. En la Gran Cuenca se encuentran ubicadas curiosidades como Salt Lake City (la capital mormona de Utah), Las Vegas (a caballo entre la Gran Cuenca y la Cuenca del Golfo de Méjico), Reno (otra ciudad-casino), las instalaciones de Inteligencia global de la NSA (Agencia Nacional de Seguridad) en Bluffdale [6] y la base de la USAF conocida como Area 51. También ha sido escenario de la mayor parte de detonaciones nucleares llevadas al cabo por Washington, 100 de ellas atmosféricas y 926 subterráneas (incluyendo 24 británicas), así como de pruebas misilísticas de todo tipo y de diversos experimentos militares, especialmente aeronáuticos, de alto secreto.

La sobriedad de la capital mormona Salt Lake City (arriba) contrasta con la depravación de Las Vegas (abajo), pero ambas se encuentran situadas en la Gran Cuenca y ambas son peculiares enclaves estratégicos situados intencionadamente lejos de las principales regiones económicas de Estados Unidos.

Arriba, el Utah Data Center, un faraónico complejo tecnológico de la NSA situado en Bluffdale (Utah), cinco veces más grande que el Capitolio de Washington, diseñado para espiar las telecomunicaciones del mundo entero y monitorizar el tráfico global de Internet. Abajo, Salt Lake Temple, la principal iglesia de los mormones, con un altura comparable a Notre Dame de París. El estado de Utah tiene un 65% de mormones y gracias a ellos goza de un manpower de excelente calidad [7].
Más al sureste hay otra cuenca endorreica aun más pequeña y aislada, la de Turalosa y el acuífero de Hueco Bolsón, a caballo entre Nuevo Méjico, Tejas y Méjico. En este pequeño espacio se encuentra situado Alamo Gordo, la remota localidad donde Estados Unidos detonó su primera bomba atómica allá por 1945.
Click para agrandar. White Sands National Monument, Nuevo Méjico, es un bello desierto de arenas blancas, habitado por los indios apache hasta la conquista española en 1534, tres siglos antes de la llegada de los vaqueros anglos desde el Este. Vale recordar que el nombre de Nevada se debe a los españoles, maravillados por los blancos desiertos de sal de la Gran Cuenca. La peculiar formación geográfica de la imagen pertenece a la cuenca endorreica de Turalosa. Fue en un desierto de arenas blancas como éste que la Fuerza Aérea de los Estados Unidos detonó “Trinity”, su primera arma atómica.
Existen otras importantes cuencas endorreicas norteamericanas, como la cuenca de Guzmán —que forma una mancha a caballo de Méjico, Nuevo Méjico y Arizona— y el Bolsón de Mapimí, al norte de Méjico. Ambos espacios están siendo progresivamente tomados por los cárteles, milicias de narcotraficantes a menudo ex-militares y con fuertes lazos con agencias estatales de EEUU como la DEA, la ATF, el FBI y la CIA.
Cuencas endorreicas del continente norteamericano.
EEUU llega hasta nuestros días como un país casi imposible de invadir, por un lado porque está protegido por dos océanos y por otro lado porque, aunque las élites económicas y políticas de EEUU intentan luchar contra ello [8], las armas de fuego son populares en EEUU.
CASTILLA LA VIEJA ES EL HEARTLAND DE ESPAÑA
Si Castilla muere, España muere. Mientras Castilla esté dormida, dormirá España.
(Onésimo Redondo).
España es ya de por sí una fortaleza natural guardando el paso entre el Atlántico y el Mediterráneo y entre Eurasia y África, una base elevada y dominante, incrustada en una encrucijada de tremenda importancia global. Su gran altitud [9], escasez de ríos navegables, abundancia de cadenas montañosas y una meseta central que ocupa el 40% del país, la convierten en una especie de Persia de Occidente. Nuestro país se encuentra en una buena posición para dominar los mares, pero a la vez es poco vulnerable al poder marítimo enemigo. Incluso si el nivel del mar subiese 50 metros (cosa que sumergiría bajo las aguas a Londres, Ámsterdam, París y Berlín), Madrid seguiría intacta y nuestro país saldría relativamente bien parado ante una hipotética crecida oceánica. La complicada geografía española hace que nuestro país se preste particularmente a la guerra de guerrillas, palabra de origen español que nació para describir la resistencia a la invasión francesa.
En esta península llamada Iberia, Portugal y Gibraltar son las dos anomalías geopolíticas que evitan la constitución de una Federación Ibérica orientada al Atlántico y al Magreb, así como la unificación de las costas ibéricas y de las aguas territoriales en un espacio marítimo continuo desde Cataluña hasta el País Vasco. Sin que sorprenda, ambas anomalías geopolíticas son obra de Inglaterra y de su eterna estrategia balcanizadora.
En España no tenemos grandes cuencas fluviales que desemboquen en lagos interiores o mares congelados, pero si tuviésemos que definir en nuestro país el área más inaccesible al poder marítimo, un heartland ibérico, se trataría sin duda de la parte española de la cuenca del Duero. El Duero fue una cuenca endorreica durante el Neógeno y puede que hasta el Plioceno, y aun ha retenido parte de ese carácter continental. Protegida al norte por los Picos de Europa, al sur por el Sistema Central y al oeste por el Macizo Galaico-Leonés, la cuenca del Duero sólo es vulnerable al poder marítimo en su tramo más bajo, que coincide con la parte portuguesa.
La Cuenca del Duero, excluyendo su parte portuguesa, abarca la mayor parte de la comunidad autónoma de Castilla y León y una franja de la provincia gallega de Orense. Tuvo su propia versión de la Ruta de la Seda: el Camino de Santiago. Como zona central inaccesible, podría prolongarse para incluir Madrid y partes de Castilla la Nueva, Galicia y Extremadura. El papel geopolítico de Portugal podría compararse con el del Sáhara Occidental o Baluchistán: separar un heartland continental de un océano importante.
Por el contrario, tanto el Guadalquivir como el Ebro son las partes de España más vulnerables al poder marítimo, y de hecho estas fueron las vías que escogieron los pueblos neolíticos, los romanos y los moros para entrar en nuestro país. Por tanto, Castilla no es Castilla sólo por estar sembrada de castillos, torres, almenas, murallas y ciudades fortificadas como Ávila. Castilla es Castilla, ante todo, porque ella misma entera es como un inmensa fortaleza geográfica natural, elevada, rodeada de montañas, fácil de defender y llena de recursos de vida (especialmente tierra arable) que la tienden a hacer autosuficiente.
Hoy, Castilla ofrece por lo general un espectáculo triste. Muchos de los inmensos campos de cultivo de la región están desiertos, los pueblos ―muchos de ellos con valioso patrimonio artístico― envejecidos, destartalados, abandonados o en ruinas, los campos sin trabajar, la población fuertemente concentrada en escasos núcleos urbanos dejando el resto de la región desierta, el desarrollo económico gravemente impedido y además dependiente de subsidios exteriores antes que del trabajo interior, etc. Un granero natural dependiente del exterior para sostenerse, Castilla es sin duda una región damnificada por la globalización.
Sin embargo, Castilla conoció tiempos mejores y aun hoy es la clave del renacimiento de España. Durante la Edad Media, el Camino de Santiago ayudaba a vertebrar los pequeño reinos cristianos en su empuje hacia el Sur y en época de la Reconquista, Castilla también poseyó una vanguardia de colonización similar a los cosacos del Imperio Ruso, los vaqueros norteamericanos o los gauchos sudamericanos: los caballeros villanos de las Extremaduras (fronteras entre el Islam y el cristianismo), conocidos en la época como “caballeros pardos”, de organización espontánea, libre y cuasi-anarquista. A partir de finales del Siglo XIII, el boom de la lana y de los cereales convirtió a Castilla en una especie de banana independiente, aunque estrechamente relacionada con el mercado de Flandes, donde era fuerte la presencia de comerciantes castellanos. Por lo general, la lana se acumulaba en Burgos y salía al mar desde Bilbao, que por aquel entonces era como el puerto particular burgalés. La sanguinaria pugna entre Inglaterra y España en torno a Holanda en buena medida puede resumirse como la competición entre la lana inglesa y la castellana por hacerse un hueco en la banana azul y por dominar la fuertemente marítima Ruta de la Lana, por aquel entonces bajo la influencia de marinos vascos y cántabros. En esta época, Medina del Campo (sede de las ferias francas más importantes del país), Medina de Rioseco (lugar de distribución de la plata americana), Villalón y Valladolid eran centros financieros y comerciales de primer orden en la Cristiandad.
Caballeros villanos de las Extremaduras castellanas, época de la Reconquista.
Varios procesos marcaron la pérdida de protagonismo de Castilla la Vieja y la anulación de su potencia geopolítica:
• Siglo XVII. La pérdida de posiciones estratégicas en Flandes arrebató al comercio castellano de lana su tradicional mercado, dándoselo a los ingleses. En este siglo, Holanda y Francia relevarán a España como superpotencias principales, seguidas de cerca por Inglaterra, que tomará el testigo en el Siglo XVIII.
• Desangramiento del mejor manpower castellano en las guerras y en la emigración hacia Iberoamérica. Asimismo, por razones estudiadas por la Eugenesia, lento incremento del peso demográfico ―especialmente en el sur del antiguo Reino de León― de los descendientes de los moriscos deportados tras la Rebelión de las Alpujarras en 1571 y que pudieron librarse, o bien acabaron retornando, de la expulsión decretada en 1609 por Felipe III, así como de poblaciones con sangre mulata procedente del tráfico de esclavos en Sevilla.
• Principios del Siglo XIX. El fin definitivo de los “paños castellanos” y por tanto de la industria más genuinamente castellana tuvo lugar en la época de la Guerra de Independencia. Los altos mandos ingleses, incluyendo el afamado duque de Wellington, ordenaron la destrucción de las incipientes infraestructuras industriales de España. Así, la industria textil de Béjar (Salamanca), que era competidora directa de la inglesa, fue bombardeada con cañones, otras fábricas de Béjar fueron quemadas, todos los telares que encontraron las tropas inglesas en Castilla fueron incendiados, innumerables ovejas merinas (que eran la materia prima del paño castellano) fueron robadas (muchas acabaron en Australia) para beneficiarse de su lana o sacrificadas para alimentar a las tropas tanto francesas como inglesas, asestando un golpe mortal a la economía castellana, y hasta la Real Fábrica de Porcelana del Buen Retiro en Madrid fue devastada por los ingleses… cuando los franceses ya habían evacuado la ciudad. La “ayuda” brindada por Gran Bretaña durante la Guerra de la Independencia fue por tanto de una naturaleza un tanto peculiar y, aunque el pueblo español simplemente luchó contra el francés como haría cualquier pueblo decente al ser invadido, alinearse con Londres fue un grave error. En la marítima Cádiz, que nunca fue tomada por los franceses, la Masonería arraigaría fuertemente y cooptaría totalmente todos los procesos constituyentes de la Nación española: la burguesía del mar y del comercio ―es decir, adicta a Gran Bretaña― se había impuesto al desarrollo de una burguesía de la tierra y la productividad (como la prusiana). La Masonería no tardaría en arraigar en Sudamérica, donde fue totalmente responsable de los procesos de independencia de las colonias de España. La posibilidad de una Castilla-epicentro de una revolución industrial independiente en España quedó destruida para siempre. Desde entonces en adelante, el País Vasco (bajo influencia británica) y Cataluña (bajo influencia francesa) serán la base de la industria española.
• (1798-1924). Las desamortizaciones fueron procesos en los que el Estado expropió las tierras, inmuebles y otras propiedades de las “manos muertas” (instituciones que representaban al Antiguo Régimen, especialmente la Iglesia y las órdenes religiosas) para venderlas a una nueva casta de terratenientes oportunistas. Destaca la desamortización decretada en 1836 por Juan Álvarez Mendizábal, un político liberal de origen judío y miembro de la logia masónica del Taller Sublime (Cádiz), amén de agente de Nathan Rothschild en España [10]. Era la época de la Primera Guerra Carlista, en la que ―como pasaría después en la Guerra de Secesión norteamericana― la nueva economía bancaria, industrial y comercial se enfrentaba a la economía agraria y productiva del Antiguo Régimen. ´Durante las guerras carlistas, la banca Rothschild de Londres, preocupada sobre todo por sus minas de mercurio en Almadén (Ciudad Real) prestó su apoyo a la causa liberal de Isabel II, consiguiendo que Francia mandase a la Legión Extranjera a intervenir en nuestro país y que Inglaterra enviase una fuerza voluntaria financiada directamente por Nathan Rothschild. Las desamortizaciones, en combinación con las guerras carlistas, tuvieron varios efectos: aniquilación del Antiguo Régimen en España, pérdida de enormes cantidades de patrimonio artístico en toda España en general y en Castilla en particular, triunfo del liberalismo, desarraigo de grandes masas campesinas que se amontonarán en las ciudades constituyendo la carne de cañón de la futura industrialización urbana, y el establecimiento, por parte de Gran Bretaña, de toda una red económica y de Inteligencia en la Cornisa Cantábrica española. Bajo el paraguas de esta influencia y el comercio de hierro del País Vasco a Inglaterra, surgió el separatismo vasco y los que son actualmente los bancos más importantes de España: el Banco Santander y el Banco Bilbao-Vizcaya, que brotaron en las dos ciudades españolas mejor conectadas con Inglaterra.
• (1986-). Las políticas de la Unión Europea arrasaron, no con antorchas y cañones, sino de forma blanda mediante procesos burocráticos y fiscales, las infraestructuras productivas (industriales y agrarias) de España. A cambio de desmantelar nuestro tejido productivo (“reconversión industrial”), el Estado español percibió grandes cantidades de capital de los bancos europeos, dinero que nos permitía importar productos del extranjero al no ser ya capaces de producirlos nosotros mismos, y por tanto dinero maldito que nos abocaba a una dependencia exterior similar a la de los países tercermundistas. Este dinero europeo se usó además para dar jubilaciones de oro a los trabajadores de los astilleros, minas, altos hornos, etc., para que no agitasen, para financiar el corrupto tren de vida de la casta política española, haciéndola adicta a Bruselas, y para costear los diversos proyectos de ingeniería social que debían transformar para siempre el paisaje cultural y social de nuestro país tal y como pronosticó el político del PSOE Alfonso Guerra al declarar que “Vamos a dejar España que no la va a conocer ni la madre que la parió”. Los principales beneficiarios de las políticas agrarias de la UE para con España han sido Francia, Marruecos, Turquía e Israel, que se quitaron del medio a una importante competencia.
La estrategia actual que sigue el atlantismo para aislar el heartland ibérico y alejar a España del Atlántico consiste en favorecer el proyecto ferroviario del Corredor Mediterráneo en detrimento del Corredor Central. Con ello, el atlantismo espera que nunca se constituya un eje Madrid-Lisboa, que España no vuelva a convertirse jamás en una potencia atlántica digna de tener en cuenta, que la bisagra Mediterráneo-Atlántico dependa por siempre de Gibraltar y además aumentar la presión catalana sobre el resto del país. La polémica Corredor Central vs. Corredor Mediterráneo es en realidad la necesidad de elegir entre dos fines de ruta: Lisboa o Gibraltar.
Click para agrandar. El Corredor Mediterráneo es un proyecto ferroviario claramente centrado orientado a Marruecos y a Gibraltar, el parásito fiscal de toda la Península Ibérica. Se da claramente protagonismo a la costa mediterránea, donde la influencia extranjera y de mafias del crimen organizado es muy fuerte, y acentuaría aun más la “periferización” de España, aislando a Portugal (lo cual es ridículo teniendo en cuenta la inmejorable posición de los puertos portugueses) y evitando que la Iberia atlántica (todo lo que hay entre Ferrol y Cádiz) se vuelva demasiado fuerte.
Click para agrandar. El Corredor Central, mucho más ramificado, vertebraría a España con Portugal, convertiría Lisboa en un puerto privilegiado para el comercio con las Américas y tendería a repartir los beneficios y los interruptores de la economía española en lugares mucho más inaccesibles para el poder marítimo. Además, el proyecto ningunea claramente a Gibraltar.
La organización de España no puede hacerse desde las costas hacia el interior. La costa cantábrica es feudo británico, la costa gallega de narcotraficantes, la costa andaluza de británicos y marroquíes y la costa levantina y mediterránea es feudo de todo el mundo salvo del pueblo español trabajador. Si España pretende volver a soberanizarse, necesita revertir la periferización del país y organizar una implosión controlada hacia los campos centrales, de enorme potencial productivo. También necesita pivotar desde el Mediterráneo al Atlántico.
España también necesita reconocer el valor del manpower y cultivar sus estirpes, para entendernos, de herencia íbera, celta, romana, germánica y eslava. Está claro que esta medida totalmente lógica ―en una época en la que nuestros impuestos se dilapidan subvencionando agresivamente la reproducción desmesurada de razas tan “valiosas” para el Estado como los gitanos, los magrebíes, los subsaharianos o los andinos― suena a herejía nazi, fascista, racista y xenófoba, pero esto en realidad lo que indica es el nivel de lavado de cerebro que sufre actualmente el Pueblo Español para que acepte pasivamente su propia limpieza étnica blanda. Si España quiere mantenerse alejada del tercermundismo, debe favorecer la reproducción de tipos humanos que no tengan tendencia genética al tercermundismo. Todo lo demás es negación políticamente correcta, y por tanto “idealista”, de tozudos hechos reales, sean políticamente correctos o no.
Castilla tiene un papel clave que jugar si España pretende salvarse, no ya sólo como Estado, Nación y entidad política, sino como comunidad humana. Lo que se hizo durante la Reconquista militarmente —partir de un núcleo social atlanto-cantábrico-pirenaico para colonizar tierras desiertas y organizar las grandes cuencas fluviales del país formando un frente para luchar contra la influencia africana— debe repetirse bajo una forma moderna demográfica, genética, social y cultural, partiendo de la buena sangre “hidalga”, que es aquella a la que el Estado español tiene la obligación de mimar, conservar, proteger, cultivar y multiplicar si es que él mismo tiene pretensiones de sobrevivir. En eso consistiría una repetición arquetípica de la hazaña de la Reconquista en los tiempos modernos: en la des-africanización de España y su constitución como frente ante el Magreb. Por el contrario, la vulgarización, empobrecimiento y oscurecimiento del código genético español no formará un utópico crisol de culturas en Iberia, sino que tendrá como efecto que España, cada vez más corrupta y decadente, se convierta en el espejo de la orilla sur del Magreb y en una fotocopia de las bolsas de pobreza de Iberoamérica.
NOTAS
[1] Kazajistán puede llegar a poseer otra si continúa desarrollando su capital, Astana, a la que pretende convertir en la nueva capital de Asia Central, por delante de Tashkent.
[2] La mezquita de la M-30 en Madrid, inaugurada en 1992 por el rey de España en connivencia con el rey de Arabia Saudí y el rey de Marruecos, es de la rama wahabita-salafista.
[3] Baluchistán tiene un papel similar, haciendo con el Heartland eurasiático de sur a norte lo que el Sáhara Occidental hace con el Sáhara endorreico de oeste a este.
[4] Los menonitas no son una mera curiosidad social, llegaron a tener su importancia histórica. Cuando en 1917 Alemania y Austria-Hungría se adjudicaron enormes extensiones de Europa del Este, en Ucrania las potencias germanas dieron poder a milicias de menonitas de origen alemán, que debían controlar el territorio en el nombre de Berlín y Viena.
[5] El más emblemático es el Acuífero Guaraní, que Brasil comparte con Argentina, Paraguay y Bolivia. También existe un sistema de acuíferos en la Amazonia que consta de los acuíferos de Solimões, Içá y Alter do Chão, que podría ser más importante que el guaraní y que Brasil comparte con Ecuador, Venezuela, Bolivia, Colombia y Perú.
[6] Ver aquí:
[7] La colaboración de los mormones con el Pentágono y la CIA viene de antiguo. Hoy la homogeneidad étnica de la región es tan pronunciada que la etiqueta “euro-americano de Utah” es usada como referencia en los análisis genéticos para definir los estándares propios del norte de Europa. Este curioso vídeo sobre la antigua “mitología mormona” nos puede ayudar a entender por qué:
[8] Ver aquí:
[9] Con 660 m, España es el segundo país con mayor altitud media de Europa después de Suiza, el 25% de la superficie del país se encuentra por encima de 1.000 m y las tierras de altitud menor de 200 m suponen sólo el 11% del total.
[10] Ver aquí:

http://infokrisis.blogia.com/2008/082001-los-rothschild-en-espana-por-henry-coston.php
http://www.um.es/mlmorell/Comunicacion%20simposium%20redes%20LopezMorell%20y%20Okean.pdfblogia.com/2008/082001-los-rothschild-en-espana-por-henry-coston.php

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